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Grupo Pasion Nocturna

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Grupo Pasion Nocturna

Ana sintió el pulso acelerado mientras el taxi la dejaba frente a la villa en las afueras de Playa del Carmen. El aire salado del mar Caribe se mezclaba con el aroma dulce de las bugambilias que trepaban por las paredes blancas. Sus amigas, Lupe y Carla, la habían invitado a una fiesta privada, pero el mensaje de texto final decía algo sobre el Grupo Pasion. ¿Qué carajos era eso? Ana, con su vestido rojo ceñido que realzaba sus curvas generosas, se ajustó el escote y tocó el timbre. La puerta se abrió con un chasquido suave, revelando a Marco, un moreno alto con sonrisa pícara y ojos que prometían travesuras.

¿Y si es una de esas noches locas? Mi cuerpo ya vibra solo de pensarlo, pinche calor que traigo.

—Pasa, mamacita, bienvenida al paraíso —dijo Marco con voz ronca, su mano rozando apenas su cintura al guiarla adentro. El interior era un sueño: luces tenues, música suave de cumbia sensual retumbando bajito, y un patio central con piscina iluminada por antorchas. Ahí estaban Lupe y Carla, riendo con dos tipos más: Diego, fornido y tatuado, y Sofía, una pelirroja despampanante con labios carnosos. Todos vestían ropa ligera, playeras holgadas y shorts que dejaban poco a la imaginación.

Se sirvieron tequilas en vasos helados, el líquido ardiente bajando por la garganta de Ana como fuego líquido. Charlaron de tonterías: el pinche tráfico de Cancún, las playas chidas, pero el aire cargado de electricidad hacía que cada mirada durara un segundo de más. Lupe se acercó, su aliento perfumado a menta rozando la oreja de Ana.

—Esto es el Grupo Pasion, carnala. Aquí nos soltamos sin rollos, todo con respeto y puro desmadre consensuado. ¿Te late unirte?

Ana tragó saliva, el corazón latiéndole en el pecho como tambor.

¿Yo? ¿En un grupo así? Pero joder, cómo me mojo solo de imaginar sus manos en mí.
Asintió, sonriendo nerviosa. La tensión inicial se disipó con risas y más tragos, pero el deseo bullía debajo.

La noche avanzaba, y el calor húmedo hacía que la ropa se pegara a la piel sudorosa. Se metieron a la piscina, el agua fresca lamiendo sus cuerpos como lenguas ansiosas. Marco nadó hacia Ana, su torso mojado brillando bajo la luna. Sus manos encontraron sus caderas bajo el agua, un toque sutil que envió chispas por su espina.

—Estás cañona, Ana —murmuró él, su boca cerca de su cuello, inhalando su perfume mezclado con cloro—. ¿Quieres jugar?

Ella giró, presionando sus pechos contra su pecho firme. Sí, pinche sí. Diego y Sofía ya se besaban en una esquina, las manos de él amasando sus nalgas redondas mientras ella gemía bajito. Lupe y Carla se unieron, besuqueándose con hambre, lenguas danzando visibles.

Mis pezones duelen de lo tiesos que están. Quiero sentirlos todos, sus alientos, sus vergas duras.

Salieron del agua chorreando, toallas olvidadas. En el patio mullido de cojines, el Grupo Pasion se formó natural. Marco besó a Ana profundo, su lengua invadiendo su boca con sabor a tequila y sal. Ella jadeó cuando Diego se acercó por detrás, sus dedos grandes deslizándose por su espalda, bajando hasta desabrochar su vestido. El rojo cayó al suelo como pétalo marchito, dejando sus tetas al aire, pezones oscuros erguidos.

Qué chulas, Ana —gruñó Diego, chupando uno mientras Marco lamía el otro. El contraste de bocas calientes la hizo arquearse, un gemido escapando ronco. Lupe se arrodilló frente a ella, besando su vientre plano, bajando hasta la tanga empapada. El olor a excitación flotaba pesado, almizclado y dulce.

Carla y Sofía observaban, tocándose mutuamente, dedos hundiéndose en chochitos húmedos con sonidos chapoteantes. Ana extendió la mano, atrayendo a Sofía para un beso lésbico feroz, saboreando su gloss de fresa mezclado con sudor.

La escalada fue imparable. Marco sacó su verga gruesa, venosa, palpitante al aire nocturno. Ana la tomó en mano, piel suave sobre acero duro, masturbándola lento mientras Diego la penetraba con dedos expertas.

¡Ay, cabrón, qué rico! Su chochito aprieta mis dedos como puta en celo.
pensó Diego, pero Ana solo sentía el pulso en su clítoris hinchado.

Lupe se unió, lamiendo el coño de Ana mientras Marco follaba su boca. El sabor salado de la verga la volvía loca, succionando con avidez, saliva goteando por su barbilla. Sofía montó la cara de Carla, tribbing con gemidos agudos que se mezclaban con el chapoteo de cuerpos.

Chínguenme ya, pinches cabrones —suplicó Ana, voz entrecortada. Marco la levantó como pluma, empalándola en su pija dura. El estirón la llenó completa, paredes vaginales apretando cada vena. Diego se posicionó atrás, lubricando su ano con saliva y jugos, entrando despacio. Doble penetración, el roce de vergas separadas por membrana delgada la hizo gritar de placer puro.

Estoy partida en dos, pero qué weba de rico. Sus pelotas chocan contra mí, sudor goteando, olores de sexo everywhere.

El grupo rotaba como enloquecido ballet erótico. Lupe cabalgaba a Diego, sus tetas rebotando hipnóticas, mientras Carla lamía las bolas de Marco. Sofía frotaba su clítoris contra el muslo de Ana, sus jugos untosos calientes. Gemidos, slap-slap de carne contra carne, risas jadeantes. El aire olía a semen próximo, a coños en llamas.

Ana sentía el orgasmo construyéndose como ola Caribeña. Marco aceleró embestidas, su verga hinchándose. —Vente conmigo, puta rica —gruñó. Ella explotó primero, chocho convulsionando, chorros calientes salpicando. Él la llenó de leche espesa, goteando por muslos temblorosos. Diego siguió, corriéndose en su culo con rugido animal.

El clímax grupal llegó en cadena: Lupe chilló montando, Sofía squirteó sobre todos, Carla y las vergas restantes eyaculando en bocas ávidas. Cuerpos colapsaron en pila sudorosa, pieles pegajosas, respiraciones agitadas sincronizadas con olas lejanas.

En el afterglow, se acurrucaron bajo estrellas parpadeantes. Marco besó la frente de Ana, Diego le masajeó hombros laxos. Lupe sirvió agua fresca, todos riendo del desmadre.

Nunca sentí tanto. El Grupo Pasion no es solo sexo, es conexión pura, empoderamiento en carne viva. Volveré, órale que sí.

La villa se enfrió lento, pero el calor interno perduraba. Ana se durmió entre brazos ajenos, sabiendo que esta noche la había cambiado para siempre, lista para más noches de grupo pasion desenfrenada.

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