Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Quien Es Pasion Vega La Diosa Del Placer Quien Es Pasion Vega La Diosa Del Placer

Quien Es Pasion Vega La Diosa Del Placer

6869 palabras

Quien Es Pasion Vega La Diosa Del Placer

En el corazón de Polanco, donde las luces de neón besan las ventanas de los bares elegantes, yo me encontraba solo con un tequila en la mano. La noche olía a jazmín y a humo de cigarros caros, y el ritmo de la salsa flotaba en el aire como una promesa de cuerpos entrelazados. Era una de esas veladas en las que el calor de la ciudad te hace sudar bajo la camisa, y de repente, la escuché. Una voz ronca, juguetona, preguntando al mesero: "¿Quién es Pasión Vega? Esa morra que tiene a todos locos aquí".

Me giré, curioso. ¿Quién es Pasión Vega? pensé, mientras mis ojos la buscaban entre la multitud. Y ahí estaba ella, recargada en la barra, con un vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como un amante posesivo. Su piel morena brillaba bajo las luces tenues, y su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura. Olía a vainilla y a algo más prohibido, un aroma que me erizó la piel. Sus labios carnosos se curvaban en una sonrisa pícara, y sus ojos, negros como la noche mexicana, me atraparon al instante.

Me acerqué, sintiendo el pulso acelerado en las sienes.

"¿Quién es Pasión Vega?"
le pregunté, imitando la pregunta que había oído, con una media sonrisa. Ella rio, un sonido gutural y sensual que vibró en mi pecho como un tambor. "Soy yo, wey. La que enciende el fuego en los hombres como tú", respondió, rozando mi brazo con sus uñas pintadas de rojo. Su toque fue eléctrico, un cosquilleo que bajó directo a mi entrepierna. Neta, en ese momento supe que la noche iba a cambiar todo.

Nos sentamos en una mesa apartada, con shots de tequila reposado que quemaban la garganta como lava dulce. Hablamos de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico te vuelve loco pero las noches como esta lo compensan todo. Ella era Pasión Vega, una diseñadora de moda que viajaba entre Guadalajara y aquí, con un acento norteño que me volvía loco. Su voz era como terciopelo raspado, contándome anécdotas de fiestas locas en la Zona Rosa, donde los cuerpos se rozan sin pedir permiso. Yo le confesé que era arquitecto, cansado de planos fríos, buscando algo que me hiciera sentir vivo. Cada vez que se inclinaba, su escote dejaba ver el valle perfecto de sus senos, y yo tragaba saliva, imaginando mi lengua trazando ese camino.

La tensión crecía como una tormenta de verano. Su rodilla rozaba la mía bajo la mesa, un roce casual que no lo era. "¿Sabes qué, chulo? A veces uno necesita soltar el control", murmuró, y su mano subió por mi muslo, deteniéndose peligrosamente cerca. Mi verga se endureció al instante, presionando contra los jeans. Olía su perfume mezclado con el sudor ligero de su cuello, y quise morderlo. ¿Quién es esta mujer que me tiene así de pendejo? me pregunté, pero no dije nada. Solo la miré, con el deseo ardiendo en los ojos.

Acto dos: la escalada. Salimos del bar tomados de la mano, el aire fresco de la medianoche nos envolvió como una caricia. Caminamos hasta su departamento en una torre reluciente, con vistas al skyline. Adentro, todo era lujo: sillones de piel suave, velas aromáticas a coco y canela. Me sirvió un mezcal ahumado, y nos sentamos en el balcón, con la ciudad rugiendo abajo como un amante impaciente.

Ahí, bajo las estrellas, la besé. Sus labios sabían a tequila y miel, suaves al principio, luego voraces. Su lengua danzó con la mía, explorando, reclamando. "Ven, déjame mostrarte quién soy de verdad", susurró, jalándome adentro. En la recámara, la luz tenue de una lámpara iluminaba su cuerpo mientras se quitaba el vestido. Quedó en lencería negra, transparencias que dejaban ver sus pezones erectos, duros como piedras preciosas. Mi polla latía, ansiosa, y ella lo notó, sonriendo maliciosa.

La tumbé en la cama king size, mis manos temblando de anticipación. Acaricié su piel, sedosa como el satén, desde los hombros hasta las caderas anchas. Ella gemía bajito, "Más, cabrón, tócame como hombre". Bajé a sus senos, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. Su sabor era salado, adictivo, y sus uñas se clavaban en mi espalda, dejando surcos de placer doloroso. Olía a sexo inminente, ese musk femenino que nubla la razón.

Pero no fue rápido. Pasión Vega era maestra en el arte de la provocación. Me hizo quitármela de a poquito, besando cada centímetro de mi torso.

Siento su aliento caliente en mi abdomen, bajando, bajando...
Cuando llegó a mi verga, la lamió despacio, desde la base hasta la punta, mirándome con ojos de fuego. "¿Te gusta, amor? Dime quién manda aquí". Chupé aire, ella manda, neta. Su boca era un horno húmedo, succionando con ritmo experto, mis bolas apretadas listas para explotar. Pero se detuvo, riendo. "Aún no, pendejo. Quiero sentirte dentro".

La volteé, admirando su culo redondo, perfecto. Mis dedos exploraron su coño, ya empapado, resbaloso de jugos calientes. Ella arqueó la espalda, gimiendo fuerte, "¡Sí, ahí, métemelos!". La penetré con dos dedos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía temblar. Su clítoris hinchado palpitaba bajo mi pulgar, y el sonido de sus fluidos era obsceno, chapoteante. Sudábamos juntos, el aire cargado de nuestro olor mezclado: sudor, excitación, vida pura.

La tensión llegó al pico cuando me puse encima. Ella abrió las piernas, guiándome. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretarme como un guante vivo. ¡Qué delicia, tan caliente, tan moja!. Empecé a bombear, lento al principio, luego feroz. Sus tetas rebotaban con cada embestida, y ella clavaba las uñas, gritando "¡Más duro, rómpeme, wey!". El colchón crujía, nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas. Yo gruñía, perdido en el ritmo, oliendo su cabello revuelto.

Acto tres: la liberación. El orgasmo nos golpeó como un rayo. Ella se corrió primero, su coño contrayéndose alrededor de mi verga, ordeñándome, un chorro caliente mojando las sábanas. "¡Me vengo, cabrón, no pares!". Eso me lanzó al abismo: eyaculé dentro, oleadas de placer cegador, mi semilla llenándola mientras rugía su nombre. Colapsamos, jadeantes, piel pegada a piel, corazones galopando al unísono.

En el afterglow, nos quedamos abrazados, el ventilador zumbando suave. Ella trazaba círculos en mi pecho, su voz un ronroneo: "Ahora ya sabes quién es Pasión Vega. La que te hace volar". Reí bajito, besando su frente salada. La ciudad afuera seguía su caos, pero aquí, en su cama, todo era paz ardiente. ¿Quién es Pasión Vega? Mi adicción, mi fuego eterno. Y supe que volvería por más, porque noches como esta no se olvidan. Nunca.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.