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Pasion Prohibida Pelicula 1998 Desatada

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Pasion Prohibida Pelicula 1998 Desatada

Me recosté en el sillón de mi depa en la Condesa, con el control remoto en la mano y una chela fría sudando en el buró. Era una noche de esas calurosas de verano en el DF, donde el aire se siente pesado, cargado de promesas. Hacía rato que no veía tele de verdad, pero esa tarde, navegando por el streaming, me topé con Pasion Prohibida pelicula 1998. Neta, esa rola me marcó de morra, con su historia de amores imposibles y besos que te dejan el alma en llamas. La puse play, bajé las luces y me acomodé, sintiendo ya un cosquilleo en la piel.

La pantalla cobró vida con esa música dramática, trompetas y violines que te meten en el pecho. La prota, una chava guapísima con ojos que gritaban deseo, se enredaba con el galán en un affair que no podía ser. Yo, Ana, de treinta y tantos, soltera por elección pero con el cuerpo pidiendo a gritos atención, empecé a sentirlo. Mis pechos se endurecieron bajo la blusa ligera, y entre las piernas un calorcito traicionero se extendía.

¿Por qué carajos me pongo así con una película vieja?
pensé, riéndome sola mientras sorbía la chela, el amargor fresco bajando por mi garganta.

De repente, un ruido en la pared del lado. Marco, mi vecino el pendejo ese que siempre anda con sonrisa de diablo. Lo había visto mil veces en el elevador, con su camiseta ajustada marcando pectorales y ese olor a colonia barata mezclado con sudor varonil que me hacía agua la boca. Mi carnala me había dicho: No te metas con él, es un mujeriego. Prohibido total. Pero esa noche, con la peli encendida, el deseo me ganó. Le mandé un whats: Wey, ven a ver esta chingonería conmigo, traigo chelas.

No pasaron ni diez minutos y ahí estaba, tocando con sus nudillos fuertes. Abrí la puerta en shortcito y top, descalza, el pelo suelto oliendo a shampoo de coco. ¡Hola, vecina rica! dijo con esa voz ronca que vibra en el estómago. Entró, oliendo a calle y a hombre, y se dejó caer a mi lado en el sillón, tan cerca que su muslo rozó el mío. El calor de su piel me erizó los vellos. Puse play de nuevo, explicándole: Es Pasion Prohibida pelicula 1998, de esas que te prenden el fuego.

Empezamos a ver, platicando pendejadas. Sus risas graves retumbaban en mi pecho, y cada vez que se movía, su brazo rozaba mi hombro, enviando chispas. En la pantalla, la pareja se besaba con hambre, lenguas enredadas, manos explorando. Yo cruzaba y descruzaba las piernas, sintiendo mi humedad crecer, el short pegándose. Marco carraspeó: Está cañona esta peli, ¿verdad? Como que da calor. Lo miré, sus ojos oscuros clavados en mí, no en la tele.

Ya valió, lo quiero aquí y ahora
, pensé, el corazón latiéndome como tamborazo.

Le pasé la chela, nuestros dedos se tocaron, y no solté. Él tampoco. El aire se espesó, olía a nuestra excitación mezclada con el humo lejano de unos taquitos en la calle. Ana, neta que hueles delicioso, murmuró, su aliento caliente en mi oreja. Me volteé, nuestros labios a milímetros. Prohibido, ¿no? susurré juguetona. Al diablo lo prohibido, contestó, y me besó. ¡Madre mía! Su boca era fuego, lengua invadiendo con sabor a cerveza y deseo puro. Gemí bajito, mis manos en su nuca, jalando su pelo corto y áspero.

Nos devoramos como si no hubiera mañana. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, metiéndose bajo el top, acariciando mi piel sudada. Sentí sus palmas callosas, ásperas de tanto gym, masajeando mis nalgas. Yo le quité la playera de un jalón, exponiendo ese torso moreno, pectorales duros que lamí con gusto salado. ¡Qué rico sabes, pendejo! le dije riendo, mordisqueando su pezón. Él gruñó, un sonido animal que me mojó más, y me tumbó en el sillón, su peso delicioso aplastándome contra los cojines.

Acto dos de nuestra propia peli prohibida. Me bajó el short despacio, torturándome, sus dedos rozando mis muslos internos, oliendo mi aroma almizclado. Estás empapada, chula, dijo con voz ronca, metiendo un dedo en mi entrada resbalosa. Jadeé, arqueándome, el placer eléctrico subiendo por mi espina.

¡Sí, así, no pares!
Su boca bajó, lamiendo mi cuello, pechos, hasta mi vientre tembloroso. Cuando su lengua tocó mi clítoris, vi estrellas. Lamidas lentas, círculos calientes, chupando mi néctar con sonidos húmedos que llenaban la habitación. Yo me retorcía, uñas en su espalda, oliendo su sudor masculino, ese olor que me volvía loca.

Lo empujé arriba, queriendo mi turno. Le bajé el pantalón, y ahí estaba su verga tiesa, gruesa, venosa, palpitando. La tomé en la mano, piel suave sobre hierro, y la metí a mi boca. Saboreé su pre-semen salado, chupando la cabeza hinchada, lengua enredando el tronco. Marco jadeaba: ¡Órale, Ana, me vas a matar! Qué boca tan chingona. Lo mamé profundo, garganta relajada, sintiendo su pulso en mi lengua, sus caderas moviéndose instintivo.

La tensión crecía, insoportable. Cógeme ya, wey, le rogué, piernas abiertas invitándolo. Se puso encima, su verga rozando mi panocha empapada, torturando la entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Ay, qué grande estás! gemí, paredes internas apretándolo. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de pelvis húmedas, slap slap slap resonando. Olía a sexo puro, sudor, fluidos mezclados. Sus bolas golpeaban mi culo, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones duros.

Aceleró, follándome duro, mi clítoris frotándose contra su pubis.

Esto es mejor que cualquier peli
, pensé entre jadeos. Grité su nombre, él el mío, gruñendo ¡Te voy a llenar, pinche rica!. El orgasmo me golpeó como ola, cuerpo convulsionando, paredes chorreando alrededor de su verga. Él se tensó, rugió y eyaculó adentro, chorros calientes bañándome, prolongando mi placer.

Quedamos jadeando, enredados, sudor pegándonos piel con piel. Su peso sobre mí era bendición, su corazón galopando contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Prohibida o no, esto fue épico, murmuró, acariciando mi pelo. Yo sonreí, oliendo nuestro amor en el aire. La peli seguía sonando de fondo, créditos rodando, pero nuestra historia apenas empezaba.

Nos levantamos despacio, riendo por el desmadre en el sillón. Le serví otra chela, nos sentamos desnudos a platicar de la peli, de la vida, de lo que vendría. No hubo promesas locas, solo esa conexión carnal y emocional que deja huella. Cuando se fue, besándome en la puerta con promesa de repetición, me quedé flotando, el cuerpo saciado, el alma en paz. Pasion Prohibida pelicula 1998 había desatado la mía, y qué chido fue.

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