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Diario de una Pasion Online Desbordante

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Diario de una Pasion Online Desbordante

Todo empezó una noche de esas en que el calor de la Ciudad de México te hace sudar hasta el alma. Yo, Ana, una morra de veintiocho pirulos trabajando en una oficina del centro, me la pasaba chateando en una app de esas para ligues casuales. Neta, no buscaba nada serio, solo un rato de diversión para olvidar el pinche estrés del jale. Ahí lo encontré a él: Diego, un wey de Guadalajara que pintaba para galán en sus fotos, con esa sonrisa pícara y ojos que prometían travesuras.

La primera plática fue ligera, como un trago de chela fría en pleno verano. Hablamos de la vida, de lo chido que era el pozole de su tierra y cómo extrañaba el de aquí. Pero pronto el tono cambió. Sus mensajes empezaron a calentar el ambiente: "Imagínate mis manos recorriendo tu piel morena, Ana, mientras te susurro al oído lo que te haría". Sentí un cosquilleo en el estómago, de esos que te suben por la espalda y te erizan la nuca. Respondí coqueta: "Muéstrame, güey, no seas menso". Y así nació mi diario de una pasion online, un cuaderno digital donde anotaba cada detalle para no perderme en el vértigo.

Hoy, 15 de julio. Diego me mandó un audio que me dejó mojadita. Su voz ronca describiendo cómo me besaría el cuello, bajando lento hasta mis chichis. ¡Qué rico! Me toqué pensando en él, imaginando su verga dura contra mi muslo. Neta, esta pasión online me tiene loca.

Los días siguientes fueron una escalada de deseo. Cada notificación de su chat era como un latido acelerado en mi clítoris. Compartíamos fotos subidas de tono: yo en lencería negra que realzaba mis curvas, él sin camisa mostrando ese pecho tatuado con un águila chida. Las videollamadas nocturnas se volvieron rutina. La pantalla se llenaba de su imagen, sudoroso y jadeante, mientras se pajeaba para mí. El sonido de su respiración entrecortada, ese slap slap de su mano contra la piel, y el olor imaginado a macho excitado... Yo me recostaba en mi cama, con las luces bajas del depa iluminando mi cuerpo desnudo, abriendo las piernas para que viera mi concha rosada y húmeda.

"Mírate, Ana, tan rica y mojada por mí. Quiero lamerte hasta que grites", me decía con esa voz que me ponía la piel de gallina. Mis dedos jugaban con mis labios hinchados, frotando el clítoris en círculos lentos, mientras gemía su nombre. El clímax llegaba en oleadas, mi cuerpo convulsionando, el sabor salado de mis propios jugos en la lengua cuando me los llevaba a la boca. Pero no era suficiente. Quería sentirlo de verdad, su peso sobre mí, su verga abriéndome entera.

20 de julio. Hoy en la video nos vinimos juntos. Grité como loca cuando exploté, viendo cómo su leche salpicaba su abdomen. Pinche Diego, me tienes enganchada. Esta diario de una pasion online ya pide más que pantallas. ¿Y si nos vemos?

La tensión crecía como el tráfico en Insurgentes a las seis. Hablamos de vernos, pero el miedo al rechazo me frenaba. ¿Y si en persona no es lo mismo? ¿Y si es un pendejo mentiroso? Él insistía, con mensajes tiernos que me derretían: "Ven a Guadalajara, morra, te invito tacos al pastor y luego te como a ti de postre". Al final, cedí. Compré boleto de avión para el fin de semana. El corazón me latía como tamborazo zacatecano mientras empacaba, oliendo mi perfume favorito, ese con notas de vainilla que siempre me hace sentir sexy.

El aeropuerto de GDL era un hervidero de gente, pero lo vi de inmediato: alto, moreno, con jeans ajustados que marcaban su paquete y una playera blanca que dejaba ver sus bíceps. Me abrazó fuerte, su olor a colonia fresca y hombre me invadió las fosas nasales. ¡Órale, qué rico huele! En su coche rumbo al hotel, su mano en mi muslo subía poco a poco, rozando el borde de mi falda corta. El roce de sus dedos callosos contra mi piel suave me erizó todo. Paramos en un semáforo y me besó, su lengua invadiendo mi boca con urgencia, saboreando a menta y deseo puro.

En la habitación del hotel, con vista a la catedral iluminada, la pasión estalló. Nos desnudamos con prisa, pero él se tomó su tiempo admirándome. "Eres más chingona en persona, Ana. Mira esas tetas perfectas, esa panocha que brilla para mí". Cayó de rodillas, su aliento caliente en mi monte de Venus. Lamidas lentas, su lengua plana recorriendo mis labios mayores, succionando el clítoris como si fuera un dulce de tamarindo. Gemí alto, agarrando su cabello negro, el sonido de mi humedad chupada llenando la habitación. El sabor de mí en su boca, mezclado con su saliva... Me corrí temblando, chorros calientes salpicando su barbilla.

25 de julio, Guadalajara. ¡Lo logramos! Su lengua en mi coño fue el cielo. Ahora me tiene boca abajo, su verga gorda empujando mi entrada. Esta diario de una pasion online se hace real, carnal, inolvidable.

Me volteó, penetrándome de una embestida profunda. Su verga gruesa me llenaba, estirándome deliciosamente, el roce de venas contra mis paredes internas enviando chispas de placer. ¡Qué chido, wey, fóllame más duro! Empujaba rítmico, sus bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas, el olor a sexo impregnando el aire – sudor, fluidos, piel caliente. Mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas, mientras él mordisqueaba mi cuello, gruñendo: "Te sientes tan apretada, tan mía". Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como jinete en palenque, mis chichis rebotando, su mirada clavada en ellas. El clímax nos alcanzó juntos; él se hinchó dentro, llenándome de su leche espesa y caliente, mientras yo gritaba, contrayéndome en espasmos interminables.

Después, enredados en las sábanas revueltas, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El silencio roto solo por nuestras respiraciones sincronizadas y el lejano bullicio de la ciudad. Me acariciaba el cabello, besando mi frente. Neta, esto fue más que sexo; fue conexión. Hablamos de futuro, de visitas mutuas, de cómo nuestra pasión online se convirtió en algo tangible, ardiente.

Fin de semana perfecto. Diego no es un sueño, es real y mío. Este diario de una pasion online cierra un capítulo, pero abre mil más. Mañana regreso a DF, con su sabor en mí y promesas en el aire.

El vuelo de regreso fue soñoliento, con su sudadera envolviéndome como un abrazo. Ahora, de vuelta en mi rutina, cada recuerdo despierta mariposas: el tacto de su piel áspera, el gemido gutural al correrse, el aroma de nuestro amor. Sé que no es el fin; ya planeamos la próxima. Esta pasión online nos unió, pero lo físico nos ató para siempre.

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