Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras El Diario de una Pasión Pelisplus El Diario de una Pasión Pelisplus

El Diario de una Pasión Pelisplus

7568 palabras

El Diario de una Pasión Pelisplus

Querido diario, hoy todo cambió con el diario de una pasión pelisplus. Estaba sola en mi depa en la Condesa, con el calor de la tarde pegándome en la piel como un amante impaciente. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire caliente que olía a tortillas frescas de la taquería de abajo y a mi propio sudor mezclado con perfume de vainilla. Agarré mi laptop, neta que ya estaba harta de las series de siempre, y entré a Pelisplus. Ahí estaba, brillando en la pantalla: El Diario de una Pasión, esa película que todos dicen que es romántica pero que siempre me deja con el corazón latiendo como tambor y un calorcito entre las piernas que no se quita fácil.

Le di play, y desde el primer segundo, el vato ese, alto, moreno, con ojos que te desnudan, me atrapó. Me recosté en la cama, las sábanas suaves rozando mis muslos desnudos bajo el shortcito de algodón. La pantalla llenó la habitación con sonidos de lluvia torrencial, besos húmedos que sonaban como promesas rotas. Olía a palomitas que me había echado en un bowl, pero pronto ese aroma se mezcló con el mío propio, ese olor almizclado de excitación que sube cuando te tocas sin querer. Mi mano se deslizó sola por mi panza, bajando despacito, sintiendo el pulso acelerado en la muñeca.

¿Por qué carajos me pongo así con una pinche película? Neta, soy una pendeja romántica, pero este vato en la pantalla me hace querer más. Quiero que me bese así, con hambre, con lluvia en la cara.

Apagué la tele cuando terminó, pero el fuego ya estaba encendido. Salí a caminar por las calles empedradas, el sol del atardecer tiñendo todo de naranja, como si la ciudad misma estuviera en celo. En el parque, lo vi: Diego, mi carnal de la uni, pero ya no era el flaco desgarbado. Ahora era puro músculo, camisa ajustada marcando pecho ancho, jeans que abrazaban sus caderas. Nos topamos de casualidad, o eso creí. "¡Órale, morra! ¿Qué onda?" me dijo con esa sonrisa chueca que me deshace. Hablamos de la vida, de lo chido que estaba el clima, pero mis ojos bajaban a su boca, imaginando cómo sabría, salado como el mar.

Volvimos a mi depa juntos, riéndonos de tonterías. El aire se cargó de electricidad, como antes de tormenta. "¿Viste esa peli en Pelisplus? El Diario de una Pasión", le solté, queriendo romper el hielo. Sus ojos se iluminaron. "Neta, esa me prende cañón. ¿Quieres que la veamos juntos?" Asentí, el corazón retumbándome en los oídos. Nos sentamos en el sofá, piernas rozándose, su muslo firme contra el mío, calor traspasando la tela. Di play otra vez, pero ahora cada escena era un espejo de lo que pasaba entre nosotros.

La lluvia en la pantalla nos envolvió. Su mano rozó la mía, dedos entrelazándose, piel áspera contra mi suavidad. Sentí su aliento en mi cuello, cálido, con olor a menta y cerveza. "Eres preciosa, Ana", murmuró, voz ronca como grava. Me giré, nuestros labios chocaron suaves al principio, explorando, saboreando el dulce de su lengua contra la mía. El beso se volvió feroz, dientes rozando, manos enredándose en el pelo. Olía a su colonia, madera y hombre, mezclada con mi aroma de jazmín.

¡Qué chingón besarlo! Su boca sabe a deseo puro, y mi cuerpo responde como si lo hubiera esperado toda la vida.

Acto dos del deseo: lo jalé a la cama, quitándome la blusa con prisa, pechos libres al aire fresco de la noche. Él se arrodilló, besando mi ombligo, lengua trazando círculos que me erizaban la piel. "Déjame probarte, reina", dijo, voz temblorosa de ganas. Bajó mis shorts, besos húmedos en los muslos internos, donde la piel es tan sensible que jadeé alto. Su aliento caliente en mi panocha, ya mojada, hinchada de anticipación. Lamida lenta, primero el borde, saboreando mis labios mayores, luego adentro, chupando mi clítoris como si fuera caramelo. Gemí, arqueando la espalda, uñas clavándose en su nuca. Sonidos de succión, mis jugos en su boca, olor a sexo crudo llenando la habitación. "Sabes a miel, morra", gruñó, vibrando contra mí.

Lo empujé de espaldas, queriendo mi turno. Desabroché su jeans, liberando su verga dura, venosa, palpitante. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, pre-semen brillando en la punta. La lamí desde la base, salada, masculina, hasta la cabeza, succionando fuerte. Él jadeó, "¡Pinche diosa! No pares", caderas subiendo. Lo monté despacio, frotando mi entrada contra él, lubricándonos mutuamente. Bajé de golpe, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Cabalgamos, piel contra piel chapoteando, sudor resbalando entre nosotros. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros, enviando chispas al cerebro.

El ritmo subió, mis caderas girando, su verga golpeando ese punto adentro que me hace ver estrellas. "Más fuerte, Diego, ¡córrele!" grité, voz quebrada. Él volteó, poniéndome abajo, piernas en sus hombros, embistiéndome profundo, testículos palmoteando mi culo. El olor de nuestros cuerpos, sudor, sexo, perfume mezclado, embriagador. Sentía cada vena, cada pulso, mi interior contrayéndose alrededor de él. El clímax llegó como ola, contracciones violentas, gritando su nombre, uñas arañando su espalda. Él se vino segundos después, caliente dentro de mí, rugiendo como animal.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su peso sobre mí reconfortante, corazón latiendo contra el mío. Besos suaves ahora, post-sexo, piel pegajosa enfriándose. "Eso fue mejor que cualquier película", susurró, riendo bajito. Yo sonreí, acariciando su pelo revuelto.

El diario de una pasión pelisplus no miente: el amor, el deseo, todo explota cuando menos lo esperas. Hoy escribo esto con el cuerpo aún temblando, recordando cada roce, cada gemido. Mañana, ¿quién sabe? Pero neta, valió cada segundo.

La noche cayó suave sobre la ciudad, luces de autos parpadeando afuera, pero adentro solo paz. Diego se durmió abrazándome, su respiración rítmica como ola en playa. Yo no podía dormir, repasando en la mente cada detalle: el sabor salado de su piel en mi lengua, el ardor placentero entre mis piernas, el olor persistente de nosotros en las sábanas. Mañana le diré que repitamos la peli, pero sin pantalla de por medio. Que hagamos nuestro propio diario de una pasión.

Despertamos con el sol filtrándose por las cortinas, su mano bajando otra vez por mi curva. "¿Lista para el encore, preciosa?" preguntó, ojos pícaros. Reí, jalándolo encima. Esta vez lento, sensual, besos que duran minutos, cuerpos conociéndose a fondo. Sus dedos explorando mi culo, suave masaje, luego lengua ahí, prohibido pero chingón. Gemí, empujando contra su cara. Él entró por atrás, despacio, lubricados con saliva y restos de la noche. Placer nuevo, intenso, su verga rozando paredes diferentes, manos en mis caderas guiando. Aceleramos, piel chocando, "¡Sí, así, cabrón!" grité. Otro orgasmo, compartido, cuerpos temblando en unisono.

Desayunamos tacos de la esquina, riendo de lo bien que quedamos. Él se fue a su jale, prometiendo volver. Yo volví a la laptop, buscando más en Pelisplus, pero nada iguala lo real. Este diario guarda mi secreto: una pasión desatada por una peli, pero alimentada por él. Neta, vida, gracias por estos momentos que saben a eternidad.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.