Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Abismo de Pasiones Capítulo 1 Abismo de Pasiones Capítulo 1

Abismo de Pasiones Capítulo 1

5807 palabras

Abismo de Pasiones Capítulo 1

La noche en Polanco estaba viva, con ese bullicio de luces neón y risas que se escapaban de los bares elegantes. Yo, Ana, acababa de salir de un día eterno en la oficina, con el estrés acumulado como un nudo en el pecho. Neta, necesitaba algo que me sacara de esa rutina de pendeja estresada. Entré al La Noche, un antro chido con música salsa que retumbaba en las paredes, y pedí un margarita bien cargado. El limón fresco me picó la lengua, y el tequila bajó ardiente por mi garganta, despertando algo salvaje dentro de mí.

Ahí lo vi. Alto, moreno, con ojos que brillaban como estrellas en el desierto de Sonora. Se llamaba Diego, me dijo después, con una sonrisa que prometía pecados deliciosos. Estaba apoyado en la barra, con una camisa ajustada que marcaba sus pectorales firmes.

¿Y si me acerco? ¿Y si dejo que esta noche sea el principio de algo que no puedo controlar?
pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Él me miró, y sentí un cosquilleo en la piel, como si su mirada me acariciara desde lejos. Órale, qué prende.

Nos acercamos como imanes. "Qué onda, preciosa", me soltó con esa voz grave que vibraba en mi vientre. Hablamos de tonterías: el tráfico infernal de la Ciudad de México, lo chingón que estaba el DJ, pero entre líneas había fuego. Sus manos rozaron las mías al pasarme el vaso, y el calor de su piel me erizó los vellos de los brazos. Olía a colonia fresca con un toque de tabaco, ese aroma que te hace cerrar los ojos y imaginarlo desnudo. Bailamos salsa, pegados, sus caderas moviéndose contra las mías en un ritmo que ya era puro preludio. Sentí su dureza presionando mi muslo, y un jadeo se me escapó. Simón, esto iba en serio.

El deseo crecía como una ola en la playa de Acapulco. Salimos del antro, el aire nocturno fresco me besó la cara húmeda de sudor. Caminamos hasta su departamento en una torre reluciente, con vistas al skyline. En el elevador, no aguanté más: lo besé. Sus labios eran suaves pero firmes, sabían a tequila y menta. Sus manos grandes me apretaron la cintura, bajando hasta mis nalgas, amasándolas con urgencia.

Esto es un abismo de pasiones, capítulo 1 de algo que me va a consumir
, me dije, mientras mi cuerpo ardía.

Entramos a su penthouse, luces tenues, el sonido de la ciudad lejano como un murmullo. Me quitó el vestido negro con dedos temblorosos de anticipación, exponiendo mi piel bronceada al aire acondicionado que me endureció los pezones. "Estás cañón, Ana", gruñó, y yo reí bajito, sintiendo el poder de su admiración. Lo empujé al sofá de cuero suave, que crujió bajo nuestro peso. Le desabroché la camisa, lamiendo su pecho salado, inhalando su olor masculino que me mareaba. Sus abdominales se contrajeron bajo mi lengua, y un gemido ronco salió de su garganta.

Me arrodillé entre sus piernas, el piso alfombrado suave contra mis rodillas. Bajé su zipper, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo las venas calientes bajo mis dedos. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado que brotaba. "¡Qué rico, wey!", exclamé, y él enredó sus dedos en mi cabello largo, guiándome sin forzar. Chupé con hambre, succionando, girando la lengua alrededor del glande hinchado. Sus caderas se movían, follándome la boca con ritmo gentil, sus jadeos llenando la habitación como música erótica.

Pero quería más. Me levanté, quitándome las panties de encaje negro, que cayeron al suelo con un susurro. Me senté a horcajadas sobre él, frotando mi coño mojado contra su polla. Estaba empapada, mis jugos lubricando todo. "Te quiero dentro, Diego", le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. Él asintió, ojos negros de lujuria. Me penetró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Ay, cabrón, qué fullness tan perfecto. Gemí alto, mis uñas clavándose en sus hombros mientras cabalgaba, mis tetas rebotando con cada embestida.

El ritmo aumentó. Sus manos en mis caderas me guiaban, pero yo mandaba, girando las pelvis en círculos que nos volvían locos. El sonido de piel contra piel era obsceno, chapoteante, mezclado con nuestros ¡ay síes! y ¡más duro!. Sudábamos, el olor a sexo impregnaba el aire, almizclado y dulce. Sentí su verga golpeando mi punto G, oleadas de placer subiendo por mi espina.

Esto es el abismo, puro fuego que me quema viva
, pensé, mientras mi orgasmo se acercaba como un tren.

Cambié de posición: él me puso de perrito en el sofá, mi culo en pompa, invitador. Entró de nuevo, profundo, sus bolas golpeando mi clítoris hinchado. Me jaló el cabello con cuidado, arqueándome la espalda. "¡Estás tan apretada, tan caliente!", rugió. Yo empujaba hacia atrás, follándolo con furia. El placer era cegador: el roce de su pubis en mi piel sensible, el sudor goteando entre mis omóplatos, su aliento caliente en mi nuca. Alcancé mi clímax primero, un grito gutural saliendo de mí mientras mi coño se contraía en espasmos, ordeñándolo. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes que sentí chorrear por mis muslos.

Colapsamos, jadeantes, enredados en el sofá. Su pecho subía y bajaba contra mi mejilla, corazón latiendo como tambor. El afterglow era puro éxtasis: piel pegajosa, besos suaves, risas cansadas. "Neta, eso fue épico", murmuró, acariciando mi espalda. Yo sonreí, saboreando el beso perezoso que me dio.

Abismo de pasiones, capítulo 1... ¿qué vendrá después?
me pregunté, mientras el sueño nos envolvía en esa burbuja de satisfacción. La noche de México seguía rugiendo afuera, pero adentro, habíamos encontrado nuestro propio paraíso.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.