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Pasión Cap 52 El Susurro de la Noche

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Pasión Cap 52 El Susurro de la Noche

La brisa del mar de Puerto Vallarta me acariciaba la piel mientras caminaba por la playa al atardecer. El sol se hundía en el horizonte como una bola de fuego, tiñendo el cielo de naranjas y rosas intensos. Yo, Karla, de veintiocho años, con mi vestido ligero ondeando contra mis muslos, sentía ese cosquilleo familiar en el estómago. Hacía meses que no veía a Diego, mi amante secreto, el hombre que me hacía temblar con solo una mirada. Neta, este wey me tiene loca, pensé, recordando sus manos fuertes explorando cada curva de mi cuerpo.

Nos conocimos en una fiesta en Polanco hace dos años. Él, empresario chingón de treinta tacos, con esa sonrisa pícara que prometía pecados deliciosos. Yo, diseñadora gráfica independiente, siempre lista para una aventura. Nuestra conexión fue inmediata, como chispas en gasolina. Pero la vida nos separó con trabajos y viajes. Hoy, en esta casa playera que rentó para nosotros, todo volvía a encenderse. Le mandé un mensaje antes: "Lista para Pasión Cap 52 mi amor". Era nuestro código privado, como capítulos de una novela erótica que solo nosotros escribíamos. El 52 porque esta sería nuestra quinquagésima segunda noche de pasión desenfrenada.

Lo vi esperándome en la terraza, recargado en la barandilla, con una camisa blanca desabotonada dejando ver su pecho bronceado. El olor a salitre se mezclaba con su colonia masculina, ese aroma terroso que me volvía loca. —¡Órale, Karla! Ven acá, morra —dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel.

Me acerqué, mis pies hundiéndose en la arena tibia. Sus brazos me envolvieron, fuertes y cálidos. Sentí su aliento caliente en mi cuello mientras me besaba suave, probando el sabor salado de mi piel. —Te extrañé tanto, cariño —murmuró, sus labios rozando mi oreja. Mi corazón latía como tambor en fiesta, y un calor húmedo se despertaba entre mis piernas.

Esto apenas empieza, pero ya quiero que me devore entera
, pensé, presionando mi cuerpo contra el suyo. Su erección dura contra mi vientre me confirmó que él ardía igual.

Entramos a la casa, iluminada por velas parpadeantes que proyectaban sombras danzantes en las paredes blancas. La música de mariachi suave sonaba de fondo, mezclada con el romper de las olas. Diego sirvió tequila en vasos de cristal, el líquido ámbar brillando. —Por Pasión Cap 52 —brindó, chocando su vaso contra el mío. El tequila quemó mi garganta, dulce y ahumado, despertando todos mis sentidos. Nos sentamos en el sofá de mimbre, mis piernas sobre sus rodillas. Sus dedos trazaban patrones lentos en mis muslos, subiendo peligrosamente.

—Cuéntame qué has soñado conmigo —le pedí, mi voz un susurro juguetón. Él rio bajito, ese sonido grave que vibraba en mi pecho. —Soñé con tu boca, con cómo me chupas hasta volverme loco, nena. Y con enterrarme en ti hasta que grites mi nombre. —Sus palabras me mojaron al instante. Me incliné para besarlo, nuestras lenguas danzando en un tango húmedo y salvaje. Saboreé el tequila en su boca, mezclado con su esencia varonil. Sus manos subieron mi vestido, acariciando mis nalgas desnudas. No llevaba calzón, la neta, para facilitarle las cosas al carnal.

La tensión crecía como tormenta en el Pacífico. Lo empujé suave hacia atrás, montándome a horcajadas. Sentí su verga tiesa presionando contra mi panocha a través de sus pantalones. —Diego, te necesito ya —gemí, frotándome contra él. Él gruñó, manos en mi cintura, guiándome en un ritmo lento. El roce era eléctrico, mi clítoris hinchado rogando más. Olía a nuestra excitación, ese musk almizclado que llenaba el aire.

Pero no quería apresurar el clímax. Esta era Pasión Cap 52, merecía build-up. Lo bajé del sofá, tirando de su camisa. Sus músculos se tensaron bajo mis uñas, dejando marcas rojas leves. Besé su pecho, lamiendo el sudor salado, bajando hasta su ombligo. Él jadeaba, dedos enredados en mi pelo. —¡Qué chingona eres, Karla! Sigue así y te cojo aquí mismo. Reí contra su piel, desabrochando su cinturón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, suave terciopelo sobre acero. Lamí la punta, saboreando su sabor salado y ligeramente dulce.

Lo chupé despacio, lengua girando alrededor del glande, succionando hasta la garganta. Sus gemidos eran música, roncos y desesperados. Me encanta tenerlo así, rendido a mi boca. Levanté la vista, viendo sus ojos oscuros nublados de lujuria. Pero él no se quedó atrás. Me levantó, cargándome como pluma hasta la cama king size con sábanas de algodón egipcio. El colchón se hundió bajo nuestro peso. Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas firmes y pezones duros como piedras.

—Eres una diosa, mamacita —dijo, mamando un pezón mientras sus dedos exploraban mi coño empapado. Dos dedos entraron fácil, curvándose contra mi punto G. Grité, arqueándome. El sonido de mis jugos chorreando era obsceno, delicioso. Olía a sexo puro, a deseo crudo. Me masturbó lento, pulgar en mi clítoris, mientras lamía el otro pecho.

¡No aguanto más! Quiero sentirlo dentro
, pensé, clavando uñas en su espalda.

La intensidad subía. Rodamos, yo encima otra vez. Tomé su verga, frotándola contra mis labios hinchados. —Cógeme, Diego. Hazme tuya. —Empujé hacia abajo, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme por completo. ¡Ay, wey, qué rico! Cabalgué despacio al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Sus manos en mis caderas, guiándome más rápido. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor perlando nuestra piel. El aire olía a sal, tequila y sexo.

Cambié de posición, él detrás, en cuatro. Su verga entró profundo, golpeando mi cervix con cada embestida. —¡Más fuerte, pendejo! —le grité juguetona. Él obedeció, jalando mi pelo suave, nalgada ligera que ardía delicioso. Sentía mis tetas rebotando, clítoris frotándose contra sus bolas. Gemía sin control, voz ronca. Esto es puro fuego, Pasión Cap 52 en su máxima expresión.

El clímax se acercaba como ola gigante. Él me volteó boca arriba, piernas en sus hombros. Entró feroz, ojos en los míos. —Ven conmigo, Karla. —Sus embestidas eran pistones, mi coño contrayéndose alrededor de él. El orgasmo explotó, luces blancas detrás de mis párpados, cuerpo convulsionando. Grité su nombre, jugos salpicando. Él gruñó, llenándome con chorros calientes, colapsando sobre mí.

Quedamos jadeantes, piel pegajosa, corazones galopando al unísono. Besos suaves, lenguas perezosas. El mar susurraba afuera, testigo de nuestra unión. —Eres lo mejor que me ha pasado, mi reina —murmuró, acariciando mi mejilla. Yo sonreí, trazando su mandíbula. Neta, esto no termina aquí. Habrá Cap 53 y más.

Nos duchamos juntos bajo agua caliente, jabón resbalando por curvas y músculos. Secos, envueltos en toallas, cenamos mariscos frescos en la terraza. El sabor a camarón ahumado y limón bailaba en mi lengua, pero nada como el recuerdo de él dentro de mí. Hablamos de sueños, risas, planes. Esta pasión no era solo físico; era almas entrelazadas.

De vuelta en cama, acurrucados, su mano en mi vientre. Sentí paz profunda, un afterglow que calentaba el alma.

Pasión Cap 52: el capítulo donde nos perdimos y nos encontramos de nuevo
. Cerré los ojos, inhalando su aroma, sabiendo que el amanecer traería más deseo. En México, el amor se vive intenso, como tequila puro. Y nosotros, éramos expertos en eso.

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