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El Tentador Fruto Comestible de la Flor de la Pasion

6212 palabras

El Tentador Fruto Comestible de la Flor de la Pasion

Tú llegas al jardín de la hacienda en las afueras de Morelia, el sol de la tarde derramándose como miel caliente sobre las enredaderas que trepan por las paredes de adobe. El aire huele a tierra húmeda y jazmín salvaje, con un toque dulzón que te hace salivar sin saber por qué. Lupe, la dueña de este paraíso escondido, te recibe con una sonrisa que ilumina sus ojos color chocolate. Es una mujer de curvas generosas, piel morena como el café de olla, y un vestido floreado que se pega a sus caderas al caminar. Órale, carnal, qué chulo verte por aquí, dice con esa voz ronca que te eriza la piel.

Te invita a sentarte en una banca de madera bajo la sombra de un sauce llorón. Mientras platican de la vida en el campo, de cómo ella cultiva hierbas y frutas exóticas para vender en el tianguis, sus manos gesticulan animadas, rozando las tuyas de vez en cuando. Sientes el calor de sus dedos, ásperos por el trabajo pero suaves en las yemas, y un cosquilleo sube por tu brazo. Flor de la pasion fruto comestible, menciona de pronto, señalando una enredadera cargada de flores moradas en forma de estrella, con centros blancos que parecen gritar deseo. Estas bellezas son la flor de la pasión, y sus frutos son comestibles, neta que te vuelan la cabeza de lo ricos.

Te levantas para acercarte, atraído por el aroma embriagador que emana de las flores, un perfume floral intenso mezclado con algo cítrico y exótico. Lupe se pone a tu lado, su hombro rozando el tuyo, y arranca un fruto ovalado, maduro, de piel amarillenta surcada de vetas púrpuras. Lo parte en dos con las uñas, revelando una pulpa jugosa, translúcida, llena de semillitas negras. Prueba, no seas pendejo, te dice riendo, acercándotelo a los labios. El primer mordisco es una explosión en tu boca: dulce como miel de maguey, ácido como limón fresco, con un regusto tropical que te hace gemir bajito. El jugo chorrea por tu barbilla, y ella lo limpia con el pulgar, lamiéndoselo después con una lentitud que te acelera el pulso.

El deseo nace ahí, en ese jardín perfumado, como una semilla que germina al instante. Tus miradas se cruzan, cargadas de promesas mudas.

¿Qué carajos me pasa con esta mujer? Su boca sabe a fruta prohibida, y su cuerpo... ay, wey, su cuerpo es puro fuego.
Lupe te toma de la mano y te guía hacia una glorieta cubierta de buganvilias, donde hay un colchón de pétalos secos y cojines mullidos. Se sienta a horcajadas sobre ti, su peso delicioso presionando contra tus muslos. Me gustas desde que te vi llegar, alto y fuerte como un tlacuate, susurra, mientras sus dedos desabotonan tu camisa, explorando tu pecho con uñas que arañan lo justo para erizarte.

El sol se filtra en rayos dorados, calentando vuestras pieles desnudas poco a poco. Tú le quitas el vestido, revelando senos plenos, pezones oscuros endurecidos por el aire fresco. Los besas, saboreando el salado de su sudor mezclado con el aroma de su loción de vainilla. Ella gime, un sonido gutural que vibra en tu oído, ¡Ay, sí, chingón, no pares!. Sus manos bajan a tu pantalón, liberando tu verga que ya palpita dura como tronco de encino. La acaricia con lentitud tortuosa, el roce de su palma callosa enviando descargas de placer por tu espina.

Pero no apresuran nada. Lupe arranca más frutos de la flor de la pasion fruto comestible, untándolos en tu piel, trazando senderos pegajosos por tu abdomen. Baja la cabeza y lame, su lengua caliente recogiendo el jugo dulce, mordisqueando aquí y allá. El sabor en tu boca se mezcla con el de su piel, cítrico y almizclado. Tú respondes untándole pulpa en los senos, chupando hasta que jadea, arqueando la espalda. ¡Qué rico, papi, me tienes mojadísima! Su coño, cuando lo tocas, es un horno húmedo, labios hinchados y resbalosos de excitación.

La tensión crece como tormenta de verano. Rodáis sobre los cojines, cuerpos entrelazados en un baile sudoroso. Tus dedos exploran su interior, curvándose para rozar ese punto que la hace gritar ¡Más, cabrón, más!. Ella te cabalga la mano, caderas ondulando con ritmo de cumbia, el olor a sexo llenando la glorieta, mezclado con el perfume de las flores. Te voltea, su boca engulle tu verga entera, succionando con maestría, saliva y jugo de fruta goteando. Sientes las contracciones en tus bolas, el pulso latiendo en tus sienes, pero te aguantas, queriendo prolongar esta locura.

En su mente, un torbellino:

Este hombre me prende como yesca, su sabor a pasión y fruta me vuelve loca. Quiero que me llene, que nos fundamos en este jardín del demonio.
Lupe se incorpora, guiándote dentro de ella. El primer embiste es puro éxtasis: su coño aprieta como guante caliente, resbaladizo y voraz. Cabalgas juntos, piel contra piel, el slap-slap de vuestros cuerpos resonando como tambores. Sus uñas clavan en tu espalda, dejando surcos ardientes que avivan el fuego. Cambiáis posiciones, ella de rodillas, tú detrás, penetrándola profundo mientras agarras sus nalgas carnosas. El jardín gira a vuestro alrededor, pájaros cantando ajenos a vuestro frenesí.

La intensidad sube, respiraciones entrecortadas, gemidos convirtiéndose en alaridos. ¡Ven, amor, córrete conmigo! grita Lupe, y su cuerpo se estremece en oleadas, coño contrayéndose en espasmos que te ordeñan. Tú explotas dentro, chorros calientes inundándola, el placer cegador como relámpago. Colapsáis juntos, exhaustos, cubiertos de sudor, jugo de fruta y semen. El aire se enfría al atardecer, trayendo brisa con olor a tierra mojada.

Yacen abrazados, corazones galopando al unísono. Lupe acaricia tu rostro, besándote suave. Qué chido estuvo, ¿verdad? Esa flor de la pasión siempre trae suerte. Tú asientes, saboreando el regusto dulce en su cuello. El sol se pone en un cielo rosado, prometiendo más noches en este edén. No hay prisas, solo la calidez de su cuerpo pegado al tuyo, el eco de placeres compartidos, y la certeza de que este fruto comestible ha despertado algo eterno entre vosotros.

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