Frases Sobre Pasión Por Lo Que Haces
El sol de Guadalajara se colaba por las cortinas entreabiertas de mi departamento en la colonia Chapalita, pintando todo de un naranja cálido que hacía que el aire oliera a jazmín del jardín de abajo. Yo, Karla, acababa de terminar mi clase de salsa en el estudio del fondo, con el cuerpo todavía vibrando de ese ritmo que me enciende por dentro. Sudor perlando mi piel morena, el top pegado a mis curvas, shortcito ajustado que deja ver las piernas tonificadas de tanto bailar. Qué chido es esto, pensé, secándome el cuello con una toalla. La pasión por lo que haces te hace sentir viva, como si cada movimiento fuera un fuego que no se apaga.
Ahí estaba él, Diego, recargado en el marco de la puerta con esa sonrisa pícara que me deshace. Alto, fornido, con esa barba recortada y ojos cafés que me miran como si yo fuera el postre más rico del mundo. Trabaja como chef en un restaurante fancy del centro, y siempre dice que la cocina es su vicio, pero yo sé que conmigo se prende más. "Karla, nena, verte bailar es como probar un mole bien hecho: intenso, adictivo", me dijo acercándose, su voz ronca rozándome los oídos como una caricia.
Me reí, tirando la toalla al suelo. Su olor a especias y hombre llegó hasta mí, ese mix de cilantro fresco y algo más salvaje, su piel tostada oliendo a limón de su colonia barata pero que me vuelve loca. "Tú y tus metáforas, pendejo", le contesté juguetona, pero mi corazón ya latía fuerte, el pulso acelerado en las sienes. Él se acercó más, sus manos grandes rozando mis caderas, el calor de sus palmas filtrándose a través de la tela delgada. "Es en serio, mi amor. Hay frases sobre pasión por lo que haces que se me ocurren viéndote: 'La pasión por lo que haces te hace brillar como nadie'. Y tú brillas, Karla, como una pinche estrella."
Nos quedamos así un rato, bailando sin música, mis pechos rozando su pecho firme, el sonido de nuestras respiraciones mezclándose con el tráfico lejano de la avenida. Su aliento caliente en mi cuello, olía a café de la mañana y a deseo contenido. Sentí su erección presionando contra mi vientre, dura, prometedora, y un cosquilleo húmedo se despertó entre mis piernas.
¿Por qué carajos me afecta tanto este carnal?pensé, mientras mis manos subían por su espalda, arañando suave la camiseta húmeda de sudor.
Acto seguido, sus labios capturaron los míos en un beso que empezó tierno, saboreando el salado de mi piel, pero pronto se volvió hambriento. Lenguas enredándose, el gusto dulce de su boca explorando la mía, chupando mi labio inferior hasta que gemí bajito. "Diego... qué rico besas, wey", murmuré contra su boca, y él rio, esa risa grave que vibra en mi pecho. Me levantó en brazos como si no pesara nada, mis piernas envolviéndolo por instinto, el roce de su paquete contra mi centro enviando chispas por mi espina.
Me llevó a la recámara, la cama king size con sábanas blancas revueltas oliendo a lavanda y a nuestras noches pasadas. Me tiró suave, gateando sobre mí, sus ojos devorándome. "Quiero verte moverte para mí, como en tus clases", susurró, quitándome el top de un jalón. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada. El aire fresco los erizó más, y él se lanzó, mamándolos con hambre, lamiendo círculos que me arquearon la espalda. El sonido de su succión, húmedo y obsceno, me mojó entera.
"Dios, Karla, la pasión por lo que haces con tu cuerpo... me mata", gruñó, bajando besos por mi panza, mordisqueando la piel sensible. Sus manos desabrocharon mi short, deslizándolo con mi tanga, exponiendo mi coñito depilado, ya brillando de jugos. Olía a mí, a excitación pura, almizclada y dulce. Él inhaló profundo, ojos cerrados en éxtasis. "Hueles a pecado, nena. Una de esas frases sobre pasión por lo que haces: 'Ama lo que haces y hazlo con todo'."
Me abrió las piernas, su lengua plana lamiéndome desde el ano hasta el clítoris en una pasada lenta que me hizo gritar. Sabor salado y dulce en su boca, yo saboreándolo mientras él me devoraba. Gemí fuerte, agarrando sus mechones negros, empujándolo más adentro. "¡Sí, Diego, así, no pares, cabrón!" Sus dedos entraron, dos gruesos curvándose contra mi punto G, mientras su lengua azotaba mi botón hinchado. El sonido chapoteante de mi humedad, mis jugos chorreando por sus nudillos, el calor subiendo por mis muslos. Mi primer orgasmo me dobló, olas de placer convulsionándome, gritando su nombre mientras él lamía todo, bebiendo mi corrida como si fuera el elixir de la vida.
Pero no paró. Me volteó boca abajo, azotando suave mis nalgas redondas, el escozor delicioso mezclándose con el ardor entre mis piernas. "Ahora muévete para mí, baila en mi verga", ordenó juguetón, y yo, aún temblando, me puse de rodillas, meneando el culo contra su paquete liberado. Su polla saltó, venosa, cabezota morada goteando precum que olía almendrado. La tomé en mano, piel aterciopelada sobre acero, masturbándolo lento mientras él gemía ronco.
Lo amo así, apasionado, entregado a lo que hace conmigo, pensé, mientras lo montaba reversa, su verga abriéndose paso en mi canal apretado, centímetro a centímetro. El estirón ardiente, el roce de sus bolas peludas contra mi clítoris, me llenó por completo. Empecé a cabalgar, salsa en las caderas, arriba-abajo, rebotando con palmadas húmedas de carne contra carne. Él agarraba mis caderas, guiándome, gruñendo "¡Qué chingón te sientes, Karla! Pura pasión por lo que haces... fóllame así, mi reina."
El sudor nos cubría, gotas rodando por mi espalda, su pecho resbaloso contra mí cuando me volteó para misionero. Piernas sobre sus hombros, embistiéndome profundo, el ángulo golpeando mi cervix con placer punzante. Olor a sexo denso, almizcle y sudor, sonidos de gemidos y piel chocando, "¡Ah! ¡Sí! ¡Más duro, Diego!" Mis uñas en su espalda, trazando surcos rojos. Él sudaba profuso, gotas cayendo en mis tetas, lamiéndolas yo misma en la fiebre.
La tensión crecía, mis paredes apretándolo, ordeñándolo. "Me vengo, nena... contigo", jadeó, y aceleró, pistoneando brutal pero amoroso. Mi segundo clímax explotó, visión blanca, coño convulsionando, chorros calientes mojando sus bolas. Él rugió, hinchándose dentro, chorros calientes pintando mis paredes, llenándome hasta rebosar. Colapsamos, su peso cálido sobre mí, polla ablandándose aún dentro, pulsos compartidos latiendo al unísono.
Después, en el afterglow, pieles pegajosas enfriándose, él besó mi frente, riendo suave. "Sabes, hay tantas frases sobre pasión por lo que haces, pero la mejor es esta: lo que hacemos juntos es lo que más amo." Yo sonreí, trazando su pecho con dedo húmedo, oliendo nuestro amor en las sábanas. El sol ya bajaba, pero el fuego en nosotros ardía eterno. Pasión por lo que haces, por lo que somos. Qué chido es la vida cuando la vives así, entera, sin reservas.