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Baby Doll Rojo Pasión

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Baby Doll Rojo Pasión

La luz tenue del atardecer se filtra por las cortinas de encaje en tu departamento en Polanco, México. El aroma a jazmín fresco del mercado impregna el aire, mezclado con el leve dulzor de las velas de vainilla que Ana ha encendido en la mesa del comedor. Oyes el tráfico lejano de la avenida, pero aquí adentro todo es calma, anticipación. Llevas el día pensando en ella, en cómo su risa te envuelve como una caricia, en esas curvas que conoces de memoria pero que nunca dejan de sorprenderte.

Abres la puerta y ahí está Ana, recargada en el marco de la recámara, con una sonrisa pícara que te acelera el pulso. Lleva puesto ese baby doll rojo pasión que compraste en la boutique de la Roma la semana pasada. La tela sedosa, casi transparente, se pega a su piel morena como un susurro, el encaje rojo fuego delineando sus pechos firmes y dejando ver el contorno de sus pezones endurecidos por la brisa del ventilador. El dobladillo corto roza la parte alta de sus muslos, revelando la suavidad de su piel recién depilada. Sus ojos cafés brillan con malicia, el cabello negro suelto cayendo en ondas sobre sus hombros.

Chingado, qué chula está, piensas mientras dejas caer tu mochila al suelo. Ella se acerca con pasos lentos, contoneando las caderas, el sonido de sus pies descalzos contra el piso de madera resonando como un tambor en tu pecho.

"¿Qué pasa, guapo? ¿Te gustó mi sorpresa?", murmura con esa voz ronca que te pone la piel de gallina, rozando tus labios con los suyos en un beso fugaz, solo para tentarte.

Sientes el calor de su cuerpo a centímetros del tuyo, el perfume de su loción de coco invadiendo tus sentidos. Tus manos suben instintivamente a su cintura, palpando la tela fina del baby doll rojo pasión, tan suave que parece no existir. Ella se ríe bajito, un sonido que vibra en tu garganta, y te empuja suavemente hacia el sofá.

Esta noche va a ser nuestra, carnal. No hay prisa, solo nosotros.

Te sientas y ella se acomoda a horcajadas sobre ti, sus muslos fuertes apretando los tuyos. El peso de su cuerpo es perfecto, cálido, y sientes cómo su calor se filtra a través de la tela hasta tu entrepierna, despertando esa dureza que ya no puedes ignorar. Sus dedos recorren tu camisa, desabotonándola con deliberada lentitud, mientras sus labios exploran tu cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. El sabor salado de tu sudor se mezcla con el suyo, dulce como miel.

"Te extrañé todo el día, wey", susurra, su aliento caliente contra tu piel. "Pensaba en cómo me vas a hacer tuya con este baby doll rojo pasión puesto".

El deseo crece como una ola, pero Ana sabe jugar. Se levanta de golpe, girando sobre sí misma para que admires cómo la prenda se adhiere a su trasero redondo, el rojo intenso contrastando con la penumbra. Te extiende la mano y te lleva a la recámara, donde la cama king size está cubierta de pétalos de rosa rojos, el mismo tono ardiente del baby doll. El aire huele a su excitación incipiente, ese aroma almizclado que te vuelve loco.

Acto dos comienza con besos más profundos, lenguas entrelazadas en una danza húmeda y urgente. Tus manos suben por sus muslos, rozando el borde de las bragas a juego, empapadas ya. Ella gime suave contra tu boca, un sonido que te eriza los vellos de la nuca. Despacio, te dice con la mirada, mientras te quita la camisa y recorre tu pecho con las uñas, dejando surcos rojos que arden deliciosamente.

Piensas en lo afortunado que eres, en cómo esta mujer te conoce tan bien, sabe exactamente dónde tocar para hacerte jadear. La recuestas en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso, y te arrodillas entre sus piernas. El baby doll rojo pasión se sube solo, revelando su vientre plano, el ombligo perforado con un arete plateado que brilla. Besas su piel, desde el tobillo hasta el interior del muslo, saboreando el salitre de su sudor, inhalando profundo ese olor a mujer enardecida.

"Sí, ahí, mi amor", suspira ella, arqueando la espalda. Tus labios encuentran el encaje húmedo, lamiendo a través de la tela, sintiendo su clítoris hinchado pulsar bajo tu lengua. Ana agarra las sábanas, sus gemidos subiendo de tono, el sonido crudo y real llenando la habitación. "¡Qué rico, pendejo! No pares".

La tensión sube, tu verga latiendo dolorosamente contra tus jeans. Te desabrochas el cinturón con prisa, pero ella te detiene, rodando para ponerte bocarriba. Ahora es su turno. Se sube encima, el baby doll ondeando como una bandera de pasión, y baja la cabeza. Su boca caliente envuelve tu miembro, succionando con maestría, la lengua girando en la punta sensible. Sientes cada vena palpitar, el calor húmedo de su garganta, el leve roce de sus dientes que te hace gruñir.

No aguanto más, pero quiero que dure. Que sienta cada segundo.

Los minutos se estiran en una eternidad de caricias, dedos explorando entradas prohibidas pero consentidas, sus pechos liberados del encaje para que los chupes hasta que los pezones queden hinchados y rojos. Ella cabalga tu mano, frotándose contra tus dedos mientras te besa con fiereza, mordiendo tu labio inferior hasta sacar una gota de sangre que lame con deleite.

El clímax se acerca cuando por fin la penetras, despacio al principio, sintiendo cómo su interior te aprieta como un guante de terciopelo mojado. El baby doll rojo pasión se arruga entre ustedes, testigo de la fricción. Sus uñas se clavan en tu espalda, dejando marcas que mañana dolerán rico, mientras embistes más fuerte, el sonido de piel contra piel retumbando como un tamborazo zacatecano.

"¡Más duro, cabrón! Dame todo", grita ella, las caderas moviéndose en círculos perfectos, su sudor goteando sobre tu pecho. Sientes el orgasmo construyéndose en tu base, el pulso acelerado, el mundo reduciéndose a su calor, su olor, sus jadeos entrecortados.

Explosiona primero ella, el cuerpo convulsionando, un grito gutural que te empuja al borde. "¡Me vengo, amor! ¡Ay, Dios!", y sus paredes internas ordeñándote hasta que tú también te dejas ir, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un rayo.

En el afterglow, act three, se derrumban juntos, jadeantes, el baby doll rojo pasión ahora un trapo arrugado y empapado a un lado. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón latir al unísono con el tuyo, el aroma a sexo y vainilla envolviéndolos. Besas su frente, húmeda de sudor, y ella suspira satisfecha.

"Eres lo mejor que me ha pasado, Marco", murmura, trazando círculos en tu piel con el dedo. "Ese baby doll rojo pasión fue idea tuya, pero la noche... toda nuestra".

Piensas en el futuro, en más noches así, en cómo el deseo nunca se apaga entre ustedes. El tráfico afuera ha cesado, la ciudad duerme, pero aquí, en sus brazos, el fuego sigue ardiendo bajito, prometiendo más pasión. Te duermes con su sabor en la boca, su calor pegado a ti, completo.

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