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Una Pasion Prohibida Pelicula

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Una Pasion Prohibida Pelicula

La noche en la casa de mi carnal en Polanco se sentía cargada de ese calor pegajoso del verano chilango que se cuela por las ventanas aunque el aire acondicionado este al porrazo. Yo Alejandro acababa de llegar de un viaje de trabajo y mi hermano Raúl estaba de nuevo en Nueva York por negocios. Ahí estaba Isabella su esposa mi cuñada la mujer que desde el día que la conocí hace dos años me tenía con el alma en un hilo. Neta wey pensé mientras la veía en la cocina preparando unos tacos de carnitas el olor a cebolla dorada y cilantro fresco invadiendo el aire. Su blusa ligera se pegaba a sus curvas por el sudor y esos jeans que le marcaban el culo como si fueran hechos a mano.

¿Quieres ver una película carnal? me dijo con esa sonrisa pícara que me derretía los huesos. Sus ojos cafés brillaban bajo la luz amarilla de la lámpara. —Es una pasión prohibida película que encontré en Netflix bien intensa.

Me quedé helado. ¿Una pasión prohibida película? Sonaba como el reflejo de lo que yo sentía por ella. Asentí como pendejo sentándome en el sofá de cuero negro que crujió bajo mi peso. Isabella se sentó a mi lado demasiado cerca su muslo rozando el mío un calor eléctrico que me subió por la pierna directo al entrepierna. Apagó las luces y el cuarto se llenó de la luz azulada de la tele el sonido de la película empezando con una música sensual de violines y tambores que parecía latir como un corazón acelerado.

En la pantalla una pareja como nosotros se miraban con deseo prohibido él casado ella la hermana de su esposa. Coincidencia o destino marica me dije mientras sentía el perfume de Isabella vainilla y jazmín mezclado con su sudor natural que me hacía tragar saliva. Su respiración se aceleraba con las escenas y noté cómo se mordía el labio inferior esa carne rosada húmeda invitándome en silencio.

Es como nosotros ¿no Alejandro? susurró su voz ronca rozando mi oreja el aliento cálido oliendo a tequila de la cena. Mi verga se endureció al instante presionando contra mis chinos. La miré y ahí estaba el fuego en sus ojos el conflicto en su cara hermosa de mejillas sonrojadas.

No puedo seguir así pensé el corazón retumbándome en el pecho como tamborazo de mariachi. Extendí la mano temblorosa y la puse en su rodilla suave como seda bajo el denim. Ella no se apartó al contrario su mano cubrió la mía guiándola más arriba por su muslo interno donde el calor era infernal.

La película seguía con besos robados toques furtivos igual que nosotros ahora. Isabella giró su rostro y sus labios chocaron con los míos suaves jugosos con sabor a sal y tequila. ¡Chingado qué rico! La lengua suya invadió mi boca danzando con la mía un duelo húmedo y caliente que me dejó sin aire. Sus manos subieron por mi pecho desabotonando mi camisa los dedos arañando mi piel erizándome el vello.

Nos separamos jadeantes ella con los labios hinchados y rojos yo con el pinche corazón a punto de explotar.

Raúl no está murmuró neta que te deseo desde la boda carnal.

Yo también chula respondí mi voz quebrada eres mi tentación diaria.

La pausa de la película nos dio el pie perfecto. La cargué en brazos su cuerpo liviano pegándose al mío pechos firmes contra mi torso el corazón de ella latiendo contra el mío. La llevé al cuarto de visitas la cama king size con sábanas de algodón egipcio esperándonos. La tiré suave y me quité la ropa quedando en boxers mi erección marcada como bandera. Isabella se desvistió lento provocándome quitándose la blusa revelando un brasier negro de encaje que apenas contenía sus tetas perfectas redondas con pezones duros como piedras.

Ven wey me dijo bajito desabrochándose los jeans deslizándolos por sus caderas anchas revelando un tanga diminuto empapado ya de su excitación. El olor a su arousal almizclado y dulce llenó la habitación mezclado con el de mi sudor masculino.

Me tiré sobre ella piel contra piel el roce ardiente enviando chispas por mi espina. Besé su cuello saboreando la sal de su sudor lamiendo hasta su clavícula bajando a sus tetas liberándolas del brasier chupando un pezón rosado duro tirando suave con los dientes. Isabella gimió archiándose ¡ay cabrón qué delicia! sus uñas clavándose en mi espalda dejando surcos rojos de placer.

Mis manos exploraron su cuerpo bajando por su vientre plano suave tocando el calor entre sus piernas. El tanga estaba chorreando lo quité de un jalón y metí dos dedos en su coño húmedo apretado caliente como lava. Ella jadeó moviendo las caderas contra mi mano ¡más carnal más! el sonido chapoteante de sus jugos lubricando todo.

Esto es una pasión prohibida película en vivo pensé mientras la veía retorcerse el pelo negro desparramado en la almohada ojos entrecerrados de puro gozo. Saqué los dedos brillantes de ella y me los llevé a la boca probando su esencia agria dulce adictiva.

Ahora yo dijo empujándome boca abajo. Se montó en mi pecho su coño depilado rozando mi piel bajando hasta mi cara. El olor intenso me golpeó y lamí su clítoris hinchado chupando succionando mientras ella se mecía gimiendo bajito ¡sí así pendejo no pares! Su flujo me inundaba la boca el sabor a mar y miel volviéndome loco.

No aguanté más la volteé poniéndola a cuatro patas su culo perfecto alzado invitándome. Me quité los boxers mi verga saltando libre gruesa venosa palpitante. Me puse un condón del cajón responsables aunque prohibidos y la penetré de un solo empujón su coño tragándoseme entero apretándome como guante de terciopelo caliente.

¡Ay Diosito qué grande! gritó Isabella empujando hacia atrás cabalgándome el sonido de nalgas chocando carne contra carne resonando en el cuarto sudor goteando por nuestras espaldas el aire espeso de gemidos y respiraciones entrecortadas.

Follamos como animales yo jalándole el pelo suave arqueándole la espalda metiéndosela profundo tocando su cervix con cada embestida. Ella volteó la cara besándome con lengua mientras yo le pellizcaba el clítoris hinchado. El mundo se reduce a esto a su calor a su sabor pensé el orgasmo construyéndose como volcán.

Me vengo wey aulló Isabella su coño contrayéndose ordeñándome espasmos violentos jugos chorreando por mis bolas. Eso me llevó al límite embestí tres veces más duro y exploté gruñendo llenando el condón con chorros calientes mi cuerpo temblando contra el suyo.

Colapsamos jadeantes piel pegajosa de sudor besándonos lento ahora tierno saboreando el afterglow. El cuarto olía a sexo puro a nosotros dos mezclados. Isabella se acurrucó en mi pecho su mano trazando círculos en mi abdomen.

Fue mejor que cualquier una pasión prohibida película murmuró riendo bajito.

Y apenas empieza chula respondí besándole la frente prohibida pero nuestra.

Nos quedamos así hasta el amanecer el sol filtrándose por las cortinas pintando nuestras pieles doradas. Sabíamos que Raúl volvería que esto era un secreto ardiente pero en ese momento nada importaba solo el latido compartido la promesa de más noches como esta en nuestra propia pasión prohibida.

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