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Mc Davo Juegos de Pasion Letra en Carne Viva

6171 palabras

Mc Davo Juegos de Pasion Letra en Carne Viva

La fiesta en la casa de mi carnal en Polanco estaba a todo lo que daba. Luces neón parpadeando al ritmo del reggaetón, el olor a tacos de suadero flotando desde la terraza y el sudor mezclado con perfume caro impregnando el aire. Yo, Ana, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, bailaba sola cuando de repente el DJ soltó la rola de Mc Davo Juegos de Pasion. Esa letra me erizó la piel al instante: "juegos de pasión, que me queman la piel", canturreé bajito, sintiendo un cosquilleo entre las piernas.

Ahí fue cuando lo vi. Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba problemas chidos. Se acercó con una chela en la mano, sus ojos clavados en mí como si ya supiera todos mis secretos. "Órale, morra, ¿te late la letra de Mc Davo?", me dijo, su voz grave retumbando sobre la música. Neta, el wey sabía la letra de memoria. Empezamos a cantar juntos, pegaditos, su aliento cálido rozando mi oreja. "Tu cuerpo es mi adicción, no puedo parar", murmuró, y su mano rozó mi cintura. El calor de su palma se filtró a través de la tela, despertando un fuego que ya ardía adentro.

¿Qué pedo? Este pendejo me tiene mojadita con solo unas palabras de la canción.

Nos quedamos platicando en un rincón, lejos del relajo. Él era DJ freelance, fanático de Mc Davo como yo. Me contó que se había tatuado un pedacito de la letra en el antebrazo: "juegos de pasión". Lo vi de cerca, la tinta negra contrastando con su piel bronceada, y no pude evitar trazarla con el dedo. Su músculo se tensó bajo mi toque, y sentí su pulso acelerado. "¿Quieres ver más?", susurró, con esa mirada que prometía todo. El deseo me nublaba la cabeza; el aroma de su colonia, mezcla de sándalo y macho, me mareaba. Le dije que sí con un beso robado, nuestros labios chocando suaves al principio, luego hambrientos, lenguas danzando como en un juego prohibido.

Salimos de la fiesta sin despedirnos. Su troca estaba estacionada cerca, y en el camino a su depa en la Roma, la letra de Mc Davo Juegos de Pasion letra sonaba en loop en su cel. Cantábamos a gritos, riendo, pero la tensión crecía. Su mano en mi muslo subía despacio, dedos juguetones rozando el borde de mi tanga. "No mames, Ana, ya te quiero toda", gruñó, y yo solo gemí bajito, sintiendo mi centro palpitar.

Al llegar, la puerta se cerró con un clic que sonó como el inicio de algo épico. Su depa era chido: loft con ventanales enormes, vista a las luces de la ciudad, velas aromáticas encendidas que olían a vainilla y deseo. Me empujó suave contra la pared, besándome el cuello mientras sus manos exploraban mis curvas. Quitó mi vestido con urgencia, pero sin rudeza, besando cada centímetro de piel que liberaba. "Eres perfecta, como la letra que me obsesiona", dijo, recitando: "tu boca en mi piel, fuego que no se apaga". Sus labios bajaron a mis pechos, chupando mis pezones duros como piedras, enviando descargas eléctricas directo a mi panocha.

¡Qué chingón se siente! Su lengua es puro pecado, me tiene temblando.

Lo jalé al sillón, queriendo mi turno. Le arranqué la playera, admirando su torso marcado, ese tatuaje latiendo bajo mis uñas. Bajé sus jeans, liberando su verga gruesa, venosa, ya dura como fierro. La tomé en mi mano, sintiendo su calor pulsante, el sabor salado cuando la lamí desde la base hasta la punta. Él jadeó, enredando sus dedos en mi pelo: "¡Neta, morra, me vas a matar!". La chupé despacio, saboreando su pre-semen, girando la lengua alrededor del glande mientras él recitaba la letra entre gemidos: "juegos de pasión, que me vuelven loco". El sonido de su voz ronca, mezclada con mis slurps húmedos, llenaba el cuarto.

Pero no quería acabar así. Lo empujé al piso, montándome encima, frotando mi humedad contra su dureza. Nuestros cuerpos resbalaban de sudor, el olor a sexo crudo invadiendo el aire. "Entra en mí, Diego, ya no aguanto", le rogué, guiándolo adentro. ¡Ay, wey! Su verga me llenó completa, estirándome delicioso, golpeando ese punto que me hace ver estrellas. Empezamos a movernos, lento al principio, sintiendo cada roce, cada vena frotando mis paredes. Sus manos en mis nalgas, amasando, guiándome más profundo. El slap de piel contra piel, mis pechos rebotando, su aliento caliente en mi cara.

La tensión subía como una ola. Aceleramos, yo cabalgándolo salvaje, clavando uñas en su pecho. Él volteó, poniéndome de perrito, embistiéndome fuerte, su vientre chocando mi culo. "¡Más, cabrón, dame todo!", grité, y él obedeció, una mano en mi clítoris, frotando círculos perfectos. Sentía el orgasmo construyéndose, mis músculos apretándolo, el mundo reduciéndose a su verga dentro de mí, su olor, su sabor en mi boca aún. Recitó la letra completa ahora, voz entrecortada: "Mc Davo juegos de pasion letra que nos une en este fuego". Eso me voló la cabeza.

¡Ya viene, ya viene! Es como explotar en mil pedazos de placer.

Explotamos juntos. Mi coño se contrajo en espasmos violentos, chorros de jugo empapando sus bolas, mientras él se vaciaba dentro, caliente, espeso, gruñendo mi nombre. Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa, corazones tronando al unísono. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón calmarse, oliendo nuestro amor mezclado con el humo de las velas. "Qué pedo tan chido fue eso", murmuró, besándome la frente.

Nos quedamos así un rato, platicando de la rola que nos juntó. La letra de Mc Davo se había grabado en nuestra piel esa noche, como un tatuaje invisible. No era solo sexo; era conexión, pasión real, de esas que te dejan marcada. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, supe que esto era el inicio de más juegos. Me vestí despacio, él mirándome con ojos hambrientos otra vez. "Vuelve pronto, Ana, que la letra pide round dos". Sonreí, saliendo con las piernas temblorosas, el sabor de él aún en mis labios, el eco de la canción en mi alma.

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