Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Qué Son Las Pasiones Qué Son Las Pasiones

Qué Son Las Pasiones

6849 palabras

Qué Son Las Pasiones

Entras al bar de la Condesa con el corazón latiendo fuerte, el aire cargado de ese olor a tequila reposado y jazmín que flota desde las mesas. La música ranchera moderna retumba suave, con un DJ que la mezcla con beats electrónicos, y las luces neón pintan las caras de la gente en tonos rosados y azules. Tú, con ese vestido negro ceñido que abraza tus curvas como un amante impaciente, sientes las miradas clavadas en ti. Neta, hoy me la voy a pasar chido, piensas mientras pides un paloma en la barra, el hielo crujiendo bajo el chorro de soda.

Ahí está él, Diego, recargado en la barra con una camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Sus ojos cafés te barren de arriba abajo, y cuando sonríe, con esa dentadura perfecta, sientes un cosquilleo en el estómago. Órale, carnal, qué tipo. Se acerca, su colonia amaderada invadiendo tu espacio personal de la mejor manera.

Qué onda, morra. ¿Vienes sola o esperas a alguien? —te dice con voz grave, como si cada palabra fuera un roce.

Le contestas con una sonrisa pícara, el sabor cítrico del paloma aún en tus labios.

Sola, pero no por mucho. ¿Y tú, qué? ¿Buscando problemas?

Se ríe, un sonido ronco que vibra en tu piel, y pide otra ronda. Hablan de todo y nada: el pinche tráfico de la Roma, la neta de los tacos al pastor en la esquina, cómo la vida en la CDMX te pone a prueba cada día. Pero hay algo en su mirada, un fuego latente, que te hace cruzar las piernas para calmar el calor que sube por tus muslos. Él roza tu mano al pasar el vaso, un toque eléctrico que te eriza la nuca.

¿Qué carajos son estas pasiones que me despiertan con solo una mirada?
piensas, mientras el sudor perlado en su cuello te hipnotiza.

La plática deriva a lo profundo. Él confiesa que anda harto de la rutina, de relaciones frías que no encienden nada.

La neta, no sé qué son las pasiones de verdad. ¿Tú sí? —te pregunta, su aliento cálido con toques de limón rozando tu oreja.

Tú sientes el pulso acelerado en tu garganta, el vestido pegándose a tu piel húmeda por el calor del lugar.

Quizá esta noche lo descubramos juntos, respondes, y su mano se posa en tu rodilla bajo la barra, firme pero gentil, enviando ondas de placer por tu espina.

El bar se desvanece cuando salen tomados de la mano, el aire fresco de la noche golpeándolos como una caricia. Caminan unas cuadras hasta su depa en Cuauhtémoc, el bullicio de la calle —cláxones, risas de borrachos felices, olor a elotes asados— avivando la urgencia. En el elevador, él te acorrala contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso hambriento. Su lengua sabe a tequila y deseo puro, explorando tu boca con maestría mientras sus manos recorren tu espalda, bajando hasta apretar tus nalgas con posesión tierna.

Estás cañón, morra. Me traes loco —murmura contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible ahí, haciendo que gimas bajito.

En su recámara, las luces tenues de la ciudad filtran por las cortinas, bañando la cama king size en un glow anaranjado. Te quita el vestido despacio, como desenvolviendo un regalo, sus dedos ásperos de tanto gym rozando tus pezones que se endurecen al instante. Tú le arrancas la camisa, oliendo su piel salada, ese aroma masculino que te marea. Caen en la cama, cuerpos entrelazados, el colchón hundiéndose bajo su peso.

Sus besos bajan por tu pecho, lamiendo cada curva con devoción. Sientes su barba incipiente raspando tus senos, el placer punzante que te hace arquear la espalda. Pendejo delicioso, piensas mientras tus uñas se clavan en sus hombros anchos. Él se detiene en tu ombligo, soplando aire caliente que te hace temblar, antes de llegar al centro de tu fuego. Sus labios se cierran alrededor de tu clítoris, la lengua danzando en círculos lentos, torturadores. El sonido húmedo de su boca en ti, mezclado con tus jadeos, llena la habitación. Hueles tu propia excitación, almizclada y dulce, mientras él introduce un dedo, luego dos, curvándolos justo donde duele de placer.

Dime qué quieres, preciosa —gruñe, su voz ronca vibrando contra tu piel.

A ti, adentro, ya —suplicas, tirando de su cabello negro revuelto.

Se incorpora, quitándose los pantalones con prisa. Su verga erecta, gruesa y venosa, salta libre, y tú la tocas, sintiendo el calor pulsante, la suavidad de la piel sobre la dureza. Él gime, un sonido animal que te empapa más. Se pone condón rápido —siempre responsable, qué chido— y se hunde en ti de un solo empujón suave, llenándote hasta el fondo. El estiramiento delicioso te arranca un grito, tus paredes apretándolo como un guante.

Empiezan lento, sus caderas moviéndose en ondas, cada embestida rozando ese punto que te hace ver estrellas. Sientes cada vena, cada pulso, el sudor goteando de su frente a tu pecho. Tus piernas se enredan en su cintura, uñas arañando su espalda mientras él acelera, el slap-slap de piel contra piel resonando como tambores.

Esto es pasión, neta, esto es vida pura
, piensas en medio del torbellino, el olor a sexo impregnando el aire, el sabor salado de su cuello cuando lo besas.

La tensión sube como una ola imparable. Él te voltea, poniéndote a cuatro, y entra de nuevo, más profundo, una mano en tu cadera, la otra enredada en tu pelo, tirando lo justo para arquearte. Gimes su nombre, Diego, Diego, mientras él gruñe obscenidades cariñosas.

Eres tan rica, tan apretada... ven conmigo, morra.

El orgasmo te golpea como un rayo, contracciones violentas ordeñando su polla, visión borrosa, grito ahogado en la almohada. Él se corre segundos después, cuerpo tenso, rugido gutural, colapsando sobre ti en un enredo sudoroso.

Yacen así, respiraciones entrecortadas calmándose, su peso reconfortante sobre tu espalda. Te besa la nuca, suave ahora, mientras sale despacio, el vacío placentero quedando. Se voltean cara a cara, risas cansadas brotando.

Entonces... ¿ya sabes qué son las pasiones? —pregunta él, trazando círculos en tu vientre con el dedo, piel aún hipersensible.

Tú sonríes, besándolo lento, saboreando el afterglow, el olor a ellos dos mezclado en las sábanas revueltas.

Son esto, carnal. Son fuego que quema chido, conexión que no se explica. Y neta, quiero más.

Se acurrucan bajo las cobijas, la ciudad zumbando afuera, pero adentro solo paz ardiente. Mañana quién sabe, pero esta noche, las pasiones han hablado por sí solas, dejando huella en cada poro, en cada latido. El sueño llega dulce, con promesas de despertares igual de intensos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.