Pasión Prohibida Capítulo 32 El Susurro Ardiente
Ana se recargó en la puerta de su departamento en la colonia Roma de la Ciudad de México el corazón latiéndole como tambor de mariachi en plena fiesta. La noche caía suave con ese olor a jazmín del jardín communal mezclándose con el humo lejano de unos tacos al pastor. Hacía semanas que no veía a Javier su pasión prohibida ese hombre que era el mejor amigo de su esposo y que la volvía loca con solo una mirada. Su marido estaba de viaje en Monterrey por negocios y esta era la oportunidad perfecta para ese encuentro que tanto anhelaban.
¿Cuántas veces hemos jugado con fuego Ana? Este sería el Capítulo 32 de nuestra historia secreta pensó mientras se ajustaba el vestido negro ceñido que acentuaba sus curvas generosas.Se miró en el espejo del pasillo los labios rojos brillando bajo la luz tenue y el cabello suelto cayendo en ondas oscuras. Olía a vainilla y deseo puro el perfume que siempre usaba para él.
El timbre sonó como un latido acelerado y Ana abrió la puerta con una sonrisa pícara. Ahí estaba Javier alto moreno con esa camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro en su pecho. Órale wey murmuró ella atrayéndolo adentro antes de que algún vecino chismoso los viera. Él la envolvió en sus brazos fuertes oliendo a colonia fresca y tequila ahumado de la cantina donde habían planeado el encuentro.
—Neta que te extrañé mamacita —dijo Javier con voz ronca besándole el cuello mientras cerraba la puerta con el pie. Sus manos grandes bajaron por su espalda hasta apretar sus nalgas con esa posesión juguetona que la hacía jadear.
Ana se apartó un poco solo para mirarlo a los ojos cafés intensos que prometían placer infinito. —Yo más carnal. Pero si nos cachan estamos bien jodidos —rió bajito sabiendo que el riesgo avivaba el fuego. Se besaron entonces lento al principio lenguas explorando como en su primer encuentro robado en una fiesta hace dos años. El sabor de su boca era salado dulce con un toque de limón del trago que traía en la mano.
La llevaron al sofá de terciopelo rojo donde se sentaron entre caricias. Javier le subió el vestido por los muslos revelando la piel morena suave y la tanga de encaje negro. Su toque quema como chile habanero pensó Ana mientras él lamía su clavícula bajando hasta el escote. Ella metió las manos por su camisa sintiendo los músculos duros del abdomen el calor irradiando como sol de mediodía en el desierto.
—Desnúdate para mí —susurró ella quitándole la camisa. Javier obedeció quedando en boxers ajustados que no ocultaban su erección creciente. Ana lo recorrió con los ojos bebiendo la vista de su torso esculpido por horas en el gym y esas cicatrices pequeñas de aventuras pasadas. Se arrodilló entre sus piernas besando su pecho bajando por el vientre el vello rizado cosquilleando sus labios.
El aire se cargó de tensión el sonido de sus respiraciones pesadas mezclándose con el tráfico lejano de Insurgentes. Javier la levantó cargándola como pluma hasta la recámara donde la cama king size esperaba con sábanas de algodón egipcio. La tumbó suave pero urgente despojándola del vestido. Ahora desnuda salvo la tanga Ana sintió el fresco del ventilador en su piel erizada y el peso de sus ojos devorándola.
Middle Act Escalation La pasión subió de tono cuando Javier se quitó los boxers liberando su verga dura venosa palpitante. Ana la tomó en la mano sintiendo el calor el pulso acelerado como su propio corazón. —Estás chingón —dijo ella lamiendo la punta saboreando el precum salado mientras él gemía ahhh pinche diosa. Él la volteó poniéndola a cuatro patas besando su espalda arqueada oliendo el aroma almizclado de su excitación.
Sus dedos expertas encontraron su clítoris hinchado frotando en círculos que la hicieron arquearse gimiendo alto.
Esto es nuestra pasión prohibida Capítulo 32 el clímax de tantos susurros robados pensó Ana mientras el placer subía como ola en Acapulco.Javier introdujo dos dedos en su panocha húmeda resbaladiza moviéndolos con ritmo experto tocando ese punto que la volvía loca. Ella empujaba contra su mano el sonido chapoteante llenando la habitación junto a sus jadeos.
—Te quiero adentro ya wey —rogó Ana volteándose para mirarlo. Él se colocó entre sus piernas frotando la cabeza de su verga contra sus labios vaginales untándose de sus jugos. Entró despacio centímetro a centímetro estirándola deliciosamente. Ana sintió cada vena cada pulgada llenándola por completo el roce contra sus paredes internas enviando chispas de placer.
Empezaron a moverse él embistiendo profundo ella clavando las uñas en su espalda dejando marcas rojas. El sudor perlaba sus cuerpos brillando bajo la luz de la lámpara el olor a sexo crudo impregnando el aire. Javier chupaba sus tetas duras los pezones erguidos como botones rosados mordisqueando suave para hacerla gritar. —¡Más fuerte pendejo! —exigía ella envolviendo las piernas alrededor de su cintura atrayéndolo más hondo.
Cambiaron posiciones Ana encima cabalgándolo como amazona montando su verga con furia. Sus caderas giraban moliendo el clítoris contra su pubis el placer acumulándose en espiral. Javier apretaba sus nalgas guiándola arriba abajo arriba abajo gruñendo como animal en celo. El sonido de piel contra piel era rítmico obsceno perfecto.
La tensión creció insoportable Ana sintió el orgasmo acercándose ese nudo en el vientre desenredándose. —Me vengo Javier ¡órale! —chilló convulsionando alrededor de su verga ordeñándolo con contracciones potentes. Él la siguió segundos después eyaculando dentro chorros calientes inundándola mientras rugía su nombre.
Colapsaron jadeantes cuerpos entrelazados sudorosos pegajosos. Javier la besó tierno lamiendo el sudor de su cuello. Ana acurrucada en su pecho escuchaba su corazón galopante calmándose poco a poco.
En este Capítulo 32 de nuestra pasión prohibida nos arriesgamos todo por este éxtasis ¿valdrá la pena el secreto eterno?pensó ella trazando círculos en su piel.
Se quedaron así en afterglow el cuarto oliendo a semen y vainilla la luna filtrándose por las cortinas. Javier susurró promesas de más encuentros futuros mientras Ana sonreía sabiendo que esta llama prohibida no se apagaría fácil. Mañana volverían a sus vidas normales él al lado de su compadre ella la esposa perfecta pero en el alma ardía este fuego mexicano indomable.
Se despidieron al amanecer con un beso largo cargado de promesas. Ana cerró la puerta sintiendo el vacío placentero el cuerpo saciado pero el deseo ya latiendo por el próximo capítulo.