Pasión Ardiente en una Empresa
En las oficinas de TechMex en Polanco, el aire siempre olía a café recién molido y a ese perfume caro que usaba todo el mundo para impresionar. Yo, Ana, llevaba tres años ahí como asistente ejecutiva, y cada día era una batalla contra el aburrimiento y las miradas de mis compañeros. Pero él, Javier, el gerente de proyectos, era diferente. Alto, con esa barba perfectamente recortada y ojos cafés que te desnudaban con solo un parpadeo. Neta, desde el primer día que lo vi en la junta, sentí un cosquilleo en el estómago que no se iba.
Era lunes por la mañana, y el sol se colaba por las ventanales del piso 15, calentando el piso de mármol. Yo revisaba correos en mi escritorio cuando Javier pasó con su traje gris impecable, oliendo a colonia fresca y algo más... masculino.
"Ana, ¿vienes a la reunión de las cinco? Necesito tu input en el proyecto nuevo."Su voz grave me erizó la piel. Asentí, sintiendo cómo mis pezones se endurecían bajo la blusa blanca. Órale, ¿por qué me pasa esto con él?
La tensión empezó a crecer esa semana. En las juntas, sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa de conferencias, y cada roce era como una descarga eléctrica. El sonido de sus dedos tecleando en el laptop me ponía nerviosa, imaginando esas manos en mi cuerpo. Una noche, quedamos solos terminando un reporte. El edificio estaba vacío, solo el zumbido de las luces fluorescentes y el tic-tac del reloj. Olía a papel nuevo y a su sudor ligero después de un día largo.
Acto uno completo, pensé, pero la realidad era que mi cuerpo gritaba por más. Javier se acercó, su aliento cálido en mi cuello mientras revisábamos la pantalla.
"Ana, eres la mejor en esto. No sé qué haría sin ti."Su mano rozó mi muslo accidentalmente... o no. Sentí el calor subir por mis piernas, mi concha humedeciéndose al instante. Lo miré, y en sus ojos vi el mismo fuego.
El viernes, la pasion en una empresa explotó. Habíamos ganado un contrato grande, y la oficina se vació temprano para celebrar en el bar de abajo. Yo me quedé, pretextando papeleo. Javier regresó con una botella de tequila reposado.
"Para festejar, carnalita."Brindamos, el licor quemando mi garganta, aflojando mis inhibiciones. Nos sentamos en el sofá de la sala de juntas, las luces bajas creando sombras juguetona en su rostro.
Su rodilla presionó contra la mía, y esta vez no fue accidente. ¿Qué chingados estoy haciendo? me dije, pero mi mano ya estaba en su muslo firme. Él sonrió, esa sonrisa pícara que me derretía.
"Ana, desde que te vi, no dejo de pensar en ti. En cómo hueles, en cómo te mueves."Sus palabras eran como miel caliente, y antes de pensarlo, mis labios estaban en los suyos. Beso suave al principio, saboreando el tequila en su lengua, luego feroz, con dientes mordiendo y lenguas enredándose. Olía a deseo puro, a feromonas que llenaban la habitación.
Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando mi sostén con maestría. Lo tiré al piso, y él gimió al ver mis tetas libres, pezones duros como piedras. ¡Qué rico! Los chupó con hambre, su lengua girando, succionando hasta que arqueé la espalda, gimiendo bajito. El sonido de mi propia voz me excitó más, eco en la oficina vacía. Mis uñas arañaron su camisa, quitándosela para sentir su pecho velludo, caliente contra mi piel.
Me levantó como si no pesara nada, sentándome en la mesa de juntas. Papeles volaron, pero qué importaba. Bajó mi falda, besando mis muslos internos, oliendo mi excitación.
"Estás empapada, mamacita. Hueles delicioso."Su aliento en mi chucha me hizo temblar. Lamidas lentas, saboreándome como si fuera el mejor postre, su lengua entrando y saliendo, chupando mi clítoris hasta que vi estrellas. Grité su nombre, las piernas temblando, el corazón latiéndome en los oídos.
Pero quería más. Lo jalé hacia mí, desabrochando su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, sintiendo su pulso acelerado, el calor irradiando. Puta madre, qué grande, pensé, lamiéndola desde la base hasta la punta, saboreando su salado. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo.
"Sí, así, chula. Chúpamela toda."La tragué profunda, garganta relajada, el sonido obsceno de saliva y gemidos llenando el aire.
La intensidad subía. Me puso de pie, volteándome contra la mesa. Su cuerpo pegado al mío, verga frotándose en mi culo.
"¿Quieres que te coja, Ana? Dime."Sí, pendejo, cógeme ya, respondí jadeante. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El dolor placer me hizo morder mi labio, sangre en la lengua. Empezó a moverse, lento al principio, cada embestida golpeando profundo, sus bolas chocando contra mí con un slap slap húmedo.
El sudor nos cubría, piel resbalosa, olor a sexo crudo mezclándose con el aroma del cuero del sofá cercano. Aceleró, manos en mis caderas, tirando de mi pelo. Soy tuya, pensé, empujando contra él, queriendo más. Gemidos sincronizados, el escritorio crujiendo bajo nosotros. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola en mi vientre, clítoris rozando la madera.
Volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo en el sofá. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. Rebotaba fuerte, su verga tocando mi punto G cada vez.
"¡Me vengo, Javier!"Explosé, concha contrayéndose, jugos chorreando por sus bolas. Él rugió, llenándome con chorros calientes, profundo dentro.
Colapsamos, jadeando, cuerpos entrelazados. El aire olía a nosotros, a semen y sudor dulce. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Esto fue la pasion en una empresa más loca de mi vida, reflexioné, su cabeza en mi pecho. Limpiamos el desastre riendo bajito, prometiendo discreción pero sabiendo que repetiríamos.
Semanas después, en juntas, nuestras miradas se cruzaban con promesas mudas. La oficina ya no era solo trabajo; era nuestro playground secreto. Y cada roce, cada sonrisa, avivaba el fuego. Qué chingonería, pensé, lista para la próxima ronda de pasión ardiente en la empresa.