Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras El Valor de la Pasión en una Empresa El Valor de la Pasión en una Empresa

El Valor de la Pasión en una Empresa

6491 palabras

El Valor de la Pasión en una Empresa

Entré a la sala de juntas de ValorCorp con el corazón latiéndome a mil por hora. El aire acondicionado zumbaba bajito, pero no lograba enfriar el bochorno de esa mañana de julio en la Ciudad de México. Olía a café recién molido y a perfume caro, de esos que usan los ejecutivos para impresionar. Yo, Ana López, llevaba mi falda lápiz negra ajustada y una blusa blanca que marcaba justo lo necesario. Tenía veintiocho años, cinco de trepando en esta empresa de consultoría, y hoy era el día en que presentaban los nuevos valores corporativos.

El valor de la pasión en una empresa es lo que nos diferencia —dijo Marco Ruiz, el nuevo director general, con esa voz grave que parecía acariciar el aire. Era alto, moreno, con ojos cafés intensos y una sonrisa que prometía problemas. Venía de Guadalajara, neta güey, con acento tapatío que me erizaba la piel—. No se trata solo de números, carnales. Se trata de arder por lo que hacemos.

Sus palabras me dieron un vuelco. Lo miré fijo mientras explicaba, imaginando ese fuego en otro lado.

¿Qué pedo, Ana? Cálmate, no seas pendeja
, me dije, pero mis pezones se endurecieron bajo la blusa. Él recorrió la sala con la mirada y se detuvo en mí un segundo de más. Sentí un cosquilleo en el estómago, como cuando comes chile en nogada y te quema hasta el alma.

La junta terminó y todos aplaudimos. Me levanté, recogiendo mis papeles, cuando su voz me detuvo.

—Ana, ¿puedes quedarte un momento? Quiero platicar del proyecto de expansión.

Quedé sola con él. El sol se colaba por las persianas, pintando rayas doradas en su camisa azul, que se pegaba un poquito a su pecho musculoso. Olía a colonia con notas de sándalo y algo masculino, sudor limpio. Se acercó, y el calor de su cuerpo me envolvió.

—Tú eres la que maneja los reportes financieros, ¿verdad? Neta, impresionante lo que has hecho aquí.

—Gracias, Marco. Solo pongo pasión en lo que hago —respondí, juguetona, mordiéndome el labio sin querer.

Él rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi entrepierna.

Ya valió, este güey me trae loca
. Hablamos media hora, rozando ideas y accidentalmente manos. Al final, me invitó a una chela después del trabajo para "alinearnos mejor". Dije que sí, obvio.

El resto del día fue un desmadre de correos y llamadas. Cada vez que pensaba en él, sentía un pulso caliente entre las piernas. La oficina bullía: teclados tecleando, teléfonos sonando, risas lejanas. Pero yo solo oía mi respiración agitada.

Acto dos: esa noche, después de unas coronitas en el bar de la esquina —de esos con mesas de madera y cumbias sonando de fondo—, volvimos a la oficina. "Para revisar unos números", dijo él. Pero neta, los números eran lo de menos. La torre estaba casi vacía, solo el guardia en la planta baja y el zumbido de las luces fluorescentes.

Entramos a su oficina ejecutiva, con ventanales al skyline de Reforma. Cerró la puerta con llave, y el clic fue como una promesa. Se quitó la corbata, aflojando el cuello de la camisa. Yo me senté en el borde del escritorio, cruzando las piernas despacio.

—Ana, desde la junta no dejo de pensar en ti. Ese valor de pasión en una empresa... contigo se siente real.

Me paré, acercándome. Nuestros cuerpos casi se tocaban. Sentí su aliento cálido en mi cuello, oliendo a cerveza y deseo. —Pruébalo, entonces —susurré, y lo besé.

Fue como chispas. Sus labios firmes, lengua juguetona saboreando a lima de la chela. Me levantó en brazos, sentándome en el escritorio. Papeles volaron, pero qué importa. Sus manos grandes subieron por mis muslos, arrugando la falda. Tocaba mi piel suave, erizándola.

¡Órale, qué chingón se siente esto!
Gemí bajito cuando desabotonó mi blusa, exponiendo mis tetas en encaje negro. Él las miró con hambre, lamiendo un pezón. El roce húmedo, caliente, me arqueó la espalda.

—Eres una diosa, Ana —murmuró, voz ronca. Bajó mi tanga despacio, oliendo mi excitación, ese aroma almizclado que lo volvió loco. Metió dos dedos en mi panocha ya empapada, moviéndolos con ritmo experto. Sentí cada vena de sus nudillos rozándome por dentro, el jugo chorreando. Jadeaba, clavando uñas en sus hombros anchos.

Lo empujé contra el sofá de cuero. Me arrodillé, desabrochando su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con una gota perlada en la punta. Olía a hombre puro, limpio. La lamí desde la base, saboreando sal y piel caliente. Él gruñó, enredando dedos en mi pelo. —¡Qué rico, carnala! —Chupé más hondo, garganta relajada, sintiendo cómo palpitaba contra mi lengua.

Pero quería más. Me subí encima, guiándolo dentro. Lentito, para sentir cada centímetro estirándome. Estábamos sudados, piel pegajosa, resbalando. Empecé a mover caderas, cabalgándolo con furia. Él me apretaba el culo, guiando el ritmo. Sonidos de carne chocando, jadeos, el sofá crujiendo. Olía a sexo, a nosotros mezclados.

Esto es el verdadero valor de la pasión en una empresa, pendejos
, pensé entre orgasmos que me sacudían como temblores.

Me volteó, poniéndome a cuatro sobre el escritorio. Entró de nuevo, profundo, golpeando mi clítoris con cada embestida. Grité su nombre, mordiendo mi labio para no alertar al guardia. Sus bolas chocaban contra mí, sudor goteando. —¡Ven, Ana, dame todo! —rugió. Exploto dentro, caliente, llenándome mientras yo colapsaba en olas de placer.

Quedamos tirados en el suelo alfombrado, respirando pesado. Su pecho subía y bajaba contra mi espalda, corazón galopando al unísono con el mío. El aire olía a semen, perfume y victoria. Me besó el hombro, suave.

—Esto no fue planeado, pero neta fue lo mejor que me ha pasado en esta empresa.

Me volteé, mirándolo a los ojos. —El valor de la pasión en una empresa no es solo trabajo, Marco. Es esto. Nosotros.

Nos vestimos riendo bajito, recogiendo el desmadre. Salimos tomados de la mano, el amanecer tiñendo el cielo de rosa. Caminamos hacia Polanco, planeando el siguiente "proyecto". Sabía que esto cambiaba todo: mi carrera, mi vida. Pero qué chido, ¿no? La pasión no se mide en números, se siente en la piel, en el alma. Y en ValorCorp, acababa de encontrarla de verdad.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.