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Pasion En Ingles Como Se Escribe

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Pasion En Ingles Como Se Escribe

Entré al café en el corazón de la Condesa, con el bullicio de la Ciudad de México zumbando afuera como un corazón latiendo fuerte. El aroma a café de chiapas recién molido se mezclaba con el dulce de los churros fritos que vendían en la esquina. Yo, Ana, maestra de primaria de veintiocho años, buscaba practicar mi inglés en ese intercambio lingüístico que organizaban cada jueves. Llevaba un vestido floreado que se pegaba un poquito a mi piel por el calor pegajoso de la tarde, y sentía el roce suave de la tela contra mis muslos cada vez que caminaba.

Allí estaba él, Javier, un wey alto y moreno con ojos café que brillaban como el tequila bajo la luz del sol. Era de Guadalajara, pero había vivido en Estados Unidos por años, y ahora enseñaba inglés en una uni privada. Se sentó frente a mí con una sonrisa pícara, de esas que te hacen sentir mariposas en el estómago. Neta, qué chulo, pensé, mientras él extendía la mano y su piel cálida rozaba la mía, enviando un escalofrío por mi espina.

—Hola, Ana. ¿Lista para practicar? —dijo con ese acento tapatío mezclado con inglés fluido.

Empezamos con frases simples: hello, how are you. Pero pronto, la plática se volvió juguetona. Él me contaba anécdotas de sus viajes, y yo reía, oliendo su colonia fresca, como a limón y madera, que me mareaba un poco. Sentía el calor de su mirada bajando por mi cuello, deteniéndose en el escote donde mi pecho subía y bajaba con cada respiración. La tensión crecía despacio, como el vapor del café que se elevaba entre nosotros.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Es solo un intercambio de idiomas, pero su voz ronca diciendo practice makes perfect me hace imaginar otras prácticas.

Al final de la hora, me invitó a caminar por el parque. El sol se ponía, tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el aire traía olor a jazmín de los jardines. Caminamos hombro con hombro, y accidentalmente —o no tan accidental— su mano rozó mi cintura. Un toque eléctrico, como si mi piel gritara por más.

—Oye, Javier, pasion en ingles como se escribe? —le pregunté de repente, recordando una duda tonta que tenía desde la prepa. Mi voz salió más suave de lo que quería, casi un susurro coqueto.

Él se rio bajito, deteniéndose bajo un árbol frondoso. —Passion, mi reina. P-A-S-S-I-O-N. Pero se siente mejor cuando se escribe en la piel.

Su aliento cálido en mi oreja me erizó la piel. Lo miré a los ojos, y ahí estaba: esa chispa, ese deseo mutuo que no se podía ignorar. Asentí, mordiéndome el labio, y él me jaló suave hacia él. Nuestros labios se encontraron por primera vez, suaves al principio, probando, con sabor a menta de su chicle y el dulzor de mi gloss de fresa. El beso se profundizó, su lengua explorando la mía con hambre contenida, mientras sus manos bajaban por mi espalda, apretándome contra su pecho firme.

El mundo se desvaneció. Solo quedaban el sonido de nuestras respiraciones agitadas, el latido de su corazón contra el mío, y el roce de sus dedos en mi cadera, subiendo el vestido poquito a poquito.

Acto dos: la escalada

Terminamos en su depa en Polanco, un lugar chido con vistas a los edificios iluminados y música de fondo, un poco de cumbia rebajada que nos mecía. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. Él me besó contra la pared, sus manos expertas desabotonando mi vestido, dejando que cayera al piso con un susurro de tela. Quedé en lencería negra, sintiendo el aire fresco en mi piel caliente, mis pezones endureciéndose bajo su mirada hambrienta.

¡Ay, Dios! Su toque es fuego puro. Cada caricia despierta nervios que no sabía que tenía. Quiero que me enseñe todo, que me escriba passion letra por letra en mi cuerpo.

You're so beautiful, Ana —murmuró, su voz grave vibrando en mi cuello mientras besaba mi clavícula, bajando lento por mi pecho. Sus labios capturaron un pezón, chupando suave, luego más fuerte, haciendo que gemiera alto, el placer como rayos subiendo por mi vientre. Olía a su sudor limpio mezclado con mi aroma de excitación, ese olor almizclado que llena el aire cuando el cuerpo pide más.

Lo empujé al sofá, queriendo tomar control. Le quité la camisa, revelando su torso musculoso, marcado por horas en el gym. Mis uñas arañaron suave su pecho, bajando al cinturón. Él jadeó cuando liberé su verga dura, palpitante en mi mano. Era gruesa, caliente, con una gota de pre-semen brillando en la punta. La lamí despacio, saboreando su sal salada, mientras él enredaba los dedos en mi pelo, gimiendo mi nombre.

Mamacita, qué rico —gruñó, jalándome arriba para besarme con furia.

La tensión subía como una ola. Me recostó en el sofá, sus dedos explorando entre mis piernas. Estaba empapada, mi clítoris hinchado pidiendo atención. Él rozó ahí, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, el placer construyéndose en espiral. Entra en mí, pendejo, no me hagas rogar, pensé, pero solo gemí más fuerte. Insertó un dedo, luego dos, curvándolos justo donde dolía rico, mientras su boca devoraba mi cuello, dejando marcas rojas que mañana dolerían delicioso.

Nos movimos al cuarto, la cama king size nos esperando. El colchón se hundió bajo nuestro peso, las sábanas frescas contra mi piel ardiente. Él se puso condón rápido —siempre responsable, qué chingón— y se posicionó entre mis piernas. Nuestros ojos se clavaron, pidiendo permiso mutuo. Asentí, y él empujó lento, llenándome centímetro a centímetro. El estiramiento ardía placer, su grosor rozando cada pared sensible. Gemí profundo, mis uñas clavándose en su espalda.

Empezó a moverse, ritmos lentos al principio, saliendo casi todo y entrando profundo, haciendo que sienta cada vena, cada pulso. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, chapoteos húmedos mezclados con nuestros jadeos. Sudábamos, el olor a sexo crudo invadiendo todo. Aceleró, mis caderas subiendo a su encuentro, el clímax acechando.

Es pasión pura, passion. Se escribe así en mi alma, con cada embestida que me parte en dos de gusto.

Le volteé encima, cabalgándolo ahora. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo rebotaba, sintiendo su verga golpear mi punto G una y otra vez. El orgasmo me golpeó como trueno: ondas de placer explotando desde mi centro, piernas temblando, grito ahogado escapando mi garganta. Él gruñó, corriéndose segundos después, su cuerpo tensándose bajo el mío, llenando el condón con chorros calientes que sentía palpitar.

Acto tres: el resplandor

Caímos exhaustos, enredados en sábanas revueltas, el aire pesado con nuestro olor compartido. Su pecho subía y bajaba contra mi mejilla, el latido de su corazón calmándose como un tambor lejano. Besé su piel salada, saboreando el sudor, mientras él acariciaba mi pelo húmedo.

Passion, Ana. Así se escribe. Y tú lo haces perfecto —susurró, riendo bajito.

Me acurruqué más, sintiendo paz profunda, el cuerpo lánguido y satisfecho. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, autos pitando, risas lejanas, pero aquí dentro éramos solo nosotros, en nuestra burbuja de intimidad.

Quién iba a pensar que una duda tonta como pasion en ingles como se escribe me llevaría a esto. Neta, la vida es una chingadera hermosa.

Nos quedamos así hasta el amanecer, prometiendo más prácticas, más palabras, más pasión. Y yo supe que esto era solo el principio de algo ardiente.

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