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Canal Pasiones en Izzi Despierta Fuego

6296 palabras

Canal Pasiones en Izzi Despierta Fuego

Era una de esas noches calurosas en la Ciudad de México, de esas que te pegan el cuerpo al colchón con el ventilador zumbando como loco. Yo, Ana, acababa de llegar del trabajo, con el estrés del tráfico todavía latiéndome en las sienes. Mi carnal, o mejor dicho, mi novio Marco, ya estaba tirado en el sofá de nuestro depa en Polanco, con una chela fría en la mano. Qué chido tenerlo esperándome, pensé mientras me quitaba los tacones y sentía el piso fresco bajo mis pies descalzos.

"Órale, mami, ven pa'cá", me dijo con esa voz ronca que siempre me eriza la piel. Me acerqué, me dejé caer a su lado y le robé un trago de su cerveza, sintiendo el amargor fresco bajándome por la garganta. El aire olía a su colonia mixturada con el sudor del día, un aroma que me volvía loca. Encendí el tele con el control de Izzi, buscando algo pa' distraernos. Zapeando canales, de repente, ¡pum! Canal Pasiones en Izzi. La pantalla se llenó de una morra despampanante besando a un vato musculoso, sus manos explorando curvas bajo luces tenues y rojas.

Me quedé clavada. ¿Qué es esto? pregunté en voz alta, aunque ya lo sabía. Era puro fuego: cuerpos entrelazados, gemidos suaves saliendo de los bocinas, el sonido de piel contra piel como un tambor lejano. Marco se enderezó, sus ojos brillando. "Neta, Ana, esto está padísimo. ¿Lo dejamos?", murmuró, su mano ya rozando mi muslo por debajo de la falda. Sentí un cosquilleo subir por mi pierna, caliente como el tequila que nos faltaba.

¿Dejarlo? Ni madres. Esto es justo lo que necesitamos pa' soltar el estrés, pensé, mientras mi cuerpo respondía con un pulso acelerado entre las piernas.

La escena en la tele escalaba: la chava se arrodillaba, lamiendo con devoción, el vato gimiendo bajito. El olor a excitación empezó a flotar en el aire de nuestro cuarto, mezclado con el perfume de mi loción de vainilla. Marco me jaló más cerca, su aliento cálido en mi cuello. "Estás mojada ya, ¿verdad, mi reina?", susurró, y su dedo índice trazó un camino lento por mi interior del muslo. Asentí, mordiéndome el labio, el corazón tronándome en el pecho.

Apagué la tele con un clic, pero el Canal Pasiones en Izzi ya había hecho su magia. Nos miramos, ojos hambrientos, y nos lanzamos uno sobre el otro como fieras. Sus labios devoraron los míos, lengua danzando con sabor a cerveza y deseo puro. Manos por todos lados: las mías en su pecho firme, sintiendo los músculos tensarse bajo mi tacto; las suyas subiendo mi blusa, pellizcando mis pezones hasta ponérmelos duros como piedritas. Qué rico se siente su piel áspera contra la mía, gemí en mi mente mientras lo empujaba al sofá.

Acto uno del deseo: exploración. Me quité la falda despacio, dejándola caer como una promesa. Él se desabrochó el cinto con urgencia, el sonido metálico del metal retumbando en el silencio. "Eres una diosa, Ana, mi mamacita favorita", dijo, y yo reí bajito, sintiéndome poderosa. Me senté a horcajadas sobre él, frotándome contra su dureza a través del pantalón. El roce era eléctrico, mi humedad empapando la tela. Olía a nosotros, a sexo inminente, a noches mexicanas sin fin.

El calor subía, el ventilador solo avivaba las chispas. Bajé su zipper, liberando su verga tiesa, palpitante. La tomé en mi mano, suave pero firme, sintiendo las venas latir como mi propio pulso. Él jadeó, "¡Ay, wey, qué chingón se siente eso!". La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el salado de su pre-semen, mientras mis ojos lo miraban fijo, conectándonos más allá de lo físico.

Esto no es solo cogerte, Marco. Es nosotros, puro fuego del alma.

Escalada en el medio acto: nos desnudamos del todo. Su boca en mis tetas, chupando, mordisqueando suave, enviando ondas de placer directo a mi clítoris hinchado. Me recosté, abriendo las piernas, invitándolo. "Ven, pendejito, hazme tuya", le provoqué con una sonrisa pícara. Él se hundió entre mis muslos, lengua experta lamiendo mi humedad, sorbiendo como si fuera el néctar más dulce. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. El roce de su barba en mi piel sensible era una tortura deliciosa, pensé, arqueándome.

La tensión crecía como tormenta en el DF: truenos de placer, relámpagos en mi vientre. Lo jalé arriba, guiándolo dentro de mí. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el tope. "¡Dios, qué apretadita estás!", gruñó, y yo respondí con un "¡Más fuerte, cabrón!". Empezamos a movernos, ritmo sincronizado, piel sudorosa chocando con palmadas húmedas. El olor a sexo nos envolvía, espeso, adictivo. Sus manos en mi culo, amasando, mientras yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas de pasión.

Cada embestida era más profunda, más intensa. Sentía su verga rozando ese punto dentro de mí que me volvía loca, pulsos acelerados uniéndose. "Te amo, Ana, neta te amo", jadeó en mi oído, y eso me derritió. Mi orgasmo se acercaba, como ola gigante en la costa: temblor en piernas, calor subiendo, respiración entrecortada. "¡Ya, Marco, ya vengo!", grité, y exploté, contracciones apretándolo mientras ondas de éxtasis me sacudían entera. Él siguió, unos empujones más, y se vino conmigo, caliente dentro, gimiendo mi nombre como oración.

El final: afterglow puro. Nos quedamos pegados, sudorosos, respiraciones calmándose. Su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón volver a normal. El ventilador seguía zumbando, ahora como arrullo. "Eso fue mejor que cualquier Canal Pasiones en Izzi", murmuró riendo bajito. Yo acaricié su pelo revuelto, oliendo nuestro amor mezclado con el aire nocturno.

Sí, mi amor. Pero gracias a él, despertamos nuestro fuego. Y lo haremos arder cuantas veces queramos.

Nos envolvimos en las sábanas frescas, el cuerpo pesado de placer satisfecho. Afuera, la ciudad ronroneaba con sus luces, pero adentro, éramos un mundo propio de pasiones desatadas. Mañana sería otro día, pero esta noche, el Canal Pasiones en Izzi nos había regalado el mejor recuerdo. Y quién sabe, quizás mañana lo prendamos de nuevo.

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