La Pasión de Cristo Movie que Despierta el Deseo
Era una noche de viernes en mi depa de la Roma, con el aire cargado de ese olor a lluvia fresca que tanto me gusta en la Ciudad de México. Yo, Ana, acababa de llegar del gym, sudada y con las endorfinas a todo lo que da. Mi carnal, no, mi vato, Javier, ya estaba tirado en el sillón con la tele prendida, una chela en la mano y esa sonrisa pícara que me hace derretir. Órale, mami, me dijo, ponte cómoda que hoy vamos a ver algo heavy: La Pasión de Cristo movie. Lo miré con cara de ¿qué pedo? Pero neta, me picó la curiosidad. Esa película que todo mundo platicaba, con tanta pasión y sufrimiento, ¿qué tal si nos ponía en mood?
Me quité los tenis con un suspiro, sintiendo cómo el piso fresco rozaba mis pies cansados. Me puse una playera suelta y shorts chiquitos, nada de bra, porque con Javi siempre es juego limpio. Me acurruqué a su lado, mi cabeza en su pecho ancho, oliendo su colonia mezclada con el sudor del día. El control remoto en su mano, y de repente, la pantalla se ilumina con esas imágenes crudas. Jesús cargando la cruz, el látigo silbando en el aire, la sangre chorreando. El sonido de los azotes retumbaba en los bocinas, como truenos lejanos. Sentí un escalofrío subir por mi espalda, no de miedo, sino de algo más profundo, como si esa pasión ajena me despertara la mía propia.
¿Por qué carajos esta película me está poniendo así? El sufrimiento de él, esa entrega total... me hace pensar en cómo Javi me entrega todo cuando estamos en la cama.Mi mano se deslizó por su panza, sintiendo los músculos tensos bajo la camiseta. Él me miró de reojo, ¿Qué onda, Ana? ¿Ya te calaste? Le di un codazo juguetón. No mames, wey, es que está bien intensa. Mira cómo suda, cómo respira agitado... La cámara enfocaba el rostro de Cristo, esos ojos llenos de dolor y amor infinito. Mi pulso se aceleró, el calor entre mis piernas empezaba a crecer, húmedo y traicionero.
La película avanzaba, y con ella, mi deseo. Javier respiraba pesado, su mano grande cubriendo la mía sobre su abdomen. Olía a hombre, a deseo contenido. El sonido de las cadenas arrastrándose por el suelo me erizaba la piel, y de pronto, sentí su verga endureciéndose contra mi muslo. Pinche película, carnal, murmuró, me está armando. Reí bajito, mi aliento caliente en su cuello. Le mordí la oreja suave, saboreando el salado de su piel. Shh, sigue viendo. Déjame jugar un rato.
Acto seguido, mi mano bajó más, rozando la tela de sus bóxers por encima del pantalón. Él gimió quedito, el volumen de la tele cubriendo el sonido. En pantalla, María limpiaba la cara de su hijo con un paño, esa ternura en medio del horror. Yo imité el gesto, pasando mis dedos por la mejilla de Javi, áspera por la barba de tres días.
Neta, esta La Pasión de Cristo movie es como un afrodisíaco. Cada gota de sudor en la pantalla me hace querer lamer el suyo.Me incorporé un poco, besándolo lento, nuestras lenguas enredándose como serpientes en éxtasis. Sabía a chela y a menta de su chicle, fresco y adictivo.
El conflicto interno me carcomía: seguir viendo o rendirme ya al fuego que ardía. Pero no, quería alargar la tensión, como el camino al Calvario en la peli. Javier me jaló hacia él, sus manos explorando mis nalgas, apretando la carne suave. Estás mojada, ¿verdad, mamacita? Asentí, ruborizada pero empoderada. Sí, wey, por ti y por esta puta pasión que nos contagia. Nos besamos más fuerte, el sofá crujiendo bajo nuestro peso. Deslicé mi mano dentro de su pants, tocando su verga caliente, palpitante, venosa como una promesa. La apreté suave, sintiendo cómo saltaba en mi palma. Él jadeó, ¡Ay, cabrona, me vas a matar!
La película seguía, ahora el clavado en la cruz, los martillos golpeando. Cada ¡pam! resonaba en mi clítoris, hinchado y sensible. Me quité la playera, mis tetas libres saltando, pezones duros como piedras. Javi los miró con hambre, lamiéndose los labios. Bajó la cabeza y chupó uno, succionando fuerte, el placer eléctrico bajando directo a mi entrepierna. Gemí alto, olvidándome de la tele. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que llena el aire.
Esto es mejor que cualquier sermón. Su boca en mí, caliente, húmeda... Dios, qué rico.
Escalada total. Me puse de rodillas en el sillón, él se bajó el pantalón, su pito erguido, grueso, con la cabeza brillando de precum. Lo tomé en mi boca, saboreando el salado dulce, mi lengua girando alrededor. Él agarró mi pelo, no fuerte, sino guiando, Así, mi reina, chúpamela como diosa. El sonido de succión mezclado con los gritos de la película creaba una sinfonía obscena. Lo mamé profundo, garganta relajada, sintiendo cómo me llenaba. Mis jugos corrían por mis muslos, el sofá mojándose debajo de mí.
Pero quería más, lo quería dentro. Me levanté, me quité los shorts de un jalón, mi coño depilado reluciendo húmedo. Vente, Javi, fóllame ya. Él se recargó en el respaldo, yo me senté a horcajadas, guiando su verga a mi entrada. Lentito, lo bajé, centímetro a centímetro, sintiendo el estirón delicioso, el roce de sus venas contra mis paredes. ¡Puta madre, qué apretadita! gritó, sus manos en mis caderas. Empecé a moverme, arriba abajo, mis tetas rebotando, sudor perlando mi piel. El olor a sexo nos envolvía, pesado, animal.
Internamente, luchaba con el placer abrumador.
No pares, Ana, cabalga como si fuera el fin del mundo. Esta pasión es nuestra cruz, nuestro cielo.Aceleré, mis uñas clavándose en su pecho, dejando marcas rojas. Él empujaba desde abajo, profundo, golpeando mi punto G. Los sonidos: piel contra piel, ¡plaf plaf!, mis gemidos roncos, sus gruñidos. La película llegó al clímax, la muerte en la cruz, pero nosotros estábamos en el nuestro. Sentí el orgasmo venir, como una ola gigante. ¡Me vengo, wey! ¡Sí! Explosé, contrayéndome alrededor de él, chorros calientes mojándonos. Él siguió unos segundos más, ¡Ah, carajo!, y se corrió dentro, llenándome de leche tibia.
Colapsamos, jadeantes, mi cabeza en su hombro. La tele seguía con créditos rodando, pero ya no importaba. Su semen goteaba de mí, cálido en mi piel. Lo besé suave, saboreando el afterglow. Pinche La Pasión de Cristo movie, quién iba a decir que nos pondría así de locos, susurré. Él rio, acariciando mi espalda. Eres mi Cristo, mi pasión eterna, Ana. Nos quedamos así, envueltos en el olor a sexo y lluvia, el corazón latiendo al unísono. Esa noche, la entrega total no fue solo de la pantalla; fue nuestra, consensual, ardiente, inolvidable.