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De Donde Es El Canal Pasiones Que Arde En Tu Piel

6344 palabras

De Donde Es El Canal Pasiones Que Arde En Tu Piel

Estás sola en tu depa en la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro secreto. La noche mexicana se cuela por la ventana entreabierta, trayendo ese olor a jazmín callejero mezclado con el humo de algún taquero lejano. Agarras el control remoto, zap, cambias canales sin pensar, hasta que das con él: Canal Pasiones. La pantalla se ilumina con una escena ardiente, una morra de curvas imposibles gime bajito mientras un vato la recorre con las manos, lento, como si saboreara cada centímetro de piel.

Te quedas clavada. ¿De dónde es el Canal Pasiones? murmuras para ti misma, sintiendo un cosquilleo que sube por tus muslos. El vato en la tele lame el cuello de la chava, y tú aprietas las piernas, notando cómo tu panocha se humedece solo con la imagen. Esos labios carnosos, el brillo del sudor en la piel morena, el sonido de respiraciones entrecortadas que llena la habitación. Piensas en googlearlo después, pero por ahora, dejas que las imágenes te envuelvan como un abrazo caliente.

¿Será mexicano este canal? Se ve tan real, tan nuestro, con ese fuego que solo aquí se prende así de fuerte.

Apagas la tele de un jalón cuando el calor se hace insoportable. Te paras frente al espejo del baño, te quitas la playera holgada, y ahí estás: tetas firmes, pezones duros como piedras de obsidiana. Te tocas un poco, solo para calmar el itch, pero sabes que no es suficiente. Esta noche necesitas más. Sales al balcón, luces de la ciudad parpadeando como promesas. Decides ir a La Cantina de los Amantes, ese antro chido en la esquina donde siempre hay vatos guapos con mirada de te como con los ojos.

Acto primero: el encuentro. Llegas oliendo a vainilla de tu crema, falda corta que deja ver tus piernas torneadas. El lugar vibra con cumbia rebajada, olor a mezcal ahumado y carne asada. Te sientas en la barra, pides un michelada helada, el limón fresco explotando en tu lengua. Él aparece de la nada: alto, barba recortada, camisa ajustada que marca pectorales duros. Se llama Alex, güey de veintiocho, ojos negros que te desnudan al instante.

Órale, morra, ¿qué onda? ¿Buscas algo que te prenda? dice con voz grave, sentándose a tu lado. Su colonia invadiendo tu espacio, mezcla de madera y especias que te hace tragar saliva.

Charlan de pendejadas: el tráfico de la Reforma, el pinche calor. Pero tú sueltas la pregunta que te ronda:

—Oye, carnal, de donde es el Canal Pasiones? Lo vi hoy y me dejó mojadita, neta.

Él ríe, esa risa ronca que vibra en tu pecho. —Es mexicano, nena, puro fuego de acá. De esos canales que te hacen querer follar como en las novelas, ¿no? Yo lo veo a veces, me prende cañón.

El roce de su brazo contra el tuyo es eléctrico, piel contra piel, calor subiendo. Tension inicial: quieres saltarle encima, pero juegas, coqueteas con la mirada, sorbos lentos de tu chela. Él paga la siguiente ronda, su mano roza tu rodilla "por accidente". Sientes el pulso acelerado, el aroma de su sudor fresco mezclándose con el tuyo.

Acto segundo: la escalada. Caminan por las calles empedradas, risas flotando en el aire nocturno perfumado de bugambilias. Llegan a tu depa, puerta cierra con clic, y el mundo se reduce a ustedes dos. Lo jalas del cuello de la camisa, labios chocan: su boca sabe a tequila y menta, lengua explorando la tuya con hambre contenida.

Sientes su verga dura presionando contra tu vientre, gruesa, palpitante. Te empuja suave contra la pared, manos grandes amasando tus tetas, pulgares en los pezones girando lento. Gimes bajito, ¡ay, cabrón! El sonido de tu falda rasgándose un poco al subirla, braga empapada deslizándose al piso.

Esto es lo que necesitaba, este vato que me entiende, que prende el mismo canal en mi cuerpo.

Lo guías al sillón, lo sientas, te subes a horcajadas. Su polla sale libre, venosa, cabeza brillante de precum. La frotas contra tu raja húmeda, resbalosa, oliendo a sexo puro mexicano. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena. ¡Chingao, qué rico! gritas, mientras él agarra tus nalgas, dedos hundiéndose en carne suave.

El ritmo sube: cabalgas fuerte, tetas rebotando, sudor goteando entre vuestros cuerpos. Él chupa tus chichis, mordisquea suave, lengua trazando círculos que te hacen arquear la espalda. Sonidos everywhere: piel palmoteando, jadeos roncos, ¡más, pendejo, así! Tu clítoris roza su pubis con cada bajada, chispas de placer subiendo por tu espina.

Interno: dudas un segundo, ¿es solo una noche? Pero su mirada te dice que es mutuo, empoderador, dos adultos quemándose juntos. Cambian posición: él te pone en cuatro, entra de nuevo, profundo, golpeando ese punto que te hace ver estrellas. Hueles su macho mezclado con tu esencia dulce, pruebas tus propios dedos mojados en su boca.

Tensión máxima: orgasmo construyéndose como tormenta en el desierto sonorense. Él acelera, ¡me vengo, nena! Tú aprietas, paredes vaginales ordeñándolo, explosión: chorros calientes llenándote, tu propio squirt salpicando sábanas. Gritas, tiemblas, mundo blanco por segundos eternos.

Acto tercero: el afterglow. Caen exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa brillando bajo la luz tenue. Él acaricia tu espalda, besos suaves en el hombro. —Eres fuego puro, como ese Canal Pasiones, murmura, voz ronca de satisfacción.

Tú sonríes, piernas aún temblando, coño palpitante con su semen adentro. Hablan bajito: de sueños, de la ciudad que nunca duerme, de volver a prender ese canal juntos. No hay promesas, solo este momento perfecto, empoderador, donde tomaste lo que querías sin culpas.

Duermes pegada a él, soñando con más noches así, con canales de pasiones que brotan de adentro. Mañana, el sol entrará tiñendo todo de oro, pero esta conexión queda grabada en tu piel, un recordatorio sensual de que el verdadero fuego es el que enciendes tú.

Despiertas con su mano entre tus muslos otra vez, lista para round dos. ¿De dónde es este placer? piensas, riendo. De aquí, de México, de pasiones que no se apagan.

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