Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Juegos de Pasion MC Davo Juegos de Pasion MC Davo

Juegos de Pasion MC Davo

6678 palabras

Juegos de Pasion MC Davo

La música retumbaba en el antro de Polanco como un latido salvaje, luces neón parpadeando sobre cuerpos sudados que se movían al ritmo del hip hop mexicano. Tú, con ese vestido negro ajustado que te hacía sentir como una diosa urbana, bailabas pegada a la barra, el aire cargado de olor a tequila y perfume caro. El DJ en la tarima era MC Davo, ese cabrón con voz ronca que ponía a todos a sudar con sus rimas crudas. Sus ojos te habían cazado desde el principio, un guiño rápido mientras soltaba el micrófono y mezclaba beats que te erizaban la piel.

El calor de la pista te envolvía, el sudor perlándote el cuello, bajando lento por tu escote. ¿Por qué carajos me mira así? pensabas, mientras tu cuerpo respondía solo, caderas ondulando al son de su track. De repente, su voz grave irrumpió por los bocinas: "Juegos de pasion, carnales, ¡a calentar motores!". El antro explotó en gritos, y tú sentiste un cosquilleo traicionero entre las piernas. Él bajó de la tarima, camino directo hacia ti, su camiseta negra pegada al torso marcado por horas en el gym.

—Órale, nena, ¿te late jugar? —te dijo al oído, su aliento cálido con toques de mentol y algo más salvaje, su mano rozando apenas tu cintura.

Tu pulso se aceleró, el ruido de la fiesta ahogándose en tus oídos. Asentiste, mordiéndote el labio, y él te tomó de la mano, guiándote por la multitud hasta una puerta VIP al fondo. El pasillo era estrecho, paredes vibrando con los bajos, olor a humo y deseo flotando. Adentro, una suite privada con sofá de cuero negro, luces tenues y una botella de Don Julio esperándolos.

Esto es una locura, pero qué chido se siente su toque, como electricidad pura

Acto primero: la chispa. MC Davo te sirvió un shot, sus dedos rozando los tuyos, ojos clavados en los tuyos como si ya te estuviera desnudando. —Soy Davo, pero tú ya lo sabes, ¿verdad, mamacita? —rió bajito, sentándose a tu lado, su muslo musculoso presionando el tuyo. Hablaron de la noche, de cómo su música nacía de pasiones reales, no de cuentos pendejos. Tú le contaste de tu chamba estresante en la agencia, cómo necesitabas soltar el control. El tequila bajaba ardiente por tu garganta, calentándote el vientre, y sus risas se mezclaban con roces casuales: su mano en tu rodilla, tú echando el pelo atrás dejando que viera tu cuello.

La tensión crecía lenta, como un beat que sube volumen. Él puso su playlist en el equipo, "juegos de pasion MC Davo" retumbando suave, letras crudas sobre cuerpos enredados y noches sin frenos. —Este track es para jugar —dijo, su voz un ronroneo—. Reglas simples: toques sin prisa, verdades calientes, y lo que pinte. ¿Le entras?

Tú asentiste, el corazón martillando. Su mano subió por tu muslo, dedos fuertes pero tiernos, explorando la piel suave bajo el vestido. El olor de su colonia, madera y especias, te mareaba. Le contaste tus fantasías más sucias, cómo soñabas con manos expertas que te hicieran gemir sin piedad. Él confesó que las fans lo volvían loco, pero tú eras diferente, con esa mirada de fuego que prometía guerra.

Acto segundo: el fuego. Los besos empezaron suaves, labios rozando como preview, su lengua probando la tuya con sabor a tequila y hambre. Te recargó contra el sofá, su cuerpo pesado y cálido cubriéndote, el roce de su verga dura contra tu cadera enviando chispas. Qué rica se siente su boca, mamón, no pares, pensabas mientras tus uñas se clavaban en su espalda.

Desnudándote despacio, como si saboreara cada centímetro. El vestido cayó al piso con un susurro, dejándote en lencería roja que él admiró con un silbido. —Estás cañona, güey —murmuró, besando tu clavícula, bajando al pecho. Sus labios chuparon un pezón, lengua girando lenta, mientras su mano se colaba entre tus piernas, dedos frotando el encaje húmedo. El aroma de tu excitación llenaba el aire, almizclado y dulce, mezclándose con su sudor masculino.

Tú no te quedaste atrás, jalando su camiseta, lamiendo su abdomen marcado, sintiendo los músculos contraerse bajo tu lengua. Bajaste su chamarra de mezclilla, desabrochaste el jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomaste en la mano, piel caliente y suave, el sabor salado cuando la lamiste desde la base hasta la punta. Él gruñó, un sonido gutural que te mojó más, embistiéndote la boca con cuidado, caderas moviéndose al ritmo de su propio track.

La intensidad subía, cuerpos enredados en el sofá. Te volteó boca abajo, besando tu espalda, nalgadas suaves que picaban rico. —¿Quieres más, princesa? —preguntó, y tú gemiste un sí ronco. Sus dedos entraron en ti, dos primero, curvándose para tocar ese punto que te hacía arquear. El sonido húmedo de tu coño chupándolos, tus jugos corriéndote por los muslos, el slap de piel contra piel. Él te comió entera, lengua plana lamiendo tu clítoris hinchado, chupando como si fuera su postre favorito. Tus piernas temblaban, olor a sexo puro invadiendo todo.

Internamente luchabas: No lo conozco, pero joder, esto es lo que necesitaba, puro instinto animal. Pequeñas pausas para mirarse, risas jadeantes, confirmando con ojos que todo estaba chido, mutuo, empoderador. Él te puso encima, guiándote a su verga, entrada lenta, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Cabalgaste al ritmo de "juegos de pasion", pechos rebotando, sus manos en tus caderas marcando el paso.

Acto tercero: la explosión. El clímax llegó como avalancha, él embistiéndote desde abajo, verga golpeando profundo, bolas chocando contra tu culo. Tus paredes lo apretaban, leche tuya empapándolo todo. —¡Ven, nena, córrete conmigo! —gruñó, y lo hiciste, un grito ahogado rompiendo el aire, olas de placer sacudiéndote, visión borrosa, gusto metálico en la boca. Él se vació dentro, chorros calientes llenándote, cuerpos convulsionando pegados, sudor resbalando.

El afterglow fue dulce, tendidos en el sofá deshecho, su brazo alrededor de ti, respiraciones calmándose. El antro seguía rugiendo afuera, pero aquí era paz. —Fue épico, ¿verdad? —dijo él, besándote la frente, olor a sexo secándose en sus pieles. Tú sonreíste, satisfecha hasta los huesos, lista para más noches así. Se vistieron lento, promesas de repetir sin presiones, solo pura conexión. Salieron tomados de la mano, la noche de CDMX envolviéndolos en luces y promesas, con "MC Davo" retumbando en vuestros corazones.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.