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La Pasion de Cristo Pelisplus

6385 palabras

La Pasion de Cristo Pelisplus

Era una noche de esas en la Ciudad de México, con la lluvia golpeando las ventanas del depa como si quisiera entrar a la fiesta. Yo, Ana, estaba tirada en el sillón con mi carnal Marco, mi novio de años, envueltos en una cobija suave que olía a su colonia y a mi perfume de vainilla. Habíamos cenado tacos de suadero bien jugosos, con esa salsita que pica en la lengua y te deja la boca ardiendo. "Wey, ¿qué peli echamos?", le dije, mientras él navegaba en la laptop con esa cara de concentración que me encanta.

"La Pasion de Cristo Pelisplus", soltó él de repente, con una sonrisa pícara. "Dicen que es intensa, carnal. La encontré en ese sitio pirata que siempre funciona." Reí bajito, sintiendo un cosquilleo en el estómago. No era fan de las películas religiosas, pero algo en el título me prendió. Pasión. Cristo. Sufrimiento que se convierte en éxtasis. Parecía una metáfora perfecta para lo que yo sentía por él últimamente: un deseo que me quemaba por dentro.

La pantalla se iluminó con la intro, el sonido grave de la música llenando la habitación, vibrando en mi pecho. Marco se acercó más, su brazo musculoso rodeándome la cintura, su calor traspasando la cobija. Olía a hombre, a sudor limpio mezclado con el jabón de lavanda que usa después de gym. Yo apoyé la cabeza en su hombro, mis dedos jugueteando con el borde de su playera, rozando accidentalmente su piel tibia.

¿Por qué esta peli me está poniendo así de caliente? El sufrimiento de él en la cruz, las gotas de sangre resbalando por su cuerpo... es como si viera el preludio a un orgasmo eterno.

Acto uno de nuestra noche: la escena del huerto, con Jesús sudando sangre, la traición en el aire. Sentí la mano de Marco subir por mi muslo, despacito, como si no pasara nada. Mi corazón latió más fuerte que los tambores de la banda sonora. "Está cañón esta película, ¿verdad, nena?", murmuró él en mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Asentí, mordiéndome el labio, mientras mis pezones se endurecían bajo la blusa delgada.

La tensión crecía con cada latigazo en pantalla. El chasquido del cuero contra la carne resonaba en mis oídos, y juraba que sentía el ardor en mi propia piel. Marco apretó mi muslo, sus dedos hundiéndose en la carne suave. Yo giré la cara, buscando su boca, y nos besamos con hambre. Sus labios sabían a tequila de la cena, ásperos y demandantes. Nuestras lenguas bailaron, húmedas y urgentes, mientras la película seguía rodando olvidada a medias.

Apagamos la luz principal, dejando solo el brillo azulado de la pantalla iluminando nuestros cuerpos. Acto dos: la escalada. Me subí a horcajadas sobre él, sintiendo su verga ya dura presionando contra mi panocha a través de los jeans. "Marco, wey, me estás volviendo loca", gemí, frotándome contra él. Él rio ronco, sus manos grandes subiendo por mi espalda, desabrochando mi bra. El aire fresco besó mis tetas libres, los pezones duros como piedritas.

Le quité la playera de un jalón, admirando su pecho tatuado con esa águila que tanto me gusta lamer. Mi lengua trazó los contornos, saboreando la sal de su piel, mientras él gemía bajito, "Qué rico, muñeca, no pares". Olía a deseo puro, ese aroma almizclado que sale cuando estás empapado de lujuria. Bajé la mano, desabrochando su cinturón con dedos temblorosos, liberando su verga gruesa, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta como una promesa.

Esto es mejor que cualquier crucifixión. Su pasión por mí, mi entrega total. Quiero sufrir de placer con él.

Nos quitamos la ropa a tirones, piel contra piel, el roce eléctrico enviando chispas por mi espina. Él me recostó en el sillón, besando mi cuello, mordisqueando hasta dejar marcas rojas. Bajó por mi vientre, su barba raspando deliciosamente, hasta llegar a mi concha empapada. "Estás chorreando, Ana", dijo con voz grave, y metí los dedos en su pelo negro, guiándolo. Su lengua lamió mi clítoris hinchado, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, gimiendo como loca. El sonido de la lluvia afuera se mezclaba con mis jadeos, el chapoteo húmedo de su boca devorándome.

Lo empujé hacia arriba, queriendo más. "Fóllame ya, pendejo", le supliqué, riendo entre gemidos. Él se posicionó, la cabeza de su verga rozando mi entrada, lubricada y ansiosa. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, cabrón!", grité, mis uñas clavándose en sus hombros. Empezó a moverse, embestidas profundas, el sillón crujiendo bajo nosotros.

La película seguía de fondo, ahora la coronación de espinas, pero nosotros éramos los reyes de nuestra pasión. Sudor perlando su frente, goteando sobre mis tetas, que él lamía con avidez. El olor a sexo llenaba el aire, almizcle y fluidos mezclados con la lluvia fresca colándose por la ventana entreabierta. Aceleró, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas, mis paredes apretándolo como un puño. "Ven conmigo, nena", gruñó, y yo exploté primero, el orgasmo rasgándome como un latigazo de placer, olas y olas convulsionándome, gritando su nombre.

Él se corrió segundos después, caliente y espeso dentro de mí, su cuerpo temblando sobre el mío. Nos quedamos así, jadeando, pegados por el sudor, mientras la película llegaba a su clímax en la cruz. Acto tres: el afterglow. Marco me besó la frente, suave ahora, sus dedos trazando círculos en mi espalda. "La mejor versión de La Pasion de Cristo Pelisplus que he visto", bromeó, y reímos juntos, exhaustos y felices.

Apagamos la laptop, nos acurrucamos bajo la cobija, el sonido de la lluvia calmándose como nuestro pulso. Sentí su semilla goteando entre mis muslos, un recordatorio cálido de nuestra unión. En mi mente, la pasión de esa noche se mezclaba con la del Cristo en pantalla: sacrificio por amor, redención en el éxtasis. Marco dormía ya, su respiración profunda arrullándome. Yo sonreí en la oscuridad, sabiendo que mañana buscaríamos otra peli en ese sitio, pero nada superaría esto.

La verdadera pasión no está en la cruz, está en los brazos del que amas, en el fuego que enciende tu cuerpo.

La noche nos envolvió, prometiendo más lluvias, más deseos, más nosotros.

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