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Abismo de Pasion Pelicula Completa en Nuestra Piel

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Abismo de Pasion Pelicula Completa en Nuestra Piel

La noche en el departamento de Polanco se sentía cargada de ese calor pegajoso que solo el DF sabe regalar en verano. Tú, Marco, entraste sudando un poco después de un día largo en la oficina, y ahí estaba ella, Lupita, tu morra de ojos negros y curvas que te volvían loco desde el primer día que la viste en esa fiesta en la Condesa. Llevaba un shortcito de algodón que se le pegaba a las nalgas redondas y una blusita holgada que dejaba ver el borde de su sostén negro. Qué chingón verte así, pendejo, pensaste mientras la abrazabas por la cintura, oliendo su perfume de vainilla mezclado con el aroma de su piel morena recién salida de la regadera.

—¡Órale, carnal! Ya tengo todo listo —dijo ella con esa voz ronca que te ponía la verga dura al instante—. Vamos a ver Abismo de Pasion pelicula completa. Neta, me contaron que está bien intensa, con unos dramas que te dejan con el corazón en la mano.

Tú sonreíste, sintiendo cómo su culo se apretaba contra tu entrepierna mientras te guiaba al sillón de cuero negro. El aire estaba fresco gracias al aire acondicionado, pero el ambiente ya olía a anticipación, a deseo contenido. Lupita se acurrucó contra ti, sus piernas largas cruzadas sobre las tuyas, y le dio play al control remoto. La pantalla se iluminó con las imágenes vibrantes de la telenovela: pasiones prohibidas, miradas que quemaban, cuerpos que se rozaban en secreto. El sonido de las rancheras de fondo y los diálogos cargados de te amo, te odio llenaron la habitación.

Al principio, solo era el roce inocente. Su mano en tu muslo, trazando círculos lentos con las uñas pintadas de rojo. Tú sentías el calor de su palma a través de los jeans, y cada vez que la protagonista gemía de rabia o placer en la pantalla, tu pulso se aceleraba.

¿Por qué carajos esta morra me prende tanto con una pinche tele?
pensaste, mientras tu mano subía por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel bajo la blusa. Ella giró la cabeza, sus labios rozando tu oreja.

—¿Te gusta, amor? Esa Elisa es bien cabrona, pero yo te haría más daño —susurró, mordisqueándote el lóbulo. Su aliento cálido te erizó la piel, y el sabor salado de su sudor cuando la besaste por primera vez esa noche fue como un trago de mezcal puro.

La película avanzaba, el abismo de pasión se abría en la trama con traiciones y besos robados bajo la luna. Lupita se movió, sentándose a horcajadas sobre ti, su coño caliente presionando contra tu erección creciente. El short se había subido, y sentías la humedad a través de la tela delgada. Tus manos agarraron sus caderas anchas, amasándolas con fuerza, mientras ella ondulaba despacio, sincronizándose con el ritmo de la música dramática en la tele.

—Apágala un rato —le pediste, voz entrecortada—. Quiero mi propia Abismo de Pasion pelicula completa, aquí contigo.

Ella rio bajito, un sonido gutural que vibró en tu pecho, y apagó la pantalla con un clic. La habitación quedó en penumbras, solo iluminada por la luz de la luna que se colaba por las cortinas. Lupita se quitó la blusa de un tirón, dejando al aire sus tetas firmes, pezones oscuros ya duros como piedras. Tú las chupaste con hambre, saboreando el dulce salado de su piel, lamiendo hasta que ella arqueó la espalda y gimió ¡ay, cabrón!. El olor de su excitación subía desde entre sus piernas, almizclado y adictivo, como el de las flores nocturnas en Xochimilco.

La bajaste del sillón con cuidado, pero con urgencia, y la recostaste en la alfombra gruesa. Le quitaste el short, revelando su monte de Venus recortado con esmero, labios hinchados brillando de jugos. Neta, esta morra es un pinche sueño, pensaste mientras te desabrochabas el cinturón, la verga saltando libre, venosa y palpitante. Ella la miró con ojos lujuriosos, lamiéndose los labios.

—Ven, pendejo, métemela ya —ordenó, abriendo las piernas en invitación total.

Pero no fue tan rápido. Querías saborearla primero. Bajaste la boca a su coño, inhalando profundo ese aroma embriagador de mujer en celo. Tu lengua trazó su raja despacio, probando el néctar ácido y dulce que manaba de ella. Lupita se retorcía, sus manos enredadas en tu pelo, jalándote más cerca mientras jadeaba ¡qué rico, no pares, amor!. El sonido de sus fluidos al ser lamidos, chupados, era obsceno y delicioso, un concierto privado que te ponía al borde. Sus muslos temblaban contra tus mejillas, piel suave como seda contra tu barba incipiente.

El deseo crecía como una tormenta en el abismo. Lupita te empujó hacia arriba, volteándose para ponerse a cuatro patas, su culo perfecto alzado como ofrenda. Tú te arrodillaste detrás, frotando la punta de tu verga contra su entrada resbaladiza. Sentías el calor irradiando de ella, el pulso de su interior llamándote. Empujaste lento, centímetro a centímetro, gimiendo al sentir cómo sus paredes se contraían alrededor de ti, apretándote como un guante caliente y húmedo.

—¡Más fuerte, Marco! Fóllame como en la película, hazme tuya —suplicó ella, empujando hacia atrás.

Aceleraste, el slap-slap de carne contra carne llenando el aire, mezclado con sus gritos ahogados y tus gruñidos animales. Sudor corría por tu espalda, goteando sobre sus nalgas, y el olor a sexo crudo impregnaba todo. Agarraste sus tetas desde atrás, pellizcando pezones mientras la taladrabas profundo, sintiendo cómo su coño se hinchaba más, ordeñándote.

Esto es el verdadero abismo, carajo, caer en ella eternamente
, pensaste en medio del frenesí, el corazón latiéndote en los oídos como tambores aztecas.

Lupita giró la cabeza, ojos vidriosos de placer puro.

—Te amo, pendejo … no pares … me vengo …

Su orgasmo la sacudió como un terremoto, paredes convulsionando, jugos chorreando por tus bolas. Tú no aguantaste más; con un rugido gutural, te vaciaste dentro de ella, chorros calientes llenándola hasta rebosar. El mundo se redujo a esa unión, pulsos sincronizados, respiraciones entrecortadas.

Cayeron juntos al suelo, enredados en un montón de miembros sudorosos. Lupita se acurrucó contra tu pecho, su mano trazando lazy circles en tu abdomen. El aire olía a semen y a ella, a victoria compartida. Afuera, el tráfico de Reforma zumbaba lejano, pero aquí dentro solo existían sus latidos calmándose poco a poco.

—Qué chido fue eso —murmuró ella, besándote el cuello—. Mejor que cualquier Abismo de Pasion pelicula completa.

Tú reíste bajito, abrazándola fuerte. En ese momento, supiste que el verdadero abismo no era de drama ni venganza, sino de este placer infinito, de esta conexión que los unía más que cualquier guion. La noche aún era joven, y quién sabe si prenderían la tele de nuevo … o seguirían rodando su propia secuela.

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