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Pasión Deportiva TV en Vivo que Enciende la Carne

6510 palabras

Pasión Deportiva TV en Vivo que Enciende la Carne

Estás recostado en el sofá de tu depa en la Roma, con el control remoto en la mano y una chela fría sudando en el buró. La pantalla del tele chispea con Pasión Deportiva TV en vivo, transmitiendo el clásico Pumas contra América. El estadio ruge como un volcán, y el narrador grita goles que te erizan la piel. Al lado tuyo, Karla, tu morra de ojos café y curvas que te vuelven loco, se acomoda con las piernas cruzadas, vestida solo con una playera holgada de los Pumas que apenas le cubre los muslos. Su perfume a vainilla y jazmín se mezcla con el olor a pizza que acaban de pedir, pero ya sientes que el ambiente se calienta más que el partido.

Qué chingona se ve, wey, piensas mientras la miras de reojo. Sus pechos se marcan bajo la tela delgada, y cada vez que grita por un jalón, la playera sube un poco, dejando ver el encaje negro de su calzón. Tú llevas shorts deportivos y una camiseta sin mangas, el sudor ya empezando a perlar tu pecho por el bochorno de la noche mexicana. El volumen del tele está a todo dar:

¡Golazo del América, carajo! ¡Esto está que arde!
exclama el locutor, y Karla suelta un ¡no mames! seguido de una risa que te hace sonreír.

El primer tiempo avanza con tensión. Cada atajadón hace que ella se incline hacia adelante, sus tetas rozando tu brazo accidentalmente. Tú sientes el calor de su piel, suave como seda, y un cosquilleo sube por tu espinazo. Ya me la quiero comer, rumias en tu cabeza, pero te aguantas, dejando que la pasión del fútbol avive la tuya. Ella te pasa la chela, sus dedos rozan los tuyos, y ahí va la primera chispa: un toque eléctrico que dura un segundo de más.

Al medio tiempo, el anunciador promociona más Pasión Deportiva TV en vivo para la segunda mitad. Karla se estira, arqueando la espalda, y su playera se sube lo suficiente para que veas su ombligo piercingado. Estás cañón, mi amor, le dices, y ella te guiña un ojo, mordiéndose el labio inferior. Se acerca, su muslo presionando el tuyo, y susurra:

Neta que este partido me prende, ¿y a ti?
Su aliento huele a menta y cerveza, dulce y tentador. Tú asientes, tu verga ya medio parada bajo los shorts, latiendo con el pulso del estadio en la tele.

La segunda mitad arranca con todo. Un contragolpe, el portero vuela, y Karla salta del sofá, gritando. En el salto, cae sobre ti, sus nalgas firmes aterrizando en tu regazo. Sientes su calor a través de la tela, el peso delicioso que te aplasta justo donde duele de gusto. ¡Ay, wey! dice riendo, pero no se mueve. Al contrario, se recarga contra tu pecho, girando un poco las caderas. Tú la agarras por la cintura, tus manos grandes cubriendo su piel morena y suave, oliendo a loción de coco que te marea de deseo.

El partido se pone intenso: faltas, tarjetas, el público enloquecido. Cada grito de la tele se sincroniza con vuestros jadeos. Tus dedos suben por su espalda, bajo la playera, trazando la curva de su espinazo. Ella gime bajito,

Sigue, no pares
, y se da vuelta a horcajadas sobre ti. Sus labios chocan con los tuyos en un beso salvaje, lenguas enredadas con sabor a chela y pasión. Saboreas su boca húmeda, salada, mientras tus manos amasan sus nalgas redondas, apretándolas hasta que ella araña tu cuello.

Esto es mejor que cualquier gol, piensas, con el corazón retumbando como tambores en el Azteca. La playera vuela al piso, revelando sus chichis perfectos, pezones duros como piedras morenas. Los chupas con hambre, sintiendo su textura aterciopelada en la lengua, el sabor salado de su sudor mezclado con el dulzor de su piel. Ella jadea, ¡Qué rico, cabrón!, tirando de tu pelo mientras el tele narra un tiro libre. El silbato del árbitro suena, y ella aprovecha para bajarte los shorts, liberando tu verga tiesa que salta como resorte.

Su mano la envuelve, masturbándote lento, el roce ardiente y firme que te hace gruñir. Estás enorme, mi rey, murmura, y se lame los labios antes de bajar la cabeza. Su boca caliente te engulle, lengua girando alrededor del glande, succionando con maestría. Sientes el vacío húmedo, el calor que te succiona el alma, mientras en la pantalla un jugador cae en el área. Tú agarras sus greñas, guiándola, el sonido chapoteante mezclándose con los vítores del estadio. Huele a sexo incipiente, a su excitación mojada que impregna el aire.

No aguantas más. La levantas, quitándole el calzón con un tirón juguetón. Su panocha depilada brilla de jugos, hinchada y lista.

Córrete ya, métemela
, suplica con voz ronca, ojos vidriosos de lujuria. La sientas en tu verga de un golpe, sintiendo cómo sus paredes calientes y resbalosas te aprietan como guante. Ella grita de placer, un sonido gutural que ahoga el gol que acaba de caer en el partido. ¡Gooool! brama el locutor, y vosotros empezáis a cabalgar al ritmo: arriba-abajo, sus caderas girando, tetas rebotando contra tu cara.

El sofá cruje bajo el embate, piel contra piel chapoteando, sudor goteando por vuestros cuerpos. Sientes cada vena de tu polla rozando sus pliegues, el clítoris endurecido que frota tu pubis. Ella se arquea, uñas clavándose en tus hombros, ¡Más duro, pendejito! gime, y tú obedeces, embistiéndola con fuerza animal. El olor a sexo domina: almizcle, sudor, su esencia femenina que te enloquece. En la tele, prórroga: tensión máxima, y la vuestra explota en oleadas.

Sus contracciones empiezan, ordeñándote,

¡Me vengo, ay Dios!
chilla Karla, cuerpo temblando, jugos chorreando por tus bolas. Tú la sigues, el orgasmo subiendo como tsunami, corriéndote dentro con chorros calientes que la llenan. El éxtasis os sacude juntos, pulsos latiendo en unisono con el pitazo final del partido. América gana, pero vosotros sois los campeones.

Caéis exhaustos, ella sobre tu pecho, respiraciones entrecortadas. El tele pasa a comerciales de Pasión Deportiva TV en vivo, pero ya no importa. Besas su frente sudada, saboreando la sal, mientras vuestros cuerpos se enfrían pegajosos. La mejor noche de futbol ever, piensas, abrazándola fuerte. Ella levanta la cabeza, sonrisa pícara:

¿Revancha en el próximo clásico?
Ríes bajito, sabiendo que sí, que esta pasión deportiva nunca se apaga.

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