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El Futbol Es Mi Pasion Meme Desnuda

6750 palabras

El Futbol Es Mi Pasion Meme Desnuda

El estadio rugía como un animal herido, el olor a chela derramada y carne asada flotaba en el aire caliente de la Ciudad de México. Alejandro se ajustó la playera negra con la frase el futbol es mi pasion meme estampada en letras grandes y chuecas, esa que le regaló su carnal en un partido de Pumas. Sudaba a chorros, no solo por el sol que chamuscaba todo, sino porque la pasión le corría por las venas como adrenalina pura. Era fanático hasta los huesos, y esa noche, en la taquilla del bar deportivo cerca del Estadio Olímpico, su mundo iba a dar un voltereta inesperada.

Sofía estaba a unos pasos, con una cerveza en la mano, gritando goles imaginarios mientras los Pumas la libraban contra el América. Su piel morena brillaba bajo las luces neón, el short ajustado marcaba sus curvas como un balón a punto de golazo, y esa blusa escotada dejaba ver lo suficiente para que cualquier wey perdiera la cabeza. ¿Qué pedo con esta morra? pensó Alejandro, sintiendo un cosquilleo en el estómago que nada tenía que ver con la birria que se había echado antes. Ella volteó, lo vio de arriba abajo, y soltó una risa que sonó como campanas en medio del escándalo.

¡Órale, wey! ¿El futbol es mi pasion meme? Neta que sí se nota, estás más encendido que el Cuau en su prime —dijo ella, acercándose con esa sonrisa pícara que hacía que sus ojos cafés chispearan.

Alejandro sintió el pulso acelerarse, como cuando su equipo metía un gol en el último minuto. —Pues claro, nena. El fútbol es vida, pasión total. ¿Y tú? ¿Vienes a robarme el corazón o qué? —Le guiñó el ojo, oliendo su perfume mezclado con el sudor dulce que desprendía su cuello.

La charla fluyó como un contragolpe perfecto. Hablaron de partidos legendarios, de cómo el olor a grama mojada y el grito de la afición les ponía la piel chinita. Sofía era de las que no se quedaban atrás; neta, sabía más de tácticas que muchos pendejos en la tele. Cada vez que se reía, su mano rozaba el brazo de él, un toque eléctrico que hacía que su verga se moviera bajo los jeans. Esta chava me va a matar, se dijo, imaginando ya cómo sería sentirla encima, jadeando como en la prórroga.

El partido terminó en empate, pero para ellos apenas empezaba el verdadero juego. —¿Vamos a celebrar con unas chelas en mi depa? Vivo cerca, y tengo pantallas por todos lados para los resúmenes —propuso ella, mordiéndose el labio de esa forma que gritaba cógeme ya.

Acto seguido, salieron del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el calor que les subía por el cuerpo. Caminaron por las calles iluminadas de la colonia, riendo de tonterías, pero el silencio entre palabras estaba cargado de promesas. Al llegar al edificio de Sofía, un lugar chido con vista al skyline, ella lo jaló al elevador. Ahí, solos, el roce fue inevitable. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, saboreando la sal de la cerveza y el dulzor de su boca. Las manos de él exploraron su cintura, sintiendo la suavidad de su piel bajo la blusa, mientras ella gemía bajito, presionando su cuerpo contra el suyo.

Me encanta tu playera, pero quiero verla en el suelo —susurró Sofía, su aliento caliente en la oreja de Alejandro.

En el depa, las luces tenues pintaban sombras sensuales. Se quitaron la ropa con urgencia, pero sin prisa, saboreando cada centímetro revelado. El cuerpo de ella era un templo: pechos firmes con pezones oscuros endurecidos por el deseo, caderas anchas que invitaban a perderse. Alejandro la miró, hipnotizado, oliendo su aroma almizclado de mujer excitada.

Esto es mejor que cualquier mundial, wey. Su piel sabe a victoria
, pensó mientras besaba su cuello, bajando por el valle de sus senos.

Sofía lo empujó al sofá, montándose a horcajadas. Sus manos fuertes, de tanto aplaudir goles, masajearon el pecho de él, bajando hasta desabrocharle el cinto. —Tu pasión por el fútbol me prende, Alejandro. Quiero sentirla toda —dijo, mientras liberaba su verga dura como poste de meta. La tomó en su mano, acariciándola con movimientos lentos, el pulso latiendo bajo sus dedos. Él gimió, el sonido gutural mezclándose con el zumbido del aire acondicionado.

La tensión crecía como un partido empatado en el minuto 90. Él la volteó, besando su vientre plano, llegando a su panochita húmeda y caliente. El sabor era embriagador, salado y dulce, como el sudor de un jugador exhausto. Su lengua danzó sobre el clítoris, chupando suave al principio, luego con hambre, mientras ella arqueaba la espalda, clavando las uñas en sus hombros. —¡Sí, cabrón! Así, no pares —gritaba, su voz ronca, el cuarto llenándose del sonido húmedo de su placer.

Pero Alejandro quería más; la levantó en brazos, sintiendo sus piernas envolviéndolo como un tackle perfecto. La llevó a la cama, donde las sábanas frescas contrastaban con sus cuerpos ardientes. Ella lo miró a los ojos, guiándolo dentro de ella con una lentitud tortuosa. ¡Madre santa, qué apretadita y caliente! pensó él al penetrarla, el calor envolviéndolo como un estadio a reventar. Se movieron en ritmo sincronizado, primero lento, sintiendo cada roce, cada vena pulsando, el olor a sexo impregnando el aire.

La intensidad subió. Sofía cabalgaba ahora, sus tetas rebotando al compás, el sudor goteando entre ellos como lluvia en el Azteca. Él la sujetaba por las nalgas, firmes y redondas, empujando hondo, el slap-slap de piel contra piel ahogando sus jadeos. Esto es pasión pura, como el fútbol que nos une, se repetía Alejandro en la mente, mientras ella gritaba su nombre, el orgasmo acercándose como un penal decisivo.

¡Ven conmigo, amor! ¡Golazo! —explotó ella primero, su panocha contrayéndose en espasmos que lo ordeñaban. Alejandro no aguantó más; con un rugido, se dejó ir dentro de ella, chorros calientes llenándola, el placer cegador como luces de estadio.

Se derrumbaron juntos, respiraciones entrecortadas, piel pegajosa y sonriente. El olor a sexo y sudor era embriagador, sus cuerpos entrelazados en afterglow perfecto. Encendieron la tele para los resúmenes, riendo bajito mientras comentaban jugadas, pero ahora con manos acariciando perezosamente.

El futbol es mi pasion meme, pero tú... tú eres mi nueva adicción —murmuró él, besando su frente.

Sofía sonrió, acurrucándose. —Y yo la tuya, goleador. Esto apenas es el primer tiempo.

La noche se extendió en promesas, el corazón de Alejandro latiendo no solo por el balón, sino por esa pasión nueva, viva y desnuda.

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