Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Imágenes de Sexo y Pasión Desbordantes Imágenes de Sexo y Pasión Desbordantes

Imágenes de Sexo y Pasión Desbordantes

7184 palabras

Imágenes de Sexo y Pasión Desbordantes

Tú caminas por las calles empedradas de San Miguel de Allende, el sol de la tarde tiñendo todo de un naranja cálido que se refleja en las fachadas coloniales. El aire huele a jazmín y a tortillas recién hechas de alguna taquería cercana, y sientes esa cosquilla en el estómago que no sabes si es hambre o anticipación. Llevas un vestido ligero de algodón que roza tus muslos con cada paso, y de pronto, en la galería de arte abierta a la calle, lo ves a él: Alejandro, alto, con esa barba recortada y ojos que parecen prometer secretos. Está frente a una pared llena de fotografías en blanco y negro, cuerpos entrelazados en poses que gritan deseo puro.

Orale, qué chingonas están estas imágenes de sexo y pasión —dices sin pensarlo, acercándote. Tu voz sale ronca, como si el calor del día ya te hubiera secado la garganta.

Él se gira, sonriendo con esa confianza de quien sabe que el mundo gira a su alrededor.

—Neta, ¿verdad? Yo las tomé. Cada una captura ese momento en que el cuerpo dice todo sin palabras.
Su acento guanajuatense es suave, como miel caliente, y huele a colonia fresca mezclada con algo más terroso, masculino.

Te llama Valeria, y en minutos están platicando como si se conocieran de toda la vida. Hablan de cómo esas fotos no son solo porno, sino arte vivo, emociones crudas. Sientes su mirada recorriéndote, deteniéndose en el escote donde tu piel brilla de sudor ligero. ¿Y si...? piensas, mientras tu pulso se acelera. Él te invita a su estudio, no lejos de ahí, "para ver más, las inéditas". Dices que sí, porque ¿por qué no? Eres adulta, libre, y esa tensión entre ustedes ya vibra como una cuerda de guitarra a punto de romperse.

El estudio es un loft luminoso con ventanales que dan a los cerros, techos altos y un colchón king size cubierto de sábanas blancas revueltas. El olor a café molido y a óleo fresco impregna el aire. Alejandro enciende su laptop en una mesa de madera rústica, y pronto la pantalla se llena de más imágenes de sexo y pasión: parejas mexicanas, piel morena contra piel clara, labios entreabiertos en éxtasis, manos que agarran caderas con urgencia. No son vulgares; son poesía en carne y hueso.

—Míralas bien —susurra, parándose detrás de ti. Su aliento caliente roza tu cuello, y sientes su pecho contra tu espalda. El corazón te late en los oídos, un tum-tum que ahoga el zumbido del ventilador. Extendiste la mano para tocar la pantalla, pero en cambio rozas su brazo, músculo firme bajo la camisa arremangada.

No seas pendeja, Valeria, esto es lo que quieres, te dices. Te giras despacio, y vuestros labios se encuentran en un beso que empieza suave, exploratorio, como saboreando un tequila añejo. Su boca sabe a menta y a algo dulce, quizás chicle de tamarindo. Tus lenguas bailan, y gimes bajito cuando sus manos bajan a tu cintura, apretando lo justo para que sientas su fuerza contenida.

La tensión crece como una tormenta de verano. Él te levanta sin esfuerzo, sentándote en la mesa, y el vestido se sube por tus muslos.

—Eres preciosa, mamacita, como salida de una de mis fotos
, murmura contra tu piel mientras besa tu clavícula. Sientes la humedad entre tus piernas, ese calor líquido que te hace apretar los muslos. Tus dedos se enredan en su pelo oscuro, tirando suave para guiarlo más abajo.

Le quitas la camisa, revelando un torso tatuado con un águila y serpientes estilizadas, piel salada al tacto. Él desliza el vestido por tus hombros, y el aire fresco besa tus pechos desnudos, pezones endureciéndose al instante. Qué delicia, piensas, cuando su boca los encuentra: chupa uno, suave al principio, luego con dientes que muerden lo suficiente para que arquees la espalda. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes, y el olor de tu propia excitación se mezcla con el suyo, almizclado y embriagador.

Pero no apresuran. Alejandro te baja de la mesa, te lleva al colchón, y se arrodilla entre tus piernas abiertas. —Déjame verte toda, dice, quitándote las bragas con dientes. El roce de su barba en tus muslos internos te hace temblar, y cuando su lengua toca tu clítoris, explotas en un jadeo. Lamidas lentas, círculos perfectos, chupando tu néctar como si fuera el mejor pulque. Tus caderas se mueven solas, frotándose contra su cara, y agarras las sábanas hasta que crujen.

¡Chingado, qué rico! No pares, carnal.

Él se ríe bajito, voz vibrando contra tu piel más sensible. Esto es pasión de verdad, piensas, mientras el orgasmo se acerca como una ola. Viene en espasmos, tu cuerpo convulsionando, gritando su nombre mientras él lame sin piedad, bebiendo cada gota. Te dejas caer, jadeante, pero él no ha terminado. Se pone de pie, quitándose los pantalones, y ahí está su verga, dura, gruesa, venosa, apuntando a ti como una promesa.

Te incorporas, queriendo devolverle el favor. La tomas en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la saboreas desde la base hasta la punta, salada y caliente. Él gruñe, "¡Órale, qué boca tan chula!", manos en tu cabeza guiando sin forzar. La chupas profundo, garganta relajada, sintiendo cómo palpita. Su pre-semen sabe a sal marina, y lo miras a los ojos: puro fuego.

La intensidad sube. Te tumba boca arriba, piernas en sus hombros, y entra despacio, centímetro a centímetro. ¡Ay, cabrón! Llena todo, estirándote deliciosamente. Empieza a moverse, embestidas lentas que tocan ese punto dentro de ti, haciendo que veas estrellas. El colchón cruje rítmicamente, piel contra piel en plaf-plaf-plaf, sudor goteando de su frente a tu pecho. Hueles su axila, ese aroma primitivo que te enloquece más.

Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como una reina. Tus tetas rebotan, él las agarra, pellizcando pezones. Me siento poderosa, piensas, controlando el ritmo, rápido, lento, girando caderas para frotar tu clítoris contra su pubis. Él gime como animal,

¡Te voy a llenar, Valeria! ¡Qué panocha tan rica!
El clímax los golpea juntos: tú primero, contrayéndote alrededor de él en olas interminables, gritando hasta quedarte ronca; él después, corriéndose profundo con un rugido, calor inundándote.

Caen exhaustos, enredados, el aire pesado con olor a sexo crudo y sábanas húmedas. Su corazón late contra tu oreja, rápido al principio, luego calmándose. Besos perezosos en la frente, caricias en la espalda. Esto fue más que fotos, reflexionas, mientras el sol se pone tiñendo la habitación de púrpura. Alejandro te abraza fuerte.

—Vente cuando quieras, hay más imágenes de sexo y pasión por capturar... contigo.

Te vas al amanecer, piernas flojas, sonrisa tonta, sabiendo que volverás. Esa noche grabó en tu piel una galería eterna de sensaciones: el tacto de sus manos, el sabor de su beso, el eco de sus gemidos. Pasión mexicana, pura y desbordante.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.