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Suspiros Revelando Como Se Llama La Actriz del Diario de una Pasion

6552 palabras

Suspiros Revelando Como Se Llama La Actriz del Diario de una Pasion

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel brille bajo las luces neón de los bares. Yo, Alex, acababa de entrar al rooftop del más chido, con vista a la Ciudad de México titilando como un sueño febril. El aire olía a tequila reposado y jazmín de los cócteles, mezclado con el perfume dulce de las morras que bailaban salsa al ritmo de unos mariachis electrónicos. Estaba solo, con una cerveza fría en la mano, cuando la vi. Neta, se parecía tanto a ella, la de esa peli romántica que me tenía obsesionado desde chavo.

¿Será posible? Esa chava con el cabello rubio ondulado cayéndole por los hombros, los ojos verdes que brillan como esmeraldas bajo la luna, y esa sonrisa que promete pecados inolvidables. Órale, carnal, no seas pendejo, me dije, pero mis pies ya se movían solos hacia ella.

Me acerqué al bar donde estaba sentada, con las piernas cruzadas mostrando unas curvas que hacían que mi pulso se acelerara. Llevaba un vestido rojo ceñido que se pegaba a su piel como una segunda capa, dejando poco a la imaginación. Pidió un margarita, y yo, sin pensarlo dos veces, le invité la siguiente.

—Gracias, guapo —dijo con una voz ronca, como miel caliente derramándose—. ¿Qué te trae por aquí?

—La suerte, creo. Neta, te pareces a alguien de una peli que vi mil veces. ¿como se llama la actriz del diario de una pasion? Esa que enamora a todos.

Ella soltó una carcajada que vibró en mi pecho, inclinándose hacia mí hasta que sentí el calor de su aliento con aroma a lima y sal en mi oreja.

—Rachel McAdams, wey. Pero tú puedes llamarme Raquel. ¿Y sabes qué? Esa peli siempre me pone... calentita.

Su pie rozó el mío bajo la barra, un toque casual que mandó chispas por mi espina. Hablamos de todo: de cómo el amor en pantalla se siente más real que la vida, de telenovelas mexicanas con besos eternos, de cómo el cuerpo pide lo que la mente niega. Cada palabra suya era un roce invisible, y yo sentía mi camiseta pegándose al sudor de mi espalda. El DJ subió el volumen, y ella me jaló a la pista.


Acto dos, el fuego empezaba a arder de verdad. Bailamos pegados, su cadera ondulando contra la mía al ritmo de una cumbia sensual. Sentía el sudor de su cuello rozando mi barbilla, olía su perfume de vainilla y deseo puro, ese aroma que hace que el hombre pierda la cabeza. Mis manos bajaron por su cintura, apretando esa carne firme y suave, y ella gimió bajito contra mi oído.

¡Pinche Raquel, qué delicia! Su piel es como terciopelo caliente, y cada movimiento suyo me pone más duro que piedra. No la sueltes, pendejo, pienso, mientras mi corazón late como tambor de banda.

—Ven conmigo —susurró, sus labios rozando los míos en una promesa—. Mi hotel está cerca.

No hubo dudas. Salimos tomados de la mano, el viento nocturno enfriando nuestras pieles ardientes. En el elevador del hotel, ya no aguantamos. La empujé contra la pared, besándola con hambre. Sus labios sabían a tequila y fresas maduras, su lengua danzando con la mía en un duelo húmedo y salvaje. Gemí cuando sus uñas se clavaron en mi nuca, tirando de mi cabello. El ding del elevador nos separó, pero solo por un segundo.

En su habitación, luces tenues de la ciudad filtrándose por las cortinas, nos desnudamos con urgencia. Su vestido cayó como una cascada roja, revelando senos perfectos, rosados pezones endurecidos por el aire. Yo me quité la camisa, y ella lamió mi pecho, bajando hasta mi abdomen, donde mi erección palpitaba contra los pantalones.

—Quítamelos, Alex —ordenó con voz juguetona, empoderada, tomando el control que ambos queríamos.

Mis dedos temblaron al desabrochar su brasier, liberando esas tetas que rebotaron libres. Las besé, chupé, mordí suave hasta que arqueó la espalda gimiendo "¡Ay, cabrón, sí!". Olía a su excitación, ese musk dulce entre sus muslos. La tumbé en la cama king size, besando su vientre plano, bajando hasta su tanga empapada. La arranqué con los dientes, y ahí estaba: su coño rosado, hinchado, brillando de jugos.

La lamí despacio, saboreando su sal marina y dulzor, mi lengua explorando pliegues, clítoris endurecido que succioné hasta que gritó mi nombre. Sus caderas se movían solas, follándome la boca, mientras sus manos apretaban las sábanas de algodón egipcio.

—Te quiero dentro, ya —jadeó, jalándome arriba.

Me posicioné, mi verga dura como acero rozando su entrada húmeda. Entré lento, centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes me apretaban como guante caliente. Neta, qué chingón, pensé, mientras ella clavaba uñas en mi culo empujándome más profundo.


El ritmo creció, salvaje. La cama crujía bajo nosotros, sudor goteando de mi frente a su escote. Sus gemidos llenaban la habitación, mezclados con mis gruñidos roncos. La volteé a cuatro patas, admirando su culo redondo, perfecto para azotarlo suave —¡paf!— y ella respondió arqueándose más.

Esto es puro fuego mexicano, carnal. Su piel brilla de sudor, huele a sexo puro, y cada embestida me lleva al borde. Raquel, mi Rachel prohibida, eres mía esta noche.

Cambié posiciones, ella encima ahora, cabalgándome como diosa. Sus tetas rebotaban hipnóticas, yo las amasaba mientras ella giraba caderas, follándome profundo. Sentía su clítoris rozando mi pubis, sus jugos empapando mis bolas. El orgasmo la golpeó primero: gritó "¡Me vengo, pendejo, no pares!", su coño contrayéndose en espasmos que me ordeñaban.

No aguanté. La volteé de nuevo, embistiendo fuerte, profundo, hasta que exploté dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras rugía su nombre. Colapsamos, jadeantes, pieles pegadas en un charco de sudor y placer.

El afterglow fue dulce. Yacimos enredados, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El aire olía a sexo satisfecho, sábanas revueltas testigos de nuestra pasión. Besé su frente, ella sonrió pícara.

—¿Sabes? Ahora entiendes por qué esa peli es un clásico. Pero esto... esto fue mejor.

Reímos bajito, sabiendo que era una noche única, pero cargada de recuerdos que durarían. Afuera, la ciudad dormía, pero en nosotros ardía el eco de como se llama la actriz del diario de una pasion, un secreto compartido en suspiros.

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