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Como Hacer El Amor Con Pasion

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Como Hacer El Amor Con Pasion

Imagina que el sol de Puerto Vallarta se está poniendo en el horizonte, tiñendo el cielo de naranjas y rosas intensos. Tú estás en la terraza de esa casita rentada frente a la playa, con el sonido de las olas rompiendo suave contra la arena. El aire huele a sal marina y a coco de las palmeras cercanas. Tu carnal, ese vato alto y moreno con ojos que te derriten, se acerca por detrás. Sientes sus manos grandes y cálidas rodeando tu cintura, su aliento caliente en tu cuello. Qué chido es esto, piensas, mientras tu piel se eriza bajo el vestido ligero de algodón que ondea con la brisa.

Él se llama Alex, pero tú lo llamas mi rey cuando la cosa se pone intensa. Llevan tres años juntos, pero cada vez que vienen a la costa, reviven esa chispa del principio, como si fuera la primera cita. Hoy no es diferente. Tú giras despacio, tus pechos rozando su pecho firme, y lo miras a los ojos. Hay un fuego ahí, un deseo que no necesita palabras. Sus labios se encuentran con los tuyos en un beso lento, explorador. Sabe a tequila con limón de la botella que compartieron hace rato, dulce y picante a la vez.

Esto es el comienzo, piensas. Como hacer el amor con pasion empieza con estos detalles, con sentir cada roce como si fuera el último.

Él te toma de la mano y te guía adentro, a la habitación con la cama king size cubierta de sábanas blancas crujientes. La ventana abierta deja entrar el rumor del mar y una brisa que refresca el calor que ya empieza a subir por tu cuerpo. Te sientas en el borde de la cama, y él se arrodilla frente a ti, quitándote las sandalias con delicadeza. Sus dedos masajean tus pies cansados del día en la playa, subiendo por tus pantorrillas. Qué manos tan mágicas tiene el cabrón, sientes un cosquilleo que viaja directo a tu entrepierna.

Levantas la vista y ves cómo su camiseta se pega a sus músculos por el sudor ligero. Lo jalas hacia ti, y él se deja caer sobre la cama a tu lado. Sus besos ahora son más urgentes, su lengua bailando con la tuya, explorando tu boca como si quisiera devorarte. Tus manos recorren su espalda, sintiendo la dureza de sus hombros, el calor que irradia su piel morena. Él desliza el vestido por tus hombros, exponiendo tus senos al aire fresco. Tus pezones se endurecen al instante, y él los toma con su boca, chupando suave al principio, luego con más fuerza. Un gemido escapa de tus labios, ayyy qué rico.

El deseo crece como una ola. Tú lo empujas boca arriba y te subes a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra tu calzón ya húmedo. Te mueves despacio, frotándote contra él, mientras lo besas en el cuello, lamiendo el salitre de su piel. Él gime bajito, "Nena, me vas a volver loco", y sus manos aprietan tus nalgas, guiando tus caderas. El olor a excitación llena la habitación, ese aroma almizclado que te enloquece, mezclado con el jazmín del jardín de afuera.

Pero no quieres apresurarte. Como hacer el amor con pasion requiere paciencia, saborear cada momento. Te bajas de él y le quitas la camiseta, admirando su torso esculpido por las horas en el gym. Tus uñas arañan suave su pecho, bajando hasta el botón de sus shorts. Los desabrochas lento, torturándolo, y su verga salta libre, gruesa y palpitante. La tocas con la yema de los dedos, sintiendo su calor, las venas hinchadas. Él suspira profundo, "Qué chingón se siente eso, morra".

Tú te pones de rodillas ahora, el piso de madera fresca bajo tus piernas. Acaricias su longitud con la mano, luego lo lames desde la base hasta la punta, saboreando el gusto salado de su pre-semen. Él mete los dedos en tu pelo, no empujando, solo guiando, respetando tu ritmo. Lo tomas en la boca, chupando con pasión, sintiendo cómo se endurece más en tu garganta. Sus gemidos son música, roncos y desesperados, mezclados con el chapoteo lejano de las olas.

Esto es lo que amo de él, piensas. Su entrega total, sin prisas, dejando que el fuego crezca.

Él te detiene gentil, no quiere acabar todavía. Te levanta y te recuesta en la cama, quitándote el vestido por completo. Ahora estás desnuda, vulnerable pero poderosa bajo su mirada hambrienta. Sus ojos recorren tu cuerpo como caricias: tus curvas, el triángulo oscuro de tu monte de Venus, las gotas de sudor entre tus senos. Baja besando tu vientre, lamiendo tu ombligo, hasta llegar a tus muslos internos. Los abre con ternura, y su aliento caliente roza tu clítoris hinchado.

Cuando su lengua toca tu centro, explotas en placer. Lamidas lentas, círculos precisos, chupando tu néctar dulce y abundante. Tus caderas se alzan solas, buscando más, y él te sujeta firme pero suave. "Estás tan mojada, mi reina", murmura contra tu piel, vibrando delicioso. Metes tus dedos en su pelo, tirando suave, mientras el orgasmo se acerca como tormenta. Gritas bajito, sí sí no pares, y lo alcanzas, oleadas de éxtasis recorriendo tu cuerpo, piernas temblando, pulso acelerado.

Pero esto es solo el preludio. Él sube, besándote para que pruebes tu propio sabor en sus labios, salado y excitante. Tú lo volteas, queriendo control ahora. Te sientas sobre él, guiando su verga a tu entrada húmeda. Deslizas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te llena por completo, estirándote perfecto. Qué delicia, cabrón, piensas, mientras empiezas a moverte, arriba y abajo, sus manos en tus caderas ayudando el ritmo.

El sudor nos cubre a los dos, piel resbaladiza chocando, sonidos húmedos y jadeos llenando el aire. Él se sienta, envolviéndote en sus brazos, y ahora follamos cara a cara, mirándonos a los ojos. Sus embestidas son profundas, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Besos apasionados, mordidas suaves en hombros, uñas en espaldas. El olor de nuestros cuerpos en celo es embriagador, como feromonas puras.

La tensión sube, muscular y emocional. Recuerdas las veces que pelearon por tonterías, como cuando él se fue a un viaje de trabajo sin avisar bien, y tú sentiste celos tontos. Pero aquí, en este momento, todo eso se disuelve en puro amor. Como hacer el amor con pasion es perdonar con el cuerpo, unir almas, piensas mientras aceleras, sintiendo su verga palpitar dentro de ti.

Te amo, wey, aunque seas un pendejo a veces, pero qué pendejo tan chingón.

Él te voltea de repente, poniéndote a cuatro patas, y entra de nuevo con fuerza consentida. Sus bolas chocan contra tu clítoris con cada estocada, rápido ahora, animal. Tú arqueas la espalda, empujando hacia atrás, gritando placer. Más duro, mi rey, dame todo. Él obedece, sudando profuso, gruñendo como fiera. El clímax nos golpea juntos: tú primero, contrayéndote alrededor de él, ordeñándolo, y él explota dentro, chorros calientes llenándote, su cuerpo colapsando sobre el tuyo.

Se quedan así un rato, jadeando, el mar de fondo como banda sonora. Él sale suave, y un río de semen tuyo cae por tus muslos, cálido y pegajoso. Se acuestan de lado, él detrás, abrazándote protector. Sus manos acarician tu vientre, besos en la nuca. El aire se enfría un poco, pero sus cuerpos mantienen el calor.

Tú giras para verlo, sonriendo pícara. "Eso fue épico, carnal", dices, y él ríe bajito, tú eres mi todo. Hablan suave de planes futuros, de volver más seguido a este paraíso. El deseo satisfecho deja un glow profundo, conexión más fuerte que nunca.

Al final, se duermen con la luna iluminando la cama, pieles entrelazadas, soñando con más noches así. Como hacer el amor con pasion no es solo sexo, es vida compartida, fuego eterno.

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