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Diario de una pasion rotten tomatoes

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Diario de una pasion rotten tomatoes

Entré a mi depa en la Condesa, el calor de la tarde pegándome en la piel como una caricia indecente. Afuera, el bullicio de los coches y los vendedores de elotes me recordaba que la ciudad nunca duerme, pero yo sí necesitaba un break. Me tiré en el sofá con mi laptop, buscando algo para distraerme. Diario de una pasion, la peli esa romántica que todas mis morras recomendaban. La encontré en streaming, y de pilón, Rotten Tomatoes le daba un buen puntaje, como un 80% fresco. Neta, me picó la curiosidad. ¿Qué tenía de especial esa historia de amores imposibles?

Apagué las luces, prendí una vela de vainilla que olía a postre prohibido, y le di play. Noah y Allie, en esa pantalla, se miraban con unos ojos que gritaban quiero comerte entero. Sus besos bajo la lluvia me pusieron la piel chinita, el corazón latiéndome fuerte como tamborazo zacatecano. Yo, sentada en mi sofá de terciopelo rojo, sentí un calor subiéndome por el estómago, bajando hasta mis muslos.

¿Por qué carajos me excita tanto una pinche película vieja?
me dije, mientras mis dedos rozaban sin querer mi blusa de algodón, sintiendo mis pezones endurecerse contra la tela.

El wey que conocí esa misma semana se llamaba Diego. Lo vi en el gym de Polanco, sudando en la elíptica, su camiseta pegada al torso marcado, oliendo a hombre limpio con un toque de sudor fresco. Nuestras miradas se cruzaron en el espejo, y neta, fue como en la peli: chispas. Me acerqué con una sonrisa pícara, "¿Ya viste Diario de una pasion? Rotten Tomatoes dice que es oro puro", le solté, solo para romper el hielo. Él rio, esa risa grave que vibra en el pecho. "No, pero si me la recomiendas tú, la veo. ¿Quieres que la veamos juntos?"

Acto uno de mi propia historia: la cita. Llegó a mi depa con una botella de mezcal artesanal de Oaxaca, el humo del cigarro que traía en la mano mezclándose con su colonia amaderada. Cenamos tacos de suadero de la taquería de la esquina, riéndonos de pendejadas, sus rodillas rozando las mías bajo la mesa. El aire se cargaba de electricidad, cada mirada un roce invisible.

Quiero que me bese ya, wey, no aguanto más esta tensión
, pensé, mientras lamía el chile de mis labios, imaginando su lengua en mí.

Le di play a la peli en la tele grande. Nos acurrucamos en el sofá, su brazo alrededor de mis hombros, el calor de su piel traspasando mi suéter ligero. La escena de la lluvia llegó, y sentí su aliento en mi cuello, caliente, húmedo. "Esto es intenso, ¿no?" murmuró, su mano bajando despacio por mi brazo, erizándome la piel. Asentí, la boca seca, el pulso acelerado como si corriera un maratón. Sus dedos trazaron círculos en mi antebrazo, subiendo al hombro, y yo giré la cara, nuestros labios chocando en un beso suave al principio, como prueba. Sabía a mezcal y a deseo puro, su lengua explorando la mía con hambre contenida.

El beso se profundizó, sus manos en mi cintura, apretándome contra él. Sentí su verga endureciéndose contra mi muslo, dura, prometedora. "Diego..." gemí bajito, y él respondió mordisqueando mi labio inferior, el sonido de nuestra respiración jadeante ahogando los diálogos de la peli. Pausé el streaming, Rotten Tomatoes olvidado en la esquina de mi mente. Lo empujé suave contra el sofá, montándome a horcajadas, mis caderas moviéndose instintivo sobre su bulto. Su olor, mezcla de sudor fresco y feromonas, me mareaba.

Esto es mejor que cualquier Rotten Tomatoes, neta
, pensé, mientras le quitaba la playera, revelando su pecho moreno, pectorales firmes que lamí con la lengua plana, saboreando la sal de su piel.

Acto dos, la escalada. Sus manos subieron por mis muslos, bajo mi falda corta, rozando el encaje de mis calzones ya empapados. "Estás chingón de mojada, mi reina", gruñó con esa voz ronca mexicana que me deshacía. Metió los dedos adentro, lento, girando, tocando ese punto que me hace arquear la espalda. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes de mi depa, mis uñas clavándose en sus hombros. El calor entre mis piernas era fuego, su tacto experto mandándome ondas de placer que me recorrían hasta los dedos de los pies.

Me quitó la blusa, chupando mis tetas con devoción, la lengua alrededor de los pezones duros como piedras. Yo bajé su pants, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante en mi mano. La apreté, masturbándolo despacio, sintiendo el precum resbaloso en mi palma. "Chúpamela, carnala", pidió, y yo bajé, arrodillándome entre sus piernas. Su sabor salado explotó en mi boca, lo tomé profundo, garganta relajada, escuchando sus gemidos guturales, "¡Así, pinche diosa!". El olor de su excitación, almizclado, me volvía loca, mis jugos chorreando por mis muslos.

Pero quería más. Lo jalé al piso, alfombra persa suave bajo nuestras rodillas. Me puse a cuatro, arqueando la espalda, invitándolo. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, wey, qué rico!" grité, el estirón delicioso, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El slap-slap de piel contra piel, nuestros jadeos mezclados con el zumbido del ventilador, el aroma de sexo impregnando el aire. Sudábamos, cuerpos brillantes, sus manos en mis caderas marcando moretones de placer. Cambiamos, yo encima, cabalgándolo salvaje, mis tetas botando, sus ojos clavados en mí como si fuera su mundo.

La tensión crecía, mis paredes apretándolo, su verga hinchándose más.

Ven conmigo, Diego, hazme explotar como en ese diario de una pasion que vimos
, pensé febril. Aceleró, un dedo en mi ano, rozando, mandándome al borde. "¡Me vengo!" chillé, el orgasmo rompiéndome en olas, contracciones milking su polla. Él rugió, llenándome de chorros calientes, colapsando sobre mí, nuestros cuerpos temblando pegados, piel resbalosa de sudor.

Acto tres, el afterglow. Yacimos en el piso, respiraciones calmándose, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón volver a normal. El mezcal olvidado en la mesa, la vela parpadeando baja, olor a vainilla y semen flotando. Me acarició el cabello, "Eres mi pasión, mejor que cualquier Rotten Tomatoes", susurró, y yo sonreí, besando su frente salada.

Hoy escribo en mi diario: encontré mi propia pasion, una que Rotten Tomatoes nunca criticará. Diego y yo, empezamos algo chingón, puro fuego mexicano.
La ciudad afuera seguía su ritmo, pero adentro, en mi depa, el mundo era nuestro, tibio, satisfecho, listo para más noches así.

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