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Descargar El Diario de Una Pasion Espanol Latino

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Ana se recostó en su cama king size en el corazón de la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente sobre ella. El calor de la tarde mexicana la envolvía como una caricia pegajosa, y el aroma a jazmín del balcón se colaba por la ventana entreabierta. Neta, qué pinche aburrimiento, pensó mientras deslizaba los dedos por la pantalla de su laptop. Buscó en Google: "descargar el diario de una pasion español latino". Quería ver esa película romántica que tanto le recomendaban sus cuates, pero lo que bajó fue un archivo PDF rarito, titulado igualito.

¿Qué pedo? ¿Una película en texto?
Curiosa, lo abrió.

Las primeras páginas la atraparon de volada. No era la historia de Noah y Allie, sino algo más crudo, más carnal. Una mujer escribía sobre su deseo insaciable por un hombre que olía a tabaco y sudor fresco, con descripciones que le erizaban la piel. Ana sintió un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo por su vientre. Órale, esto está cabrón. Leyó en voz alta: "Su lengua trazaba caminos de fuego en mi piel, saboreando el salado de mi cuello como si fuera tequila reposado". Cerró los ojos, imaginando. Su mano bajó sola, rozando la tela ligera de su short. Pero se detuvo. No, esto merece algo real.

Al día siguiente, en el gym de la colonia, lo vio. Marco, el instructor alto y moreno, con esa sonrisa pícara que hacía que sus ojos cafés brillaran como obsidianas pulidas. Siempre coqueteaban, pero nunca pasaban de ahí. Hoy, Ana traía el diario en mente. Mientras él la corregía en las sentadillas, sus manos firmes en sus caderas, inhaló su olor: mezcla de desodorante cítrico y hombre puro. Estás bien chido, wey, murmuró ella, arqueando la espalda un poquito más. Él rio bajito, su aliento cálido en su oreja. "Tú más, preciosa. ¿Lista para la siguiente serie?". El roce de sus dedos la dejó temblando.

Esa noche, lo invitó a su depa con pretexto de una clase privada. Marco llegó con una botella de mezcal artesanal, oliendo a limón y humo de carbón. Se sentaron en el sofá de terciopelo gris, la luz tenue de las velas parpadeando sobre sus rostros. Ana le platicó del archivo que bajó: descargar el diario de una pasion español latino. "Pero no era lo que esperaba, era... puro fuego". Él arqueó una ceja, intrigado. Le pasó la laptop, y juntos leyeron un pasaje. Sus rodillas se tocaron, el aire cargado de electricidad.

Mi pulso latía como tambores en una fiesta de pueblo, anticipando su toque
, leyó ella con voz ronca. Marco tragó saliva, su mano cubriendo la de ella. "Suena como algo que yo escribiría sobre ti".

El beso llegó natural, como lluvia en verano. Sus labios se encontraron suaves al principio, probando, saboreando el dulzor del mezcal en su lengua. Ana gimió bajito cuando él profundizó, chupando su labio inferior con hambre contenida. Sus manos exploraron: las de él subiendo por su blusa holgada, rozando la curva de sus senos bajo el encaje negro. Ella sintió sus pezones endurecerse, duros como piedritas, rogando atención. Qué rico se siente su boca, neta. El olor de su excitación flotaba ya, almizclado y embriagador, mezclándose con el jazmín.

Se levantaron sin palabras, tambaleándose al cuarto. Ana lo empujó contra la cama, quitándole la playera con urgencia. Su pecho era un mapa de músculos tensos, cubierto de vello oscuro que olía a jabón y deseo. Lo besó ahí, lamiendo el salado de su piel, bajando hasta el ombligo. Marco gruñó, sus dedos enredándose en su cabello negro largo. "Eres una diosa, Ana". Ella sonrió, desabrochando su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con vida. La tocó con la yema de los dedos, sintiendo el calor pulsante, el terciopelo sobre acero. Pinche grande, qué chingón.

Él la volteó con gentileza, quitándole la ropa como si desenvolriera un regalo. Sus ojos devoraron su cuerpo desnudo: curvas generosas, piel morena suave como chocolate. Besó su clavícula, bajando lento por el valle entre senos. Tomó un pezón en su boca, succionando con maestría, mientras su mano masajeaba el otro. Ana arqueó la espalda, gimiendo fuerte, el placer irradiando como ondas en un lago. "Sí, así, cabrón... no pares". Su olor a mujer en celo lo volvía loco; hundió la nariz en su monte de Venus, inhalando profundo antes de separar sus muslos.

La lengua de Marco era fuego líquido. Lamió su clítoris hinchado, círculos lentos que la hacían jadear. Saboreó sus jugos, dulces y salados como mango con chile. Ana agarró las sábanas, caderas moviéndose solas, persiguiendo la fricción.

Esto es mejor que cualquier diario, wey... es mi pasión viva
. Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía ver estrellas. Ella gritó su nombre, el orgasmo construyéndose como tormenta en el desierto sonorense. "¡Marco! ¡Ya voy!". Él aceleró, chupando más fuerte, hasta que explotó en olas de placer, su concha contrayéndose alrededor de sus dedos, empapando las sábanas.

Pero no pararon. Ana lo jaló arriba, guiando su verga a su entrada húmeda. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándola por completo. Ambos jadearon al unísono, piel contra piel resbaladiza de sudor. El sonido de sus cuerpos chocando era obsceno, húmedo, rítmico como cumbia en boda. Él embestía profundo, rozando su cervix con cada thrust, mientras ella clavaba uñas en su espalda. "Más fuerte, pendejo... rómpeme". Marco obedeció, acelerando, sus bolas golpeando su culo firme. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, pasión desatada.

Cambiaron posiciones, ella encima ahora, cabalgándolo como amazona en rodeo. Sus senos rebotaban con cada salto, él los atrapaba, pellizcando pezones. Ana giraba las caderas, moliendo su clítoris contra su pubis, persiguiendo otro clímax. Siento cada vena de su verga dentro de mí, qué madre. Marco la sujetó por las nalgas, ayudándola, gruñendo como bestia. "Te voy a llenar, preciosa... ¿quieres?". "¡Sí, córrete adentro!". El orgasmo los golpeó juntos: ella temblando, gritando, él pulsando chorros calientes en su interior, marcándola.

Colapsaron exhaustos, enredados en sábanas revueltas. El sudor enfriaba su piel, pulsos calmándose al unísono. Marco la besó la frente, suave. "Eso fue épico, Ana". Ella rio, acurrucándose en su pecho, escuchando su corazón galopante.

Mi diario de pasión empieza hoy, y lo compartiré para que otros lo descarguen
. Al amanecer, con él dormido, abrió la laptop. Escribió este relato, lo guardó como descargar el diario de una pasion español latino, y lo subió a la red. Para que otros vivan su propia descarga.

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