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Actores de Diario de una Pasión en Fuego Carnal

7327 palabras

Actores de Diario de una Pasión en Fuego Carnal

El sol del atardecer en la playa de Puerto Vallarta teñía el cielo de naranjas y rosas, mientras el equipo de filmación recogía los últimos cables. Valeria, con el corazón latiéndole a mil, se quitó el vestido vaporoso que llevaba puesto para la escena final de Diario de una Pasión, la película mexicana que prometía ser un hit. Sudorosa, con la piel brillante por el salitre y el esfuerzo, miró a Diego, su coprotagonista, el wey que interpretaba a Noah en esta versión tropical. Alto, moreno, con esos ojos verdes que hipnotizaban en cada toma. Neta, desde el primer ensayo, la química entre ellos había sido chingona, pero hoy, después de ese beso interminable bajo la lluvia artificial, el aire se sentía cargado de algo más que ficción.

¿Por qué carajos me tiemblan las piernas? pensó Valeria, mientras se pasaba la lengua por los labios aún hinchados. El sabor salado del mar y el dulce de su gloss se mezclaban con el recuerdo de su boca. Diego se acercó, con la camisa entreabierta dejando ver el pecho musculoso que tanto había explorado con las manos en la escena. Olía a hombre, a sudor fresco y loción de coco, ese aroma que la ponía loca.

Es solo acting, Val, no seas pendeja
, se dijo, pero su cuerpo la traicionaba. Los pezones se le endurecían bajo el bikini que usaba debajo, y entre las piernas sentía ese calor húmedo que no era del sol.

—Órale, Valeria, qué escena tan cabrona —dijo Diego con esa voz ronca que imitaba perfecto al actor original, pero con acento norteño que lo hacía más mexicano, más suyo—. Los productores van a flipar. ¿Verdad que los actores de Diario de una Pasión como nosotros merecemos una chela para celebrar?

Ella rio, nerviosa, el sonido del oleaje rompiendo en la arena como fondo perfecto. Caminaron hacia la cabaña del set, una palapa de lujo con hamacas y velas aromáticas. El viento traía olor a jazmín y mariscos asados de algún puesto cercano. Dentro, solos al fin porque el equipo ya se había largado a la ciudad, Diego abrió unas cervezas frías del refri portátil.

—Neta, Diego, desde que vi la peli gringa me imaginé en esa historia. Y ahora, siendo uno de los actores de Diario de una Pasión, contigo... es como si la pasáramos de verdad.

Él se acercó más, su mano rozando la suya al pasarle la chela. El contacto fue eléctrico, piel contra piel tibia, y ella sintió el pulso acelerado en su muñeca. Se sentaron en la cama king size con vista al mar, las olas susurrando promesas. Hablaron de todo: de cómo él había entrenado para las escenas de remo, ella de bailar bajo la lluvia sin resfriarse. Pero la plática derivó rápido a lo obvio, a esa tensión que bullía desde el día uno.

—¿Sabes qué? —murmuró Diego, su aliento cálido en su oreja—. En la escena de hoy, cuando te besé, no estaba actuando del todo.

Valeria giró el rostro, sus labios a centímetros. Su boca sabe a cerveza y deseo, pensó cuando él la capturó en un beso real, no de cámara. Lenguas danzando lentas al principio, explorando sabores: sal, menta de su chicle, y ese gusto único a él. Sus manos subieron por su espalda desnuda, desatando el bikini con maestría. Ella jadeó contra su boca, el sonido ahogado por el rugido del mar afuera.

Acto dos, la escalada. Valeria lo empujó suave contra las almohadas, montándose a horcajadas. La fricción de sus sexos a través de la tela la hizo gemir. Qué wey tan mamón, con esa verga dura presionándome ya. Él gruñó, manos en sus chichis, pellizcando pezones rosados que se erguían como botones de placer. El tacto áspero de sus palmas callosas por el gym contrastaba con la suavidad de su piel, enviando chispas directo a su clítoris palpitante.

—Quítate eso, cabrón —exigió ella, voz ronca, tirando de su short. La verga saltó libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillante de precum. Olía a macho excitado, almizcle puro que la mareaba. Valeria se lamió los labios, bajando la cabeza. El sabor salado explotó en su lengua cuando lo engulló, chupando despacio, saboreando cada vena mientras él gemía "¡Qué rico, Val, no pares!" Su pelo entre los dedos de él, guiándola, el ritmo acelerando con los jadeos sincronizados al vaivén de las olas.

Pero Diego no era de los que se quedaban atrás. La volteó con facilidad, besando su cuello, mordisqueando la clavícula hasta llegar a su panocha depilada, húmeda y hinchada.

¡Madre santa, su lengua ahí!
El primer lametón fue fuego líquido, saboreando sus jugos dulces y salados. Ella arqueó la espalda, uñas clavándose en las sábanas de algodón egipcio, oliendo a limpio y sexo incipiente. Él lamió su clítoris en círculos, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo en el punto G, haciendo que ella gritara "¡Sí, wey, así, chíngame con la boca!" El sonido chapoteante de su coño empapado, mezclado con sus slurps hambrientos, llenaba la cabaña.

La tensión crecía, cuerpos sudados resbalando uno sobre el otro. Valeria lo montó de nuevo, esta vez piel con piel. La punta de su verga rozando su entrada, lubricada al máximo. Bajó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo la estiraba, la llenaba hasta el fondo. ¡Qué chingón se siente, como si estuviéramos hechos para esto! Empezaron un ritmo lento, caderas chocando con palmadas húmedas, pechos rebotando contra su torso. Él mamaba sus tetas, mordiendo suave, mientras ella clavaba uñas en su pecho, dejando marcas rojas.

Aceleraron, el colchón crujiendo bajo ellos, el mar rugiendo más fuerte como si aplaudiera. Diego la volteó a cuatro patas, embistiéndola desde atrás, una mano en su cadera, la otra en el clítoris frotando furioso. Ella empujaba hacia él, panocha apretándolo como guante caliente. Ya vengo, carajo, no aguanto. Los gemidos se volvieron gritos: "¡Más duro, Diego! ¡Dame todo!" El olor a sexo impregnaba el aire, sudor goteando, pieles chocando en sinfonía erótica.

El clímax los golpeó como tormenta. Valeria explotó primero, coño convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando por sus muslos, un alarido gutural escapando de su garganta. Diego la siguió segundos después, gruñendo como animal, llenándola de semen caliente que se sentía pulsar dentro. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de placer.

Acto final, el afterglow. La luna ahora iluminaba la playa, el aire fresco besando sus pieles enrojecidas. Diego la abrazó por detrás, su verga aún semi-dura contra su culo, besando su hombro. Ella sonrió, girando para mirarlo, dedos trazando su mandíbula.

—Neta, Diego, ser actores de Diario de una Pasión no es tan malo si termina así.

Él rio bajito, el sonido vibrando en su pecho.

Esto no es el fin de la historia, es solo el principio
, pensó ella, mientras se besaban lento, saboreando el regusto a orgasmo compartido. Afuera, las olas mecían la noche, prometiendo más pasiones en los días de rodaje por venir. En sus brazos, Valeria se sentía completa, empoderada, dueña de su deseo como nunca antes.

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