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Película Completa Pasión Prohibida

7852 palabras

Película Completa Pasión Prohibida

La noche en Polanco se sentía cargada de ese calor pegajoso de verano, aunque el aire acondicionado del departamento zumbaba suave tratando de combatirlo. Tú, Laura, de 32 años, con tu piel morena brillando bajo la luz tenue del televisor, te recuestas en el sofá de cuero negro junto a Marco. Él es el cuñado que siempre te ha mirado con esos ojos cafés intensos, el hermano menor de tu esposo Javier, que anda de viaje de negocios en Monterrey por una semana. Neta, piensas, ¿por qué acepté quedarme aquí con él? Pero la verdad es que la idea te ha estado rondando como un cosquilleo en el estómago desde que Javier se fue.

Es prohibido, pero ¿y si solo es una noche? Solo estamos viendo tele, ¿verdad?

Marco, de 29, con esa barba recortada y el cuerpo atlético de tanto gym en Reforma, agarra el control remoto. "Órale, Laura, ¿qué letes? Hay una peli nueva en Netflix que está cañona. Se llama película completa pasión prohibida. Dicen que es puro fuego, como esas telenovelas de antaño pero con todo el desmadre." Su voz grave te eriza la piel de los brazos, y sientes el roce accidental de su muslo contra el tuyo. Huele a su colonia fresca, mezclada con un toque de sudor del día, algo tan masculino que te hace tragar saliva.

La película arranca. En la pantalla, una mujer como tú, curvas generosas y mirada desafiante, se enreda en un romance imposible con el hombre de su hermana. Los besos son lentos, las manos exploran con hambre contenida. Tú sientes el pulso acelerarse, el corazón latiendo fuerte en el pecho. Marco se mueve inquieto a tu lado, su respiración un poco más pesada. "Puta madre, qué intensa, ¿no?" murmura, y su mano cae casualmente sobre tu rodilla. No la quitas. Al contrario, el calor de su palma se filtra a través de tus shorts de algodón, despertando un hormigueo que sube por tus muslos.

Acto uno de esta película completa pasión prohibida y ya sientes la tensión en el aire del cuarto, espesa como el humo de un cigarro olvidado. Los personajes gimen bajito en la tele, y tú imaginas sus bocas, sus lenguas. Marco gira la cabeza, sus labios cerca de tu oreja. "¿Estás bien, cuñada? Te ves... agitada." Su aliento cálido te roza la piel, oliendo a menta del chicle que mascaba antes. Asientes, pero tu voz sale ronca: "Simón, está chida la peli. Pero neta, es puro deseo reprimido."

La mano de él sube un poquito, apenas rozando el borde de tus shorts. Tu cuerpo responde solo, un escalofrío recorre tu espina dorsal. Piensas en Javier, pero el recuerdo se desvanece rápido ante el aroma embriagador de Marco, ese mix de hombre y prohibido que te moja entre las piernas. "¿Sabes qué es lo peor?" susurra él, su dedo trazando círculos perezosos en tu piel suave. "Que en la vida real pasa lo mismo. Uno se muere por tocar lo que no debe."

El beso llega como un rayo en la segunda parte de la película. En la pantalla, los amantes se devoran mientras la lluvia azota la ventana; aquí, Marco te voltea la cara con gentileza pero firmeza, y sus labios chocan con los tuyos. Suaves al principio, probando, saboreando el gloss de fresa en tu boca. Tú gimes bajito, el sonido ahogado por su lengua que se cuela juguetona, danzando con la tuya. Sabe a deseo puro, salado y dulce, y tus manos se enredan en su cabello negro, tirando suave para acercarlo más.

¡Qué rico! Esto es mejor que cualquier película. Pero es mi cuñado, pendeja, ¿qué estás haciendo?

La tensión sube como el volumen de la tele, donde ahora los cuerpos se frotan desnudos, piel contra piel resbalosa de sudor. Marco te empuja contra los cojines, su peso delicioso oprimiéndote, su erección dura presionando tu cadera a través de los jeans. "Laura, me tienes loco desde hace meses", confiesa con voz entrecortada, besando tu cuello, lamiendo la sal de tu piel. Mordisquea tu lóbulo, y un jadeo escapa de tus labios. El olor a su excitación llena el aire, almizclado y potente, mezclándose con tu propio aroma dulce de mujer lista.

Tus uñas arañan su espalda bajo la playera, sintiendo los músculos tensos como cables. Él desliza la mano dentro de tus shorts, dedos expertos encontrando tu clítoris hinchado. "Estás empapada, carnal", gruñe, y tú arqueas la cadera, rogando en silencio. Circulos lentos, presión perfecta, mientras su boca chupa tus pezones endurecidos por encima del brasier. El sonido de tus gemidos se une al de la película, un coro obsceno que hace vibrar el cuarto. "Más, Marco, no pares, pendejo", le exiges juguetona, y él ríe ronco, acelerando el ritmo hasta que sientes el orgasmo construyéndose, una ola caliente en tu vientre.

Pero no lo dejas terminar ahí. Lo empujas, quitándole la playera con prisa. Su pecho ancho, pectorales firmes salpicados de vello oscuro, te invita a lamer, a morder. Bajas la cremallera de sus jeans, liberando su verga gruesa, palpitante, con una gota perlada en la punta. La tocas, suave al principio, sintiendo el calor aterciopelado sobre el acero duro. Él gime fuerte, "¡Qué chingón, Laura!", y tú la envuelves con la boca, saboreando el gusto salado y ligeramente amargo, chupando con hambre mientras tu lengua gira alrededor del glande.

La película sigue de fondo, clímax de los amantes en pantalla grande, pero la tuya es real, táctil. Marco te levanta como si no pesaras, te quita la ropa con urgencia, besando cada centímetro expuesto: el ombligo, las caderas anchas, el interior de tus muslos temblorosos. Te acuesta en el sofá, abre tus piernas con reverencia. "Dime si quieres parar", jadea, ojos fijos en los tuyos, y tú niegas con la cabeza, "Chíngame ya, wey. Esto es nuestro."

Entra en ti despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El placer duele un segundo, luego es puro éxtasis. Su grosor te llena, roza ese punto dentro que te hace ver estrellas. Empieza a moverse, embestidas profundas y lentas al principio, el sonido húmedo de vuestros cuerpos uniéndose como música obscena. Sudor perla su frente, gotea sobre tus senos, y tú lo lames, salado y caliente. Acelera, el sofá cruje bajo el ritmo, tus uñas marcan su culo firme, atrayéndolo más hondo.

"¡Más fuerte!" gritas, y él obedece, follándote con pasión animal, pero siempre atento a tus ojos, asegurándose de que sea placer puro. El olor a sexo impregna todo, almizcle y fluidos mezclados. Sientes el orgasmo venir, un tsunami en tus entrañas. "Me vengo, Marco... ¡ahí!" Explota en oleadas, tu coño contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él ruge, "¡Laura!", y se corre dentro, chorros calientes llenándote, su cuerpo temblando sobre el tuyo.

Caen juntos, jadeantes, pieles pegajosas unidas. La película termina con un fade out romántico, pero la tuya apenas empieza. Marco te besa la frente, suave ahora, "Te quiero, cuñada. Esto fue..." No termina, pero sus ojos lo dicen todo. Tú acaricias su mejilla, el vello raspando tu palma. Prohibido, sí, pero nuestro. El afterglow es cálido, como una cobija en invierno, con su corazón latiendo contra tu pecho y el aroma de ambos calmándose en el aire.

Se quedan así un rato, hablando bajito de lo que sigue. "Javier no tiene que saber, pero no pares esto", le dices, empoderada en tu decisión. Él asiente, "Simón, es nuestra película completa pasión prohibida." La noche se cierra con promesas susurradas, el deseo saciado pero listo para más, en este rincón de la ciudad que ahora huele a ellos.

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