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Ardiendo con el Canal Pasiones Directv

6748 palabras

Ardiendo con el Canal Pasiones Directv

Tú estás tirado en el sillón de tu depa en la Condesa, con el control remoto en la mano y una chela fría sudando en el buró. Es viernes por la noche, la ciudad allá afuera zumba con sus luces y cláxones lejanos, pero aquí adentro solo se oye el zumbido del aire acondicionado y el latido de tu corazón un poco acelerado. No tenías planes, wey, solo querías relajarte después de una semana de puro desmadre en el jale. Enciendes la tele plana que cuelga en la pared, Directv parpadea en la pantalla con su menú infinito de canales. Das vueltas, nada te late: noticias pendejas, futbol aburrido, hasta que tropiezas con el Canal Pasiones Directv.

La imagen te cachetea de golpe. Una morra despampanante, con curvas que parecen esculpidas por los dioses, se retuerce en una cama de sábanas de satén rojo. Su piel brilla bajo luces tenues, como miel derritiéndose al sol. El tipo que la acompaña la besa con hambre, sus manos grandes recorren sus tetas firmes, pellizcando pezones que se endurecen al instante. Tú sientes un cosquilleo en la entrepierna, la verga empieza a despertarse, presionando contra el pantalón de mezclilla. ¿Qué chingados es esto? piensas, pero no cambias de canal. Al contrario, subes el volumen. Los gemidos suaves de ella llenan la habitación, un

"¡Ay, sí, más profundo, cabrón!"
que te eriza la piel. El olor de tu propia excitación empieza a mezclarse con el aroma a pizza recalentada de anoche.

De repente, tu cel vibra en el bolsillo. Es Ana, tu vecina del pasillo, la que siempre te guiña el ojo cuando se cruzan en el elevador. "Oye wey, ¿estás solo? Tengo ganas de chela y plática. ¿Abro?" Sus dedos teclean rápido, como si supiera que la necesitas. Ana es de esas morras que te hacen babear: cabello negro largo hasta la cintura, ojos cafés que te desnudan con una mirada, y un culo que rebota cuando camina con esos jeans ajustados. Le contestas "Pásate, neta", y en menos de dos minutos toca la puerta.

La dejas entrar, y su perfume invade el aire, algo dulce como jazmín mezclado con vainilla, que te pega directo en las bolas. Lleva una blusa escotada que deja ver el valle entre sus chichis, y shorts que apenas cubren sus muslos morenos. Pinche suerte, piensas mientras le pasas una chela. Se sienta a tu lado en el sillón, tan cerca que sientes el calor de su pierna rozando la tuya. La tele sigue con el Canal Pasiones Directv, ahora la pareja en pantalla se come los cuerpos con furia: él lamiéndole el coño con lengua experta, ella arqueando la espalda y clavando las uñas en su espalda. Ana se queda callada un segundo, luego suelta una risa ronca.

"¿Qué vergas es esto? ¡Pero qué caliente, wey!"
Sus mejillas se sonrojan, pero no aparta la vista. Tú sientes tu pulso acelerarse, la verga ya dura como piedra.

La tensión crece como una tormenta. Ana se acomoda, su muslo presiona más contra el tuyo, y de pronto su mano roza tu rodilla, sube despacio por el interior del muslo. ¿Esto está pasando de veras? Su aliento cálido en tu cuello cuando se inclina para susurrar: "Me estás poniendo mojada, cabrón. ¿Quieres que hagamos lo mismo?" No respondes con palabras; la jalas hacia ti, tus labios chocan en un beso salvaje. Sabe a chela y a menta, su lengua danza con la tuya, explorando, mordiendo suave. Tus manos suben por su espalda, desabrochan el brasier con un chasquido. Sus tetas saltan libres, pesadas y perfectas, pezones oscuros pidiendo atención. Los chupas con hambre, succionando fuerte mientras ella gime bajito,

"¡Sí, así, chúpamelas!"
El sonido de su voz te vibra en el pecho.

La recuestas en el sillón, el cuero cruje bajo su peso. Bajas por su vientre plano, besando cada centímetro de piel suave como terciopelo. El olor de su excitación te golpea cuando le quitas los shorts: almizcle dulce, invitador. Su panocha depilada brilla húmeda, labios hinchados rogando por tu toque. Metes la lengua, saboreándola, salada y dulce a la vez. Ana agarra tu cabeza, enreda los dedos en tu pelo, gimiendo más fuerte. "¡No pares, pendejo, lame mi clítoris!" Su cuerpo tiembla, caderas empujando contra tu boca. Tú sientes tu verga palpitar, goteando pre-semen en los boxers.

Pero ella no se queda atrás. Te empuja, te quita la playera y el pantalón con urgencia. Su mano envuelve tu verga dura, la aprieta con maestría, masturbándote lento mientras te mira a los ojos. Pinche morra sabe lo que hace. Baja la cabeza, su boca caliente te engulle, lengua girando alrededor del glande. El placer es eléctrico, chispas subiendo por tu columna. Gimes, "¡Qué mamada tan chida, Ana!" La saliva chorrea, sonidos obscenos llenan el aire junto a la porno del fondo, ahora olvidada.

La tensión llega al límite. La pones a cuatro patas en el sillón, su culo redondo alzado como ofrenda. Le das nalgadas suaves, la piel se enrojece, ella ruega:

"¡Métemela ya, no aguanto!"
Empujas despacio, su coño aprieta como guante caliente y mojado. Entras centímetro a centímetro, sintiendo cada pliegue, el calor envolviéndote. Empiezas a bombear, lento al principio, luego más rápido, piel contra piel chapoteando. Sus gemidos se vuelven gritos, "¡Más duro, cabrón, rómpeme!" Tú agarras sus caderas, sudando, el olor a sexo impregnando todo. Sientes sus paredes contraerse, ordeñándote.

La volteas, la pones encima. Sus tetas rebotan con cada vaivén, sudor perlando su piel. Te besa con furia, mordiendo tu labio inferior. Tus manos aprietan su culo, guiándola. El clímax se acerca como avalancha. No aguanto más. Ella acelera, gimiendo en tu oído: "¡Me vengo, wey, córrete conmigo!" Su coño se aprieta en espasmos, ordeñándote. Tú explotas dentro, chorros calientes llenándola, placer cegador que te hace ver estrellas. Gritas juntos, cuerpos temblando en éxtasis.

Caen exhaustos, enredados en el sillón. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón galopando al unísono con el tuyo. El Canal Pasiones Directv sigue de fondo, pero ya no importa. El aire huele a sudor, semen y su perfume mezclado. Ana levanta la cara, sonríe pícara.

"Neta, ese canal nos prendió la mecha, ¿eh?"
Tú ríes, besas su frente. Pinche noche épica. Se quedan así, platicando pendejadas, cuerpos aún sensibles rozándose. Mañana quién sabe, pero esta pasión desatada deja un fuego que no se apaga fácil. La abrazas más fuerte, sabiendo que el deseo solo duerme, no muere.

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